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El plomo en la sangre de Opico
versus ¿la plomada de la
justicia?
Por Jorge Vargas Méndez
Mientras en El Salvador la
masiva contaminación con plomo
en una comunidad de San Juan
Opico, departamento de La
Libertad, se diluye en
discusiones anodinas sobre si el
Ministerio de Salud actuó o no
legalmente al cerrar la planta
procesadora de Baterías Record,
un equipo de científicos de la
Universidad de Cincinati, en
Ohio, Estados Unidos, revela las
conclusiones de un interesante
estudio sobre las graves e
irreversibles secuelas de del
plomo en la salud de las
personas afectadas.
El estudio, según lo informó la
agencia Reuters, estaría
demostrando que la exposición al
plomo afecta definitivamente la
salud de las personas cuando se
da desde la infancia e incluso
desde la gestación en el útero
materno, lo que estaría
indicando que, en el caso de San
Juan Opico, lo grave es la
contaminación misma y no si ésta
se registra en los niveles
supuestamente permitidos o
tolerados por el organismo.
En otras palabras, lo que las
autoridades deben hacer es
aplicar la justicia frente al
ilícito y proceder de inmediato
a brindar el tratamiento médico
necesario y gratuito a la
comunidad que durante años
estuvo expuesta, y que seguirá
estando mientras no se retire la
fuente contaminante, cuya firma
propietaria no lo ha hecho
posiblemente porque alberga la
idea de que, de ganar el litigio
contra el Estado, bien podría
reanudar sus operaciones.
Los efectos de la contaminación
con plomo en la salud de las
personas
De acuerdo con los resultados de
las dos investigaciones que se
han realizado, la exposición al
plomo puede provocar daños
permanentes en el cerebro y
generar conductas violentas,
sobre todo cuando la
contaminación ocurre en edades
tempranas y antes de nacer. Eso
se debe a que el plomo en el
organismo tiende a afectar el
desarrollo de la materia gris
frontal y, específicamente, la
parte del cerebro que regula el
humor y la toma de decisiones.
Las imágenes por resonancia
magnética (IRM) tomadas por Kim
Cecil, del Centro Médico del
Hospital de Niños de Cincinnati,
misma que dirigió uno de los
equipos, demostraron que las
niñas y niños que participaron
voluntariamente y que han vivido
expuestos al plomo, carecían del
1% del total de la materia gris
del cerebro, es decir, de esa
parte cerebral que la ciencia ha
relacionado con las conductas
violentas.
El otro equipo de investigación,
por su parte, ha venido dándole
seguimiento a mujeres que
estaban embarazadas entre 1979 y
1984, y que vivían en casas en
las que se aplicó pintura con
plomo. En este caso, el equipo
ha encontrado que, en la
actualidad, las hijas e hijos de
aquellas mujeres no sólo
presentan niveles de plomo en la
sangre sino que también han
tenido arrestos por actos
delictivos que han cometido.
Según los hallazgos de este
equipo, entre más aumenta el
nivel de plomo en la sangre, así
aumenta la gravedad del delito
cometido.
La contaminación con plomo y la
violencia que vivimos
Al leer la nota de Reuters,
escrita por Maggie Fox y
traducida por Ana Laura
Mitidieri, no me pude quedar
indiferente. Y pensé en que la
espiral de violencia que vive El
Salvador y otros países más,
bien puede tener a su base esa
contaminación con plomo a la que
desde hace muchos años nos
vienen exponiendo muchas
empresas irresponsables y
criminales, como la empresa
Baterías Records o Baterías de
El Salvador, que seguramente
resultaría ser la punta del
iceberg si el Estado, lejos de
caer en complicidad con las
mismas, las investigara en
función de velar por la salud de
la población y proteger el medio
ambiente, es decir, que actuara
en cumplimiento estricto del
marco constitucional. Pero no es
así.
Algo sí coincide
sorprendentemente con los
estudios antes citados: la
mayoría de hechos violentos que
registra El Salvador, es
cometida por personas cuyas
edades oscilan entre 20 y 30
años, es decir: nacieron entre
1979 y 1984. Y eso me hace
parafrasear un verso del poeta
cubano José Martí, y pregunto:
¿Quién nos ha puesto a morir? Se
escucha un noticiero, no
recuerdo si he dejado el dial en
YSUCA o Maya Visión: un sujeto
como de veinticinco años de
edad, sin pronunciar palabra, se
acercó a una mujer y la asesinó
con arma de fuego. La policía no
tiene pistas. Pero espero que
usted y yo, ahora sí las
tengamos.
Gentileza:
jvargasmendez@yahoo.com
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