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¿Cuál justicia?
Por Alcibíades Paredes
En mis ingenuos años de
adolescente creía en la
justicia. Esta creencia me
indujo a estudiar derecho. Sin
embargo, ya desde aquella época
de estudiante tuve la sospecha
de que en el mundo de lo
jurídico no todo lo que brilla
es oro. Rondaba en mi cabeza una
obra de teatro titulada
Corrupción en el palacio de
justicia, de un autor italiano,
si mal no recuerdo. En esos
años, los jóvenes pensantes
leíamos a Marx. Era lo natural,
entonces. Y su lectura nos
entregó un gran descubrimiento:
que el Derecho, así con
mayúscula, no existe, que lo que
en realidad existe es un derecho
clasista. Esto es, que en
nuestra sociedad capitalista
impera el derecho burgués.
Armados con esta filosofía,
muchas nociones jurídicas se
desvanecieron bajo el fuego de
la crítica. Los profesores nos
enseñaban que la ley es
expresión de la voluntad
general. Nosotros ya sabíamos
que la voluntad general es un
puro mito, y que la ley es
expresión de la lucha de clases.
Los docentes liberales nos
decían que el Estado es un
órgano para realizar el derecho.
Pero este cuento nos entraba por
un oído, y nos salía por el
otro. Para nosotros, el Estado
era un órgano de dominación de
clase. Como marxistas, teníamos
de los fenómenos sociales un
enfoque clasista.
No voy a relatar mi vida
profesional. Solo diré que es
mucha el agua que he visto
correr bajo los puentes. Cada
vez más putrefacta, pues recibe
los desagües de la sociedad
capitalista. Y, como es obvio,
mis convicciones filosóficas se
han reafirmado. Hoy estoy más
convencido que nunca de la
necesidad de una transformación
radical, sustancial, del país.
Sigo en las filas de lo
revolucionarios, pues - para
decirlo con verso de Neruda -
"no soy de los que vuelven de la
luz".
Estas reflexiones han sido
suscitadas por dos episodios de
la política nacional. El
primero, es el denominado
proceso 8.000, ocurrido durante
el mandato de Ernesto Samper.
Todos recordamos aquellos
comicios en que Samper y
Pastrana se disputaban la
Presidencia. El primero resultó
triunfador gracias a los diez
mil millones de pesos que a su
campaña aportó el Cartel de
Cali. Como era natural, el
elefante no se pudo tapar, y
estalló un escándalo de la
madonna. La comisión de
investigaciones de la Cámara
asumió el caso, por tratarse del
Presidente de la República. Lo
demás es más que conocido.
Algunas aves de corto vuelo -
como el ministro Botero y el
tesorero Medina - fueron
condenados. Pero el beneficiario
de los aportes mafiosos fue
absuelto. "Si a mi campaña
entraron dineros caliente, fue a
mis espaldas", dijo Samper. Y
esta cínica frase fue suficiente
para que la "justicia" lo
absolviera.
La historia se repite. Ahora
tenemos el episodio de la
reelección de Uribe. Los votos a
favor y en contra de la
reelección estaban empatados. El
voto de la representante Yidi
Medina era decisivo. Y aprovechó
esta circunstancia para exigirle
al gobierno prebendas a cambio
del voto por la reelección. Así
fue reelegido Uribe. Pero la
historia no termina aquí, pues
el gobierno le hizo conejo a
Yidi. Sintiéndose burlada, la
astuta mujer resolvió destapar
la olla podrida de la
reelección. Aparecieron,
entonces, connotados políticos
uribistas que le habrían
ofrecido sobornos por su voto.
Entre ellos, el inefable Sabas
Pretelt, ministro de gobierno, y
Diego Palacios, ministro de
"protección social".
¿Qué vendrá, después? No se
necesita ser profeta para
saberlo. A Yidi ya le están
armando un tamal para
comprometerla en vínculos con
las FARC. La diligente
"inteligencia" militar descubrió
un "fotógrafo" que dice haber
tomado fotografías de Yidi con
Comandantes de las FARC. Con
base en este "testigo", la van a
encarcelar por "asociación para
delinquir".
El presidente Uribe dirá en su
declaración que su gobierno
"persuade, pero no compra". Y si
se ve muy acosado por las
pruebas que lo incriminan, y
apelando a la astucia samperista,
dirá: "si a Yidi le pagaron
sobornos para que votara a favor
de mi reelección, eso se hizo a
mis espaldas". Con este
"argumento" sale limpio.
Aquí y así termina este sainete
de la Justicia. Yidi se irá a la
cárcel por sus nexos con las
FARC. El ministro Palacios y el
"diplomático" Sabas seguirán en
la burocracia uribista. Y el
presidente Uribe andará en busca
de otra Yidi, que le asegure
otra reelección. ¿Será la
Justicia una diosa inmaculada, o
una prostituta que habita el
pantano de la lucha de clases?
Gentileza: Polomizando [
polomizando@yahoo.es ]
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