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La lucha por existir
Por Andrés Soliz Rada
Rebanadas de Realidad
¿Existe el Nuevo Orden Mundial (NOM)?
Es obvio que representantes de
las corporaciones y empresas más
poderosas del planeta coordinen
sus influencias a fin defenderse
y prolongar su dominio en forma
indefinida. Si bien esos
consorcios no funcionan sin
turbulencias, como se demostró
en las dos grandes guerras
mundiales, lo anterior no impide
advertir que, luego de curar sus
heridas, persisten en su
objetivo central: El dominio de
los países coloniales y semi
coloniales. Las pugnas inter
imperialistas son una realidad
cotidiana en el seno, por
ejemplo, de la Organización
Mundial de Comercio (OMC), aún
cuando el denominado G-7
coordine sus intereses de modo
mucho más eficaz que aquellas
tribunas en las que periodistas
desorientados creen encontrar
agresiones irreconciliables. El
Siglo XXI se caracterizará por
tratar de controlar aún más la
mente y la conducta humanas. El
implante generalizado de
microchips es una tentación para
los servicios de inteligencia.
El reemplazo de papel moneda por
dinero plástico fiscalizará
mejor a los respondones al orden
establecido. Si ya existen
aviones a control remoto,
especializados en lanzar bombas
"inteligentes", que casi siempre
caen en escuelas y hospitales,
¿por qué las potencias mundiales
no replegarán a sus soldados y
mercenarios para sustituirlos
por robots, que nunca serán
objetores de conciencia?
El NOM practica la mentira
global. Dice defender la
democracia, pero la elimina
apenas amenaza sus intereses,
como en el Chile de Allende.
Habla de derechos humanos y
eleva a rango de ley la
inmersión en agua de
prisioneros. Predica la
transparencia y deja que los
paraísos fiscales regulen una
economía cada vez más manipulada
por narcotraficantes,
fabricantes de armas y
transnacionales. Llama dirigismo
a la intervención del Estado en
la Economía y libre mercado al
manejo económico de las
transnacionales. EEUU pontifica
sobre la ecología, pero no firma
los acuerdos que la defienden.
Dice respaldar la libertad de
prensa, pero impone el virtual
control informativo, a través de
CNN y sus asociados.
Cerrar los ojos ante la sólida
conexión entre Bancos,
petroleras, paraísos fiscales,
transnacionales, narcos,
gobiernos de países
imperialistas y grandes ONG es
negarse a ver la luz a medio
día, aunque, como dice Walter
Graziani, es muy difícil que una
persona entienda algo cuando su
salario depende de que no lo
entienda. Para que el NOM pueda
pervivir en un mundo en el que
se agotan los combustibles
fósiles, la necesidad de
liquidar los Estados nacionales
de los países semi coloniales se
torna imperiosa. El
fraccionamiento de la ex URSS y
los Balcanes simboliza la acción
despiadada de las potencias, las
que creen que escrúpulos es una
palabra griega.
Algunos se preguntan ¿cuándo
EEUU ganará la guerra de Irak?,
sin saber que el Pentágono no
desea ganar esa guerra, sino
prolongarla hasta que se agoten
las reservas de petróleo en el
Golfo Pérsico. Si la lucha
liberadora avanza demasiado, sus
estrategas enfrentarán a chiítas
y sunitas, a fin tornarlo más
vulnerables. No es casual, en
consecuencia, que en la
Venezuela de Chavez se busque el
desmembramiento del Estado de
Zulia, en el Ecuador de Correa,
la separación de Guayaquil, y en
la Bolivia de Evo Morales, la
escisión de Tarija y Santa Cruz,
además de Beni y Pando, zonas
con petróleo e importante
biodiversidad. Lo concreto es
que los Estados nacionales son
el obstáculo principal que el
NOM encuentra para acabar de
someter a los pueblos
latinoamericanos, árabes y
africanos. Dividirlos significa
atomizar también a las fuerzas
populares de cada semicolonia,
sin cuyo concurso activo es
imposible defender los recursos
naturales frente al NOM, que es
la alianza entre los países
imperialistas, sus
transnacionales y sus organismos
financieros.
Pensar en latinoamericano
Gustavo Cangiano, en su libro
"El Pensamiento Vivo de Arturo
Jauretche" , relata el
entusiasmo con que se recibió,
en 1970, el folleto "Ideología y
Aparatos Ideológicos del
Estado", del francés Louis
Althusser, quien destaca el
papel que desempeñan la escuela,
la familia, la iglesia, la
prensa y otras instituciones
como productoras de ideología,
es decir de un sistema de
creencias funcional al
mantenimiento del statu quo. Al
desmentir la pretendida asepsia
política del campo cultural y
sus aparatos, el trabajo de
Althusser fue calurosamente
saludado por la nueva izquierda,
que lo convirtió en uno de los
paradigmas del pensamiento
contemporáneo. Lo anterior sería
poco novedoso si, en 1957 (13
años antes del trabajo de
Althusser), el argentino Arturo
Jauretche, en su libro "Los
Profetas del Odio", no hubiera
desnudado los mecanismos de la
colonización pedagógica, en cuyo
tema también trabajó el
boliviano Franz Tamayo, en 1910,
en su obra "Creación de la
Pedagogía Nacional".
Jauretche se pregunta ¿cómo los
latinoamericanos asimilamos las
ciencias sociales generadas en
Europa? ¿Por qué oscilamos
siempre entre el apriorismo
deductivista euro céntrico y el
empirismo inductivista también
euro céntrico? Cangliano explica
que, para Jauretche, ni las
teorías, ni los valores, ni la
terminología tienen carácter
universal, cuando se trata de
sociología, literatura,
filosofía o historia. Jauretche
advierte, con notable claridad,
que los valores supuestamente
universales surgen del poder de
expansión de los centros
metropolitanos, porque
corresponden a un momento
histórico determinado y un lugar
geográfico preciso. Sin embargo,
si partimos del dato concreto,
encontramos que los datos que
utilizamos son proporcionados
por los centros de poder
mundial. Si arrancamos de
conceptos generales, estos son
también amasados por las
metrópolis. En ambos casos
adoptamos respuestas
equivocadas, debido a nuestra
incapacidad de elaborar nuestras
propias síntesis.
Luego recuerda que, en la
segunda mitad del Siglo XIX,
Sarmiento acuñó la expresión
civilización o barbarie, a raíz
de la cual concluye que todo lo
que proviene de Europa es
"civilización" y todo lo que
genera Latinoamérica es
"barbarie". Así actuamos al
revés de los griegos, para
quienes la civilización eran
"ellos" y lo "bárbaro" lo que
venía de fuera. La genialidad de
Jauretche reside en mostrar que
la clasificación "derecha" e
"izquierda", corresponde a la
civilización europea, ya que en
el viejo continente la social
democracia es ahora la única
izquierda posible, por lo que se
ha vuelto parte de su vida
civilizada. Por todo lo
anterior, la sucesión derecha -
izquierda - derecha no incomoda
a nadie. Que en España, por
ejemplo, Zapatero suceda a Aznar
es tan natural como que Aznar, o
alguien de su partido, suceda
después a Zapatero.
Como Perón, Villarroel, Getulio
Vargas, Ovando, Velasco Alvarado
o Hugo Chavez no se adecuan a la
clasificación europea, son parte
de la barbarie, a la que se debe
destruir, ya que no puede haber
una sucesión civilización -
barbarie - civilización. El
premio Nóbel de La Paz, 1986,
Elie Wiesel, afirma que "se debe
ser intolerante con la
intolerancia", de donde se
deduce que los "civilizadores"
no son tolerantes. La supuesta
barbarie plantea que en nuestros
países la contradicción
fundamental, como enseñó Lenin,
se da entre naciones opresoras y
naciones oprimidas, en tanto que
las contradicciones internas,
burguesía - proletariado o
mestizos - indígenas, se
subordinan a la contradicción
principal. Lo anterior nos lleva
a preguntarnos si el indigenismo
a ultranza, predicado por la OIT
y las Naciones Unidas, no es
parte de la civilización que
conviene al eurocentrismo.
La desesperación de los
civilizados (la derecha
respaldada por la Embajada
norteamericana y la izquierda
apadrinada por el stalinismo)
los llevó a sostener que
Villarroel (1943-1946) era nazi
- nipo - fascista. ¿Cómo podía
ser nazi si Hitler creía que las
naciones oprimidas valen poco
desde el punto de vista racial?
¿Cómo podía ser "nipo", si en
los primeros años del Siglo XX,
el imperio japonés invadió
Corea, donde cometió uno de los
genocidios más crueles de la
historia? ¿Cómo podía ser
fascista, si Mussolini fue
pionero en el uso de gases
venenosos en su invasión a
Etiopía? Hilferding, del que
Lenin tomó varios conceptos,
puntualizó que el fascismo es la
ideología de los imperialismos
insatisfechos. Villarroel, en
cambio, fue el Presidente de una
débil semicolonia que trataba de
atenuar la succión de los
capitales financieros. Otra cosa
distinta es que las sanguinarias
dictaduras militares que impuso
EEUU, como medida preventiva
frente al riesgo de expansión de
la Revolución Cubana, usó
métodos fascistas para aniquilar
a los opositores. Antes y
después de Jauretche, Martí,
Ugarte, Ramos, Mariátegui y
Montenegro, entre otros,
insistieron en la necesidad de
que los latinoamericanos
pensemos con cabeza propia, a
fin de usar lo que nos conviene
y rechazar lo que no sirve a
nuestros pueblos.
La semi colonia Bolivia
Bolivia, fundada sobre el
territorio de la Audiencia de
Charcas, en el Alto Perú, sufrió
las peores consecuencias de la
balcanización de América Latina.
Nacida de la insurrección del
caudillo aymara, Tupak Katari, y
de los combatientes y mártires
de la guerra de la independencia
(1809 - 1825), fue capturada por
los herederos de la casta
encomendera, que continuaron
cobrando el tributo indigenal,
vale decir el impuesto que
pagaban los aborígenes (la gran
mayoría de la población) por el
supuesto privilegio de haber
sido colonizados por España. De
los 102 líderes guerrilleros que
lucharon contra el colonialismo,
apenas nueve vieron la alborada
de la libertad. Los 93 restantes
murieron en patíbulos e
incesantes combates.
El pueblo indomestizo, al
carecer de ciudadanía, desató
insurrecciones y motines, que,
salvo excepciones, no dieron
estabilidad a gobierno alguno.
En el siglo XIX, la oligarquía
minero-feudal impidió a los
indígenas vestir el uniforme
militar, con el justificado
temor de que los fusiles
sirvieran para rescatar sus
tierras, asaltadas también en
las primeras décadas del Siglo
XX. La Bolivia indefensa fue
presa de la oligarquía chilena,
aliada al capitalismo inglés, en
la guerra del Pacífico (1879),
que la privó de su costa
marítima, y de la geofagia
brasileña, en la Guerra del Acre
(1901 y 1904). La situación
cambio en la fratricida guerra
del Chaco (1932-1935), provocada
por el enfrentamiento entre la
Shell y la Standard, años en los
que contingentes indomestizos de
todo el país mezclaron su sangre
en las trincheras sin haberse
estrechado las manos en forma
previa. La derrota bélica
sirvió, de manera paradójica,
para el conocimiento de seres
humanos que pertenecían al mismo
país sin tener noticias el uno
del otro.
La revolución del 9 de abril de
1952, al poner en vigencia el
voto universal, nacionalizar las
minas de manos de los Barones
del estaño, abolir el pongüeaje
(la servidumbre de la gleba) y
terminar la carretera entre el
centro del país (Cochabamba) y
Santa Cruz de la Sierra, en el
oriente boliviano, colocó por
fin, pese a ser traicionada, los
cimientos de una nación. Sus
consecuencias continúan hasta el
presente, ya que, sin el voto
universal, Evo Morales no
hubiera triunfado en las
elecciones del 18 de diciembre
de 2005.
Los pensadores nacionales
La postergación de Bolivia fue
explicada por Alcides Arguedas
(1879-1946) con el calificativo
de "Pueblo Enfermo", al haber
sido gobernada, durante décadas,
por "caudillos bárbaros". Para
Arguedas, el aborigen es una
bestia de dos patas y el mestizo
la síntesis de los defectos del
indígena y el blancoide. Su
inicial adversario fue Franz
Tamayo (1879-1956), una curiosa
simbiosis de gamonal e
indigenista, que rinde culto a
la raza aymara. Sin embargo, es
"Nacionalismo y Coloniaje", de
Carlos Montenegro (1903-1953),
el libro más importante de la
historia boliviana, quien
descubre al pueblo como al
verdadero protagonista de la
historia nacional, en pugna con
la anti nación, encarnada en los
descendientes de los doctores de
Charcas, que fundaron la
República excluyente. Montenegro
sostiene que el capitalismo
internacional despliega
continuos esfuerzos por
desvalorizar y desvitalizar las
raíces nativas de Bolivia. En
consecuencia, reinterpreta el
proceso histórico de Bolivia,
ideo logizado por la
historiografía oficial en
beneficio de las clases
dominantes.
El libro es una réplica a la
concepción oligárquica de la
historia y una denuncia de los
efectos que esas ideas producen
en la memoria y conducta
colectivas. Es una impugnación a
la historiografía
oligárquico-liberal, definida
como anti-boliviana, puesto que
es un producto de la colonia,
que se expresa en una
sistemática negación de lo
nativo y en la exaltación de lo
extranjero, que termina siendo
sujeto y objeto exclusivo de
nuestra historia. Montenegro
estima que ninguna clase social
ni "masa popular" puede
sublevarse sino a nombre de algo
superior a la clase social, que
es la nación, a través de luchas
de liberación nacional,
sustentadas por la alianza de
las clases oprimidas. Por esta
razón, el pueblo es el sujeto
histórico de las revoluciones
nacionales. Para el estalinismo
boliviano, Montenegro y Tamayo
son seguidores de Nietche, es
decir del irracionalismo alemán,
cuyo objetivo en Bolivia es
combatir al racionalismo, a la
democracia y al socialismo. Lo
que el estalinismo no dice es
que el más formidable pensador
nacional llega a las mismas
conclusiones de Lenin, quien
dice que quien no defiende el
nacionalismo de las naciones
oprimidas acaba defendiendo el
nacionalismo de las naciones
opresoras.
Augusto Céspedes (1904-1996),
escribió "Metal del Diablo", que
es la biografía novelada del
principal "Barón" del estaño,
Simón I. Patiño, e interpretó,
desde la óptica nacional, los
procesos que acaudillaron Busch
(1938-1939) en su libro "El
Dictador Suicida", y Villarroel
(1943-1946), en su obra "El
Presidente Colgado". Respalda y
amplía la visión de Montenegro
al señalar que los conservadores
y liberales en nuestra historia
comparten la negación de la
sustancia nacional, ya que sólo
actuaban, por convicción propia,
en el marco de la dependencia
colonial. Reveló la existencia
de un "pacto de caballeros", por
el que diez oligarcas se
comprometen a rotar entre la
cancillería y las embajadas más
importantes del mundo. Por eso
sus descendientes no acaban de
concebir que un Choquehuanca
ocupe hoy en día el Ministerio
de Relaciones Exteriores.
Recuerda que Guillermo Lora,
según él seguidor de Trotsky,
coincidió con la Embajada
norteamericano en el objetivo de
derrotar a la Revolución de 1952
y que el stalinismo, en lugar de
respaldar las protestas del
proletariado minero, durante la
Segunda Guerra Mundial,
calculaba primero si las huelgas
obreras podían perjudicar el
esfuerzo bélico de la URSS.
Jauretche dijo que Raúl
Scalabrini Ortiz, quien definió
a la Argentina como "una inmensa
mosca que está atrapada e
inmovilizada en las redes de la
dominación ferroviaria inglesa",
fue su maestro porque le enseñó
el antiimperialismo concreto.
Los antiimperialistas bolivianos
llamamos también a Sergio
Almaraz Paz (1928-1968) nuestro
maestro del antiimperialismo
concreto. Para Almaraz en
insuficiente lanzar gritos
contra el imperialismo, si no
van acompañados de los nombres,
empresas, dirigentes sindicales
y bufetes que sirven de
intermediarios al saqueo del
país. Céspedes y Almaraz son
duros críticos del sindicalista
Juan Lechín Oquendo, quien no
respaldó la nacionalización del
petróleo ni la instalación de
fundiciones de minerales, de
1969, concretadas por el general
Alfredo Ovando Candia, con el
invalorable concurso de Marcelo
Quiroga Santa Cruz.
La defensa de los recursos
naturales estratégicos, el
petróleo y los minerales condujo
a Almaraz a posiciones
nacionales, en las que demostró
la profundidad de su
pensamiento, después de su
repliegue del stalinismo, donde
inició su vida política. El
autor de "Petróleo en Bolivia",
"El Poder y la Caída" y "Réquiem
para una República" avanzó del
nacionalismo hacia la Izquierda
Nacional (que no es una variante
de la izquierda tradicional,
sino el ala izquierda de la
nación oprimida). La Izquierda
Nacional advierte que el
nacionalismo está destinado a
estancarse si no postula el
socialismo latinoamericano, ya
que los nacionalistas terminan
por no ser nacionales. La
defensa de COMIBOL y YPFB hizo
que Almaraz defendiera el
capitalismo de Estado, después
que el MNR se corrompió en su
intento de crear una burguesía
nacional, incapaz de conducir el
proceso liberador.
René Zavaleta Mercado
(1936-1984), a la inversa de
Almaraz, tiene su origen en el
nacionalismo y termina en el
stalinismo. En su etapa
nacionalista escribió "La
Formación de la Conciencia
Nacional", en el que advierte
que "Bolivia, como semicolonia,
es una semicolonia más
desgraciada que las demás", para
añadir que "es una nación
históricamente en situación de
peligro". Puntualiza que la
nación es una realidad histórica
y no institución eterna e
inmutable (razón demás para
cuidarla todos los días), para
luego recordar que es también
una fuerza productora por
excelencia. La Nación, insiste,
"es el yo colectivo: Es el
nosotros". En los últimos años
de su vida se inscribió al
Partido Comunista, después de
haber escrito que para el
estalinismo la nación boliviana
no existe, ya que considera que
sólo existen naciones indígenas.
De ahí concluye, en su primer
libro, que "los comunistas son
agentes extranjeros".
La bolivianidad
Ha llegado la hora de saber si
la in constituida nación
boliviana, construida, a pesar
de exclusiones, saqueos y
continuas y sangrientas
confrontaciones internas y
guerras internacionales, seguirá
existiendo. Cuenta para su
pervivencia con hechos
históricos heroicos, como la
Rebelión de Tupak Katari, la
guerra de la independencia, la
Revolución de 1952 y la
insurrección popular del 17 de
octubre de 2003, que provocó la
fuga del neoliberal Gonzalo
Sánchez de Lozada, así como con
la presencia histórica de
gobernantes patriotas como
Andrés de Santa Cruz, Belzu,
Toro, Busch y Villarrel, lo que
abre un espacio a la esperanza.
Así mismo, tiene en su haber a
pensadores como Tamayo,
Montenegro, Céspedes, Almaraz y
al primer Zavaleta, así como a
Marcelo Quiroga Santa Cruz, que
contribuyeron a pergeñar una
Bolivia que sea parte de la
Confederación de Estados Unidos
de América Latina. Este anhelo
está basado en el original
pensamiento de Jorge Abelardo
Ramos, para quien la
autodeterminación en
Latinoamérica es el derecho que
tienen los pueblos a unirse en
la Patria Grande, que será una
confederación de naciones.
Importantes pensadores
latinoamericanos alimentaron
esta corriente desde sus propias
latitudes.
La bolivianidad está amenazada
por un indigenismo
fundamentalista y foráneo, que
pretende congelar la historia, a
fin de rescatar realidades de
hace 500 años, sin tener en
cuenta que lo indomestizo y lo
intercultural han generado
realidades dinámicas. Por esta
razón dividir a Bolivia en 36
naciones, con 3 banderas, dos
justicias y territorios étnicos
es servir al NOM, al que se dice
combatir, y dejar a su arbitrio
recursos naturales estratégicos.
Más aún cuando en el nuevo texto
constitucional del MAS las
Fuerzas Armadas de la República
son reemplazas por las Fuerzas
Armadas del Estado
plurinacional. La otra amenaza
procede del separatismo,
encubierto de autonomismo, a
cuya vanguardia se hallan los
terratenientes de Santa Cruz,
respaldos por las petroleras.
Bolivia es un país diferente en
el mundo por sus culturas
indígenas, de cuyo rescate
pleno, y en esto existen rasgos
positivos en la Constitución
Política del oficialismo,
dependerá la consolidación del
Estado nacional, que, hasta hoy,
el imperialismo y sus agentes
internos impidieron construir.
Andrés Soliz Rada, ex ministro
de Hidrocarburos de Bolivia.
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