|
La estupidez como politica
Por Gustavo Espijnoza M.
Ahora resulta que los siniestros
colombianos, integrantes de la
brigada 63 de las FARC y agentes
del terrorismo internacional que
se introdujeron subrepticiamente
en el país, no eran tales. Jhon
Jáder Cárdenas Manrique y Laidy
Rivas Guerrero, intervenidos en
Iquitos por la Policía Nacional
y aún encarcelados, deberán
abandonar el suelo peruano
simplemente porque eran
“migrantes ilegales”, y no por
vínculo alguno con
organizaciones terroristas del
Perú o del exterior.
Lamentablemente, como no todo lo
que brilla es oro, la muchacha
deberá afrontar un drama
adicional a su cautiverio: ella
–que estaba en estado de
gestación al momento de su
captura- perdió su bebé cono
consecuencia de los
“interrogatorios científicos” a
los que fuera sometida mientras
se hallaba confinada en los
calabozos de la DINCOTE, tal
como lo revela la prensa
peruana. Pero eso, como se sabe,
es constituye apenas un “daño
colateral” de menor cuantía.
Pero no es el único caso.
También fueron consideradas
inocentes otras personas
detenidas en Iquitos a partir de
este caso, y consideradas como
·”colaboradoras” del terrorismo.
Pero ellas fueron liberadas
silenciosamente hace algunos
días, y la historia sólo se supo
cuando uno de los afectados
denunció que lo habían traído a
Lima y abandonado en la capital
de la República, sin recursos
para retornar a la selva, donde
se halla su lugar de origen.
Pero hay más, los 5 colombianos
capturados en Piura mientras se
desplazaban por los amplios
predios de la Universidad local
y que fueron presentados, hace
48 horas como “guerrilleros de
las FARC que ingresaron al Perú
para hacer “propaganda al
terrorismo”; fueron reconocidos
inocentes, tal como lo confirmó
el Jefe de Seguridad del Estado,
sector Piura, Luís Guerrero
Valladares, quien descartó de
plano que ellos tuvieran vínculo
alguno con la guerrilla
colombiana “como se especuló
inicialmente”. Ellos, como se
sabe ahora, llegaron al Perú más
bien huyendo del clima de
violencia que se vive en su
país, pero aquí fueron apresados
indebidamente.
Estos casos prueban simplemente
que la estupidez se ha
convertido en la política
oficial del gobierno de García
en materia de lucha contra “la
subversión”. Luego de considerar
“delito de terrorismo” la
concurrencia a un evento
internacional celebrado en Quito
y capturar personas acusándolas
de portar allí banderolas con
consignas en extremo subversivas
como “Nuestra Patria, es
América”; la administración de
Lima busca desesperadamente
justificar sus exabruptos
orquestando una tempestad en un
vaso de agua.
El tema traído a la discusión
ahora se refiere a la decisión
adoptada el pasado jueves 24 en
el Parlamento Europeo, que
resolvió no incorporar al
Movimiento Revolucionario Túpac
Amaru -el MRTA- en la relación
de las “organizaciones
terroristas” que considera como
tales. La decisión carece
completamente de importancia
porque no es vinculante, porque
se refiere a una consideración
simplemente europea, y porque no
tiene incidencia ni en nuestra
legislación ni en nuestra
realidad; pero dio lugar a un
verdadero soponcio parlamentario
en el que un alud de palabras
logró finalmente arrancar una
decisión extrañamente “unánime”
de condena al citado acuerdo.
Ver en la televisión la sesión
parlamentaria del día jueves en
Lima, era contemplar un
espectáculo francamente
incomparable: El Vicealmirante
Giampietri -el hombre de El
Frontón. Junio de 1986- estaba
virtualmente paralizado, cono si
hubiese sufrido un fulminante
ataque de apoplejía. Lourdes
Alcorta echaba fuego por los
ojos y aullaba improperios
contra los parlamentarios de la
UE. Los carismáticos
fujimoristas encabezados por
Carlos Raffo afirmaban
impúdicamente que el MRTA había
consumado “brutales violaciones
a los derechos humanos”, como si
la practica política del Alberto
Fujimori hubiese sido miel sobre
hojuelas. Y lios apristas se
miraban trémulos sin saber qué
era más importante: si condenar
al MRTA o defender a la
Chancillería que se había dejado
ganar por una carta que
remitiera a los parlamentarios
del viejo continente la
Asociación Pro Derechos Humanos.
En realidad, ahora se entiende
más por qué el gobierno busca
desesperadamente que el MRTA sea
considerado por el mundo como
una “organización terrorista”.
Es que tiene a 7 personas
encarceladas -los detenidos de
Aguas Verdes- a los que no puede
probar nada, pero a los que
necesita condenar argumentando
que pertenecen al MRTA, es decir
“a una organización terrorista”.
Es el caso de Roque Gonzales,
Carmen Azparrent, Melissa
Patiño, Armida Valladares,
Guadalupe Rivas, Maria Gabriel
Segura y Damaris Velasco.
Pero no es solo eso. Lo que
ocurre es que el gobierno
peruano busca con el mismo
empeño polarizar la a la
sociedad peruana procurando
presentar un mosaico dividido en
dos segmentos. A un lado, dice,
están los “defensores de la
democracia” y el “modelo
neoliberal”. Y al otro, “los
terroristas, traidores a la
patria”. Quienes no suscriban el
respaldo al régimen, deberán
afrontar por tanto el estigma y
-¿por qué no?- el riesgo de una
condena judicial que “la ley
ampara”
El asunto consiste tan sólo en
recordar lo que ocurrió en el
Perú entre 1985 y 1990 para
reseñar el hecho que, en efecto,
el MRTA recurrió a prácticas
perversas, incompatibles con las
concepciones revolucionarias de
lucha: el secuestro y el terror.
A partir de allí, explayarse
como si el MRTA fuera una
organización hoy existente y
capaz de recuperar protagonismo
en el escenario peruano. Todo el
resto, es ficción.
Lo que no es ficción, es lo que
se descubre cada día en los
predios del antiguo cuartel Los
Cabitos de Ayacucho, sede del
Comando Político Militar de la
Región del Centro, que tuvo a su
cargo las “operaciones
especiales” en la “lucha contra
el terrorismo” entre 1983 y el
año 2000.
Alli –como dice hoy el diario
“La República- hablan las fosas
del terror. Y es que se han
desenterrado ya 81 cuerpos
completos de hombres, mujeres,
niños y fetos, y se han hallado
cuatro hornos clandestinos con
restos de huesos y cenizas de
numerosos cuerpos humanos que
fueron cremados por los
“heroicos combatientes que se
enfrentaron a la subversión”.
En su momento -como se sabe-
numerosos peruanos fueron allí
torturados para hacerlos hablar,
recibieron disparos en la nuca,
y fueron enterrados
clandestinamente en los predios
de esa instalación militar para
que nadie descubriera la
historia, que hoy, sin embargo,
aflora desde el suelo.
“La historia de Los Cabitos es
escalofriante, da miedo,
recuerda la historia de los
campos de concentración nazi”
–dice el jefe del Instituto de
Medicina Legal Luís Bromley- y
añade “Entre los 81 cuerpos
recuperados hay niños de cuatro
y cinco años que fueron
asesinados con un disparo en la
cabeza. El cuerpo de uno de
estos niños estaba a los pies de
una mujer que podría ser su
madre, y que tenía un feto de
nueve meses en su vientre. La
mujer también recibió un disparo
en la cabeza y su bebe por
nacer, agonizó durante 30
minutos antes de morir por
asfixia”.
En realidad, lo que las
autoridades peruanas quieren hoy
es ocultar los crímenes
consumados contra el pueblo en
estos años de barbarie. Y
levantan para eso una hoguera
fantasmal en torno al MRTA y sus
episódicas prácticas perversas.
Y lo hacen en dos contextos bien
definidos:
Cuando al margen de la voluntad
de los actores del proceso
peruano, las audiencias del
“caso Fujimori” entran a una
etapa decisiva y se avecina una
condena sin precedentes al
gonfalonero de la muerte en el
Perú. Y cuando en las próximas
semanas tendrá lugar en Lima la
V Cumbre de Jefes de Estado y de
Gobierno de América latina, El
Caribe y la Unión Europea.
El gobierno de García busca
desesperadamente que no se
muestre, en esta circunstancia,
la realidad al mundo. Procura,
por el contrario, levantar mitos
que desmovilicen al pueblo y
paralizar a la ciudadanía
sembrando en ella terror y
desconcierto.
Han declarado “feriados” los
días de la Cumbre para que nadie
salga de su casa. Quieren que no
vuele una mosca. Y que si vuela,
sea abatida por “terrorista y
sediciosa”.
En otras palabras, la estupidez
convertida en política. Sólo que
en una circunstancia en la que
el pueblo tiene más de dos dedos
de frente y no se deja
impresionar, ni embaucar, ni
intimidar.
Aunque los programas de la
televisión acusen a tirios y
troyanos de “chavistas”,
“terroristas” y “traidores a la
patria”, la gente tiene una idea
más clara de lo que ocurre en el
escenario nacional y en el mapa
de América Latina. Y es
consciente, en efecto, que la
suerte del neo liberalismo y sus
acólitos, tiene los años
contados. (fin)
Gentileza:
gustavoe@terra.com.pe
paginadigital |