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Martin Luther King, Apóstol de
la libertad... Y de los sueños
Por Ramón Castillo
Martin Luther King es una de
esas figuras cumbres del siglo
XX. Sus luchas muestran, en
parte, lo que fueron las luchas,
las aspiraciones, los fracasos,
pero también los logros de las
mujeres y los hombres de aquel
agitado siglo. King se dedicó
con pasión a despertar y liberar
una raza secularmente
discriminada y vejada: la raza
negra, llegando a ocupar un
puesto destacado entre los miles
de hombres y mujeres que
supieron hacer brotar lo más
noble, lo más humano de nosotros
mismos. Por eso, entrar en
contacto con Martin Luther King,
con su pensamiento y sus luchas
es embriagarse de una pasión, de
una rebeldía que sólo puede ser
explicada por amor. King
presidió, junto a notables
hombres y mujeres que compartían
sus aspiraciones, un infatigable
combate para alcanzar la
igualdad del pueblo
afroamericano. Supo levantar la
autoestima de su pueblo y el
orgullo de su raza. Pero pronto
se dio cuenta de que la igualdad
del negro no sería posible si no
se cambiaban las causas
estructurales que favorecían la
exclusión. King entendió que la
sociedad estadounidense, pese a
sus avances en el campo militar,
económico y tecnológico estaba
construida sobre fundamentos
injustos, que permitían lanzar a
millones de hombres y mujeres al
abismo de la marginalidad,
independientemente del color de
su piel. Esta conciencia llevó a
Martin Luther King a enrolarse
en el combate contra la pobreza,
y a oponerse activamente al
genocidio de las tropas
norteamericanas contra el
valiente pueblo de Vietnam. Tal
conocimiento y praxis le costó
la vida.
Las primeras investigaciones
apuntaban a James Ray, quien
según la policía disparó el
Remington, que cercenó la vida
de King. Muchos no se
conformaron con esta
explicación. Investigaciones
posteriores en los documentos de
la CIA y el Pentágono, señalan a
la tenebrosa Agencia Central de
Inteligencia como el lugar donde
se conspiró y planificó el
abominable crimen. Años antes,
mientras paseaba en el auto
presidencial descapotado por la
ciudad de Dallas, cayó abatido
uno de los aliados de King en la
lucha por los derechos civiles:
el presidente John Fiztgerald
Kennedy. Más tarde fue su
hermano Robert Kennedy, la otra
víctima. En la perpetración de
estos crímenes, la mano de la
CIA, ha estado presente, como lo
señalan diversas investigaciones
que han sido asfixiadas por la
derecha estadounidense.
El día que un disparo rasgo el
pesado aire de la ciudad de
Memphis y se introdujo en la
cabeza de King, aquel fatídico 4
de Abril de 1968, hace cuatro
décadas, cayó abatido un hombre,
un apóstol de la libertad, pero
no morían sus ideales. El dulce
sueño que expresó aquel 28 de
Agosto de 1963, en Washington,
ante una multitud de doscientas
cincuenta mil personas: “Tengo
un sueño, el sueño de que un día
mis cuatro hijos vivirán en una
nación en la que no serán
juzgados por el color de su
piel, sino por el contenido de
su personalidad”. Hermanos y
hermanas, hay esperanza para el
mundo mientras haya hombres y
mujeres que tienen hambre y sed
de justicia.
Gentileza: Revista Koeyu1 [
revistakoeyu1@gmail.com ]
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