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El gozo de leer en peligro de
extinción (23 de abril: Día
Mundial del Libro)
Por Jorge Vargas Méndez
La materia de Letras es aburrida
y lo que más odio es leer obras,
me decían decenas de estudiantes
hace unos veinticuatro años,
cuando me iniciaba en la carrera
de profesor. Aunque esas
opiniones anunciadas me causaban
tristeza, cada inicio de año
comenzaba indagando sobre la
percepción que se tenía de esa
asignatura para saber cuál sería
el terreno en el que me movería
a lo largo del año. Ciertamente
la literatura causaba un
profundo rechazo y, en algunos
casos, pavor.
Conociendo ese panorama adverso
no iniciaba el año lectivo
dejando la lectura de obras como
La Ilíada, Los Miserables o El
Señor Presidente, porque en
virtud de sus copiosas páginas
habría atizado el odio que le
tenían a la literatura.
Empezábamos, en cambio,
escribiendo oraciones,
puliéndolas, hasta que en cierto
momento ellas y ellos
consideraban que habían escrito
los primeros versos de sus vidas
y cumplido con una tarea.
Llegado ese instante se
sorprendían de haberlos escrito,
incluso con expresiones de
alegría y gozo, entonces estaban
dadas las condiciones para
hablarles de determinado autor o
autora, de sus emociones,
sentimientos e ideas, es decir,
de su obra. Así nace la
literatura, les decía. Y ya no
le hacían tanta mala cara a
Homero, Víctor Hugo y Miguel
Ángel Asturias. Había una
actitud distinta.
Daba clases en instituciones que
ofrecían bachillerato técnico, y
los colegas que atendían
materias de esa especialidad se
incomodaban o se reían al ver
que, con el paso de los meses,
había estudiantes que ponían más
esmero a las tareas de Letras y
que, incluso, decían que al
terminar el bachillerato
estudiarían letras, periodismo o
derecho. Yo no me sentía
culpable de eso. Es más, para
una Exposición Técnica propuse
que se incluyera un recital de
poesía y esa tarde soleada de
octubre, sobre la tarima, se
oyeron algunas voces
estudiantiles leyendo sus
propias creaciones. El rechazo a
la literatura se había reducido.
Sin embargo, esa situación
adversa hacia las letras
persiste y actualmente es mucho
más preocupante.
Hacia una sociedad carente de
lectura: el destino anunciado
Los diferentes resultados de la
PAES han revelado que una de las
mayores deficiencias de la
población egresada de
bachillerato radica en el área
de Literatura y Lenguaje (antes
Letras). Es decir que, desde
hace décadas, viene perdiendo
terreno la asignatura que
debería desarrollar y cualificar
a la población en dominios tan
básicos como lectura, gramática,
cultura general, entre otros más
no menos importantes. ¿Quién osa
creer que la literatura no sirve
para nada en la vida de una
persona?
Para colmo de males, varias
universidades cerraron en los
últimos años las carreras de
profesorado y licenciatura en
Letras, como si asintieran que
tales carreras no rendían
ninguna utilidad para sus arcas,
o que las promociones no podrían
competir con las nuevas
profesiones que demanda la
avanzada global.
De hecho, de 14 mil docentes sin
plaza que existen en el país
–según datos de la ministra de
Educación Darlyn Meza–, 9 mil
son docentes de Ciencias
Sociales. Esa cifra, dicho sea
de paso, sugiere una escasa
reserva de docentes para la
enseñanza de Literatura y
Lenguaje y que, habiéndose
reducido drásticamente su
formación profesional, cada vez
será menos la población
salvadoreña con capacidad para
elaborar informes, redactar
recibos, etc., lo que supone
contar con conocimientos básicos
–de ortografía por ejemplo– en
cualquier profesión e incluso en
toda persona. Y eso, aunque se
utilice computadora.
No obstante lo anterior, un
estudio que realizó la empresa
Manpower a escala internacional
afirma que, antes que
profesionales en ciencias
sociales y humanidades, la
empresa privada necesita
profesionales en ingenierías,
ciencias exactas y tecnologías,
y que dominen el inglés. Pero
similares argumentos se
esgrimieron con la Reforma
Educativa que creó los
bachilleratos diversificados a
finales de los años sesentas, y
el empleo nunca llegó. En todo
caso, con esa propuesta se le
está dando un tiro de gracia a
la sociología, antropología,
historia, literatura, entre
otras.
Ciertamente hemos tenido fallas
las profesoras y profesores de
literatura. Tal vez, se nos
formó para enseñar, pero no
sobre qué íbamos a enseñar, o a
la inversa. Y, para colmo de
males, con salarios deprimentes.
Por eso me inclino a creer que
cuando un pueblo tiene un
padecimiento o problema, las
causas deben buscarse en el
Estado. Y si en este país la
lectura de un libro no es un
gozo generalizado, un viaje
hacia el ser y las culturas, no
veo por dónde puede venir el
desarrollo, pues los países que
lo han logrado son aquellos
donde más se lee, es decir,
donde las personas son más
libres ante la doxa, el
dogmatismo y el engaño.
jvargasmendez@yahoo.com
Gentileza:
pierreandreblondy@yahoo.es
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