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La importancia de los programas
integrales de lectura para el
desarrollo educativo del país
Por Juan Carlos Morales Peña
Un mundo a mil por hora
El escritor salvadoreño Alberto
Masferrer nos dice en uno de sus
libros (Leer y Escribir), que la
sociedad salvadoreña ha sido
afectada por la cultura de la
no-lectura; por supuesto lo
afirmaba en el contexto de los
años treinta, pero la realidad
es que eso no ha cambiado en
esencia y, es más: ha
evolucionado en una suerte de
analfabetismo mucho más
complejo.
La persona promedio lee poco y
la que lo hace invierte su
tiempo en textos cuyos
contenidos son de baja calidad o
escaso provecho. Durante los
años ochenta, el mundo y el
conocimiento nuevo parecen
haberse congelado para el país;
éste pronto se vio relegado de
las grandes discusiones
académicas y las propuestas de
avanzada de las principales
instituciones educativas del
mundo.
Antes, el problema radicaba en
la censura para ciertos textos y
la dificultad para acceder a los
mismos, las grandes temáticas de
las diferentes dísciplinas
científicas o incluso los
problemas internacionales se
presentaban como conjuntos de
información reciclados. La
proximidad con el planteamiento
original de los autores se
mediaba por interpretaciones que
nuevas castas de especialistas,
integraban en manuales y
compendios en todas las
latitudes.
De igual manera de cómo los
avances médicos y la alta
tecnología acudían tarde al
proceso de desarrollo del país,
los conocimientos de vanguardia
también tuvieron una brecha de
tiempo y espacio muy
significativa. Por ejemplo las
primeras computadoras comenzaron
a trabajar en los tempranos años
cuarenta y acá vinieron hasta
finales de los ochenta. El
internet se utilizaba en Estados
Unidos desde fines de los
sesenta –sí bien era de uso
exclusivo de los militares– y
acá se extendió hasta bien
avanzados los noventa.
Los programas integrales de
lectura
El problema fundamental del
período actual es la existencia
de un enorme volumen de
información que es necesario que
el público, la comunidad
académica, funcionarios,
empresarios y actores sociales
en general, conozcan para
efectos de preparación
profesional, crecimiento
intelectual y acervo cultural.
Hay demasiada información, se ha
pasado de la escasez a la sobre
abundancia. Pero la información
por sí sola no sirve, si no se
tiene claro cómo emplearla y
cómo tiene utilidad para
conducirnos con vidas laborales
orientadas con propósitos.
Por ello El Salvador requiere de
un programa integral de lectura
que no es más que la capacidad
de forjar en el individuo
destrezas de lectura rápida,
concentración en la misma,
retención y comprensión de
contenidos. La sociedad de la
información ha planteado el
imperativo de digerir y dedicar
más tiempo a los libros y a los
grandes documentos PDF del
internet; y para ello se
requiere de técnicas de estudio
apropiadas.
Un programa integral de lectura
desarrolla destrezas en los
músculos de los ojos que
normalmente están perezosos por
la tradicional forma horizontal
y pausada con la que leemos. Con
el entrenamiento debido de los
programas integrales, es posible
aumentar los rangos de captación
de textos, una visión periférica
ampliada; y que combinada con
variables de velocidad,
comprensión y memoria puede
dejar un resultado óptimo de
muchas palabras por minuto con
un significativo aprovechamiento
de conocimientos. Además un
programa integral de lectura
permite independizar los
sentidos, lo que deviene en
manejo de factores de entorno
que normalmente perturban la
concentración y hacen que el
aprovechamiento disminuya en
términos de rendimiento.
Leer rápidamente implica
economía de tiempo,
discriminación positiva de
textos irrelevantes, énfasis
cualitativo en las ideas
fundamentales de los autores,
asimilación de mayor calidad,
comprensión adecuada de la
estructuración de ideas,
posturas y debates de quienes
escriben y desarrollo de
memoria. Pues todo en conjunto
abona al contraste con el
criterio y banco de datos
propio.
Un programa integral de lectura
deja resultados mensurables que
se examinan periódicamente, pero
que a su vez demandan cuotas
importantes de práctica
cotidiana para el
perfeccionamiento de destrezas.
La primera vez que supe que leer
libros cuyas extensiones oscilan
entre 150 páginas y 250 páginas
en tiempos de 15 a 20 minutos,
fue en un reportaje de una serie
televisiva estadounidense de los
años ochenta con el nombre de
“Lo Increíble”. En ese
documental de los días domingo
se veía a jóvenes adolescentes y
adultos de diversas edades,
pasando tan velozmente las
páginas como movimientos de
cabeza en forma de zigzag hacían
apenas en unos cuantos segundos
entre tramos.
En el siglo XXI esos programas
integrales se han transformado
en cursos de especialización,
que forman parte de entidades
educativas privadas que lo
tienen como una oferta
sustentada en una debida
plataforma psicopedagógica y
didáctica, tal es el caso de la
experiencia de Técnicas
Americanas de Estudio. Esta
posee un plan con cobertura
institucionalizada, que debiera
potenciar todo un concepto de
asociatividad estratégica con el
sistema educativo nacional.
El programa integral de lectura
debiera ser retomado en los
currículos de estudio del
Ministerio de Educación, pues
esto constituiría a un aporte
fundamental orientado al quiebre
de la cultura de la no-lectura
en El Salvador; y al desmontar
esa actitud colectiva de pereza
hacia la lectura y el estudio se
contribuiría a un salto de
calidad en materia de desarrollo
social y cultural del pueblo. La
inculcación de dísciplina de
estudio por parte de un programa
integral de lectura, orientaría
la búsqueda de conocimiento y
por lo tanto la comprensión de
la realidad social misma. Un
niño de primaria leyendo libros
desde muy temprana edad,
consolidaría a los 18 años un
inventario impresionante de
conocimientos, que multiplicados
por cada alumno receptor de los
programas integrales de lectura,
relanzarían estratégicamente la
plataforma de desarrollo de un
país.
Juancarlos_mrls@yahoo.com.mx
Gentileza: Ovidio [
ovidioretana@yahoo.com ]
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