|
Chaco: proponen para un museo el
nombre del Mariscal López
El escritor y periodista
argentino de origen paraguayo
Vidal Mario propuso al gobierno
chaqueño la realización de un
acto de homenaje al Mariscal
Francisco Solano López e
imposición de su nombre a un
museo existente en la Isla del
Cerrito, donde se resguardan
valiosas reliquias de la Guerra
de la Triple Alianza. Lo hizo a
través de la siguiente nota,
dirigida al subsecretario de
Cultura de la provincia,
profesor Francisco Romero.
"En mi carácter de miembro de la
Academia de Historia Militar del
Paraguay y de autor del libro
"Alianza para la muerte" (sobre
la guerra de la Triple Alianza)
me complace someter a su
consideración una propuesta que
ya expuse oportunamente en esa
Subsecretaría de Cultura, en
reunión presidida por el
director de Acción Cultural,
señor Carlos Erasmo Aguirre.
Se trata de la realización de un
"Acto de Homenaje del Gobierno
del Chaco al Mariscal Francisco
Solano López e Imposición de su
nombre al Museo de la Guerra de
la Triple Alianza de la Isla del
Cerrito". Propongo igualmente
como fecha de realización de la
ceremonia el sábado 16 de agosto
del 2008. Ese día se cumplirán
54 años de la devolución al
Paraguay de trofeos de la guerra
de la Triple Alianza, la cual
fue cumplimentada, en histórico
acto realizado en Asunción, por
el entonces presidente Juan
Domingo Perón, ciudadano
honorario del Paraguay y General
honorario de su Ejército.
Sería un acto de justicia
también para la propia Isla del
Cerrito que dicho acto de
homenaje la tuviese por
escenario excluyente. Como lo ha
recordado el historiador Marcos
Altamirano, el Cerrito cumplió
un papel protagónico en la
guerra de la Triple Alianza;
padeció una prolongada ocupación
del Brasil, se constituyó en
pieza clave de las tratativas
argentinas sobre límites
internacionales y, finalmente,
ostenta el honor de haber sido
la segunda capital de la
Gobernación del Chaco.
La materialización del acto
propuesto significaría, desde
todo punto de vista, un justo
homenaje al Mariscal Francisco
Solano López, presidente
paraguayo al que le tocó en
suerte encabezar la más heroica
resistencia popular de que se
tenga memoria en América.
Implicaría, igualmente, consumar
un ya impostergable acto de
reparación moral de los
chaqueños hacia los paraguayos
por el genocidio al que fue
sometido dicho pueblo en el
marco de aquella guerra, durante
la cual se registraron casos de
crueldad hasta entonces
desconocidos en América.
A lo largo de cinco años, entre
1865 a 1870, el monstruo de la
guerra fue derrumbando hogares,
quemando corazones, inmolando
vestigios de vida, arrasando con
su lengua de fuego una cultura
paraguaya formada al amparo de
los más nobles ideales.
Fomentada por Inglaterra y
ejecutada por la oligarquía
brasileña, argentina y uruguaya,
aquella "alianza para la muerte"
fue una gigantesca hoguera donde
se arrojó a un pueblo que sólo
pretendía vivir su vida y dejar
que los otros vivan la suya.
Del millón de habitantes con que
contaba el Paraguay antes de la
guerra, apenas sobrevivieron
doscientas mil almas, tras el
genocidio. La población
masculina virtualmente
desapareció. Domingo Faustino
Sarmiento anunció, en mayo de
1869: "La guerra del Paraguay
concluye por la simple razón de
que matamos a todos los
paraguayos mayores de diez
años". Esa afirmación recibió la
siguiente respuesta de José
Hernández, autor del "Martín
Fierro": "La sangre del Paraguay
ha de brillar siempre en nuestra
frente como una marca
siniestra".
Me permito concluir esta
petición reproduciendo un
fragmento de mi libro "Alianza
para la muerte" como testimonio
de la admiración que siempre ha
despertado, en propios y
extraños, en amigos y enemigos,
el heroísmo de López y la
epopeya paraguaya:
"... A miles de kilómetros de
distancia, en Southampton,
Inglaterra, todavía vive un
viejo enemigo del Mariscal: el
brigadier Juan Manuel de Rosas.
Viejo y pobre, desde su
destierro sigue con emoción la
gran epopeya paraguaya. Ya no es
enemigo, sino admirador.
Comprende que Francisco Solano
López se ha convertido en el
defensor de una causa que alguna
vez fuera también la suya. Lo
admira, ahora, porque se ha
erigido en símbolo de un
Paraguay que va a morir de pie.
Su viejo enemigo es ahora un
jaguar que en la selva es
acosado sin piedad por sus
batidores. "Defenderé mi patria
hasta el último extremo", jura,
el paraguayo. "Mientras la voz
de la patria siga tronando por
montes y laderas, la patria
existe, y en pie queda la
obligación de luchar por ella",
proclama ante el puñado de
soldados que le queda.
Rosas se entera que López está
internado en el desierto verde y
sigue ofreciendo pelea, fiel a
su consigna de "¡Vencer o
Morir!". Esqueléticas figuras
que alguna vez fueran las más
disciplinadas de América van
dejando uno a uno sus vidas por
esos caminos sin retorno. Los
sobrevivientes, soldados,
ancianos, mujeres, niños, gimen
a cada paso, pero nada los hace
retroceder. Tienen grabado a
fuego en el alma el juramento de
seguir a su jefe y morir junto a
él. El Mariscal conduce a sus
hombres hacia el norte. Rendirse
no está en el diccionario de los
paraguayos. El exterminio, por
lo tanto, es inexorable.
El "Restaurador de las Leyes",
entonces, fija sus ojos en el
glorioso sable colgado en la
pared. Con ese instrumento de
acero San Martín había liberado
a Chile y Perú. Después lo legó
al entonces gobernador de Buenos
Aires en reconocimiento a su
heroica resistencia contra los
invasores ingleses y franceses.
Se dice, a sí mismo, que por fin
ha encontrado un destinatario
para el corvo de los Andes y,
absolutamente convencido de su
decisión, pide un cambio en su
testamento.
El 17 de febrero de 1869 informa
sobre el destino que ahora
quiere para la mítica espada. El
nuevo testamento ordena: " Su
Excelencia el Generalísimo
Capitán Gral. Don José de San
Martín me honró con la siguiente
manda: "La espada que me
acompañó en toda la guerra de la
independencia será entregada al
General Rosas por la firmeza y
sabiduría con que ha sostenido
los derechos de la patria". Y
yo, Juan Manuel de Rosas, a su
ejemplo, dispongo que mi albacea
entregue a su Excelencia el
Señor Gran Mariscal, Presidente
de la República del Paraguay y
Generalísimo de sus ejércitos,
la espada diplomática y militar
que me acompañó durante me fue
posible sostener esos derechos,
por la firmeza y sabiduría con
que ha sostenido los derechos de
su patria...".
Gentileza: vidal mario [
entrevistasvm@hotmail.com ]
paginadigital |