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Carta homenaje a Vicente Blasco
Ibáñez, fundador y padre de la
Universidad Popular
Petición a la alcaldesa de
Valencia
Distinguida Señora:
Vicente fue, por encima de todo,
ciudadano activo y comprometido
con su sociedad y su tiempo.
Nunca miró a otro lado cuando
algo no le gustaba. Siempre tuvo
las palabras acertadas para
cuestionar y criticar las
decisiones que el poder de turno
aplicaba. Vicente no fue un
simple valenciano, no fue nunca
el típico adulador servil que
tanto abunda en los pasillos de
las instituciones públicas.
Vicente no le interesaba vivir
adosado a las sombras
placenteras del poder. Siempre
fue un espíritu y un cuerpo
libre, lleno de autonomía y de
coraje. Fue Vicente un viajero
incansable, infatigable, siempre
intrigado y deseoso de caminar,
de recorrer todos los parajes...
Hay un sorprendente y
desconocido libro donde detalla
su aventura por tierras
argentinas. Es una pena que el
libro sea imposible de
encontrar... Aunque hay un
rutilante ejemplar en una de las
vitrinas de su Casa Museo de La
Malvarrosa.
Como todo buen hacedor, como
todo buen soñador, Vicente amaba
a las mujeres... pues las
mujeres son las compañeras que
te entienden bien, aunque no te
digan nunca nada. Por eso
Vicente fue un seductor en todo
el sentido renacentista de la
palabra. Un hombre enamorado de
las artes, de la belleza
(belleza encarnada en piedra, en
vocablo o en carne y hueso...).
Vicente tuvo el valor y la
destreza de cumplir muchos de
sus sueños, de ser coherente en
sus ideas y en sus acciones...
Pocos hombres pueden decir con
claridad que viven de acuerdo a
lo que piensan y sueñan. Pocos.
Casi nadie puede hoy decir que
sus palabras acompañan a sus
sueños y a sus pensamientos, así
como a sus acciones
cotidianas...
Vicente fue, es y será siempre
un hombre con voluntad, con
pasión, con ideas propias... con
ideas forjadas a través del
pensamiento comprometido, ideas
hilvanadas a través de la
observación. Vicente vive
todavía en Velluters, muy cerca
del Mercado Central, al lado de
la famosa Lonja. Es una persona
que necesita devorar libros,
conversar, escribir, debatir con
propios y extraños... Necesita
difundir sus observaciones,
ideas... Aprende de todos, pues
sabe que nadie tiene la
exclusiva y que todos
necesitamos escuchar, sin temor,
a los que nos rodean. Todos
necesitamos difundir y contagiar
entusiasmo. Todos necesitamos
dibujar sueños, caminar sobre la
piel del mar cuando hablamos o
sonreímos...
Vicente es un hombre que siempre
camina con la cabeza alta. Un
hombre que no precisa vivir en
la corte, ni rodearse de lacayos
que alaben sus hazañas
literarias, sus proezas
políticas, sus aventuras
amorosas... Vicente es un hombre
solitario, a pesar de su amor
por el pueblo, a pesar de vivir
siempre rodeado de todos sus
vecinos, amigos y enemigos...
Y siempre Vicente es un hombre
que ama su tierra. Por eso
siempre Vicente se ve obligado a
viajar, a huir, a conocer otros
mundos, a vivir en otros
tiempos... A sentirse extranjero
en todas partes... Incluso en su
propia tierra, donde ahora los
que dicen ser nuestros
gobernantes quieren borrar todas
sus huellas...
Hace unos años, Vicente... los
que ahora gobiernan tuvieron a
bien volver a edificar tu casa,
tu morada al lado de esa playa
tan llena de luz, tan impregnada
de vida... Simplemente tu casa
ahora es un cementerio donde se
amontonan ciertos recuerdos,
algunos libros, pocos vestigios
tuyos, admirado Vicente.
Pero todos sabemos bien que
Vicente vive entero, eterno y
tiernamente feroz en los libros.
Vicente vive en su idea de que
la cultura, la educación, el
amor por la libertad es
patrimonio de todos. Y todos
somos todos, incluso aquellos
que carecen de medios
económicos, de tiempo, de
juventud, de salud...
Vicente fue y es el impulsor de
la Universidad Popular. Nuestro
Vicente fue un ilustrado a su
manera, lleno de esa generosidad
festiva y rebelde que siempre
tuvo ese hombre viajero, de ese
hombre que anhelaba vivir en una
república platónica, sin tiranos
ni lacayos...
Vicente fue el padre de esa
noble idea de que la cultura, la
educación, los libros fueran
amigos, fueron tan necesarios
como el pan y la sal. Nobles y
hermosas ideas que algunos
quieren eliminar ahora.
Espero que los que ocupan
interinamente el poder en la
ciudad de Vicente, de nuestro
admirado Vicente, le rindan un
homenaje silencioso, sin
celebraciones ni medallas, sin
adornos ni estatuas, sin
declaraciones ni propagandas...
y tengan a bien respetar el
legado y la memoria de nuestro
mejor escritor, de nuestro
comprometido y siempre buen
ciudadano VICENTE BLASCO IBÁÑEZ.
Un hombre que vive en sus libros
y en sus acciones, llenas de
compromiso hacia los más
débiles, hacia los que no tienen
ni voz ni llanto...
También el aprendiz y admirador
de Vicente que aquí tiene a bien
emborronar las presentes
cuartillas, quiero pedir a la
Alcaldesa de Valencia, que
proceda a regalar a todos y cada
uno de los colegios de nuestra
ciudad milenaria, un lote de las
obras completas de nuestro
siempre querido (y apenas leído)
escritor, periodista, viajero,
activista, rebelde, apasionado
ciudadano... Puedo asegurarle
que es una buena inversión. La
cultura, la educación es la
mejor manera de crear buenos y
responsables ciudadanos
presentes y futuros. Palabra.
Difundir la obra literaria y
periodística de Blasco Ibáñez es
la mejor manera, la más fácil
manera de provocar la admiración
y el respeto entre propios y
extraños. Que un escritor pueda
ser leído es el único homenaje
que precisa y reclama. Seguro
que Valencia, la ciudad de
Valencia puede llegar a ser
conocida, respetada y amada
internacionalmente gracias a las
palabras de ese escritor nacido
en el castigado centro histórico
de una ciudad que ahora quiere
destruir otro barrio entrañable
(EL CABAÑAL).
Seguro que si todos nos lo
proponemos, Valencia vuelve a
ser conocida y respetada como lo
fue en la época de Vicente, de
ese ciudadano libre, amante de
la aventura y de la libertad,
amante siempre de la educación y
de la cultura, que hubiera
puesto el grito en el cielo ante
la serie de atrocidades que hoy
en día se cometen a diario en
las instituciones culturales y
educativas de la Generalitat y
del Ayuntamiento... Seguro que
hoy Vicente hubiera escrito un
feroz artículo contra el
concejal de Educación, contra el
Conseller de Cultura...
De verdad, Vicente, los
valencianos no nos merecemos
esos políticos de medio pelo.
No. Son una plaga, un castigo
divino. Debemos ser
masoquistas...
Gentileza: Don Nadie [
marsegan2007@hotmail.com ]
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