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18 de diciembre: Día
Internacional del Inmigrante
Danilo
Sánchez Lihón
DÍA INTERNACIONAL DEL
MIGRANTE
Del libro: CANTAR DEL
MIGRANTE
Danilo Sánchez Lihón
ARTE RUPESTRE EN UN CUARTO
DE HOTEL
1
Pienso en ti, insomne en este
cuarto de hotel de ínfima
categoría, confinado en un
traspatio sin aleros, balcones
ni geranios, donde el tiempo
parece detenido; aunque se
agiten en las cortinas retazos
de luces que proyectan los faros
de los autos que raudos
desaparecen en la noche desolada
por la pista distante.
Aquí la luz del lamparín en el
velador es una fe apagada hace
muchísimo tiempo.
El aguamanil tiene un ojo y una
pata que no cuadran.
Y en un rincón perdura la silla
donde alguien viene y se sienta
–¡de eso estoy seguro!– con los
ojos idos, y cuajadas de
lágrimas las pupilas cuando la
habitación se cierra. –"En la
sombra estás ahí, pero ¡no sé en
verdad quién eres!
¿Quizá mi padre?"
2
Por aquí ¡han pasado tantos! Se
oyen voces y hay inscripciones
infinitas en la superficie de la
mesa, suspiros detrás de la
puerta, hondos gemidos en los
rincones, tardanzas en el
armario que abierto huele a
semen rodado sobre el vacío,
contra ¡el abismo!, sobre un
cuerpo que se tuvo o que se
anhela, pero que siempre fue una
quimera!
Hay tenues nombres bajo la
pintura vieja de las paredes,
cual gritos de auxilio, nimios
silbidos y adioses, ¡como si
alguien alzara los brazos porque
se está ahogando. ¡O se desangra
y nos llama en esta cita que a
tientas descifro!
3
Gente que amó, maldijo y a solas
lloró estando en este sitio.
Pareja que estuviera tendida
sobre esta colcha y vieja cama
de pino.
¡Gente que vino y se fue
buscando algo!
Por ejemplo: ¿qué será y dónde
mora la mano que hizo esta flor?
Y al pie ¿hizo esta estrella?
¿Dónde reposan, caminan, o se
buscan los enamorados que
esculpieron en el reverso del
espejo este corazón y un trébol
atravesado de una flecha que
quizá fuera el día mismo del
adiós definitivo? ¿Dónde los
arrullos y juramentos que se
hicieron? Ellos ¿aún se miran
extasiados a los ojos? ¿Tal vez
tuvieron un hijo?
O, ¿en qué calle se habrían
extraviado ambos y para siempre?
4
El suicidio que se urdió entre
estas sábanas ¿dónde finalmente
ocurrió? ¿Qué dijeron los
diarios al otro día, mientras
aquí revoloteó la pena?
Y en este instante ¿cuál es el
perfil del muchacho que hace
tiempo, al borde de este cuadro
declaró amor con palabras
furiosas, obscenas, pero que en
el fondo eran tiernas, y más que
una queja por una mujer llamada
Estefanía?
¿Vivirá acaso con ella?
¿Siquiera recordarán que aquí
hay un signo aterido que los
evoca?
5
Hay otros que al alojarse aquí
en esta atalaya, mirándose
infinitamente a los ojos en la
oscuridad sin espejos y estando
obligados a pasar por el minuto
que atraviesa en cruz nuestros
pechos, pusieron únicamente sus
iniciales con una firma y una
fecha indecisa, cual lazos a los
que se aferraran en una caída,
como cintas que penden en un
sueño. ¡Tal y cómo acontece en
la esencia de esta vida!
En este hotel sin timbre, sin
ascensor ni aviso, he conversado
con todos los difuntos que se
alojaron.
Y hoy moran en este lugar
estupefactos, ¡sin saber cómo
volver, quedarse o adónde ir!
6
Mirando estoy la soledad, el
azar y misterio que se echaron a
descansar sobre estas almohadas.
El titubeo al salir a la calle
infiel y desalmada de la ciudad
inexorable. Aquí está todo lo
que se quiso, soñó, temió y
calló. Los números de los
negocios que se hicieron y
dejaron de hacer para ganar, o
simplemente dejar pasar ¡la
vida!
Y resignado soy uno más entre
todos éstos fantasmas tendido
boca arriba y sin zapatos, sin
poder dormir, pensando fijamente
en ti, ¡amor!
cuyo rostro, temblor y huella de
pasos en el suelo no hallará
jamás, porque te quiero y tengo
muy dentro y al fondo de mi
alma, quien se aloje en este
recodo mañana hasta el final de
los tiempos.
CUANDO ÍTACA NO EXISTE
1
Cuando Ítaca no existe. Cuando
nadie te espera.
¡Es nada! ¡Nadie! Ni tampoco hay
¡alguien!
No hay huella ni perfil de nada
en la alborada.
Y hay que inventar un mundo que
justifique este viaje. Y
adquieran sentido los retazos de
las jarcias rotas y desleídas
por la espera a la luz del alba
en el horizonte.
¡Otra vez, soportar el amanecer!
Y la nave detenida en su girar
da tumbos en el mar proceloso.
2
Cuando no hay ningún puerto
adónde ir, ninguna ilusión
esbozada en lontananza.
¡Nada de nada que alumbre en el
fondo del alma!
Cuando el mundo que anhelas se
quebró, no era tal, ya no
funcionaba más; era evidente.
Cuando no hay siquiera un grumo
de polvo que añorar y hacia
donde pudiste volver la mirada.
Y fue inevitable huir, poner
tierra de por medio. No puedes
entonces vivir de falsas
promesas, te dijiste asimismo.
3
Cuando Penélope ni se le ocurrió
siquiera, ni atina jamás a
pensar en un telar o en un manto
propicios que distraigan a los
pretendientes del trono.
Cuando ni siquiera se avergüenza
ni baja arrepentida la mirada
con algún pretexto de
arrepentimiento. Todo es vano e
inútil.
Cuando no quedaste atrapado en
una isla ni hubo Calipso que
sumergiera tu cabeza en vino y
en olvido; ni te encandila Cirse
con néctares, pócimas u
ondulaciones mágicas de su
vientre.
4
Cuando no hay sino páramo y
desolación en el alma.
¡Y tienes la tripulación a
bordo!
Cuando aferrados a la nave lo
primero que buscan son tus ojos
para extraer de allí confianza y
calma, alguna señal de la
victoria anhelada donde la
amargura afila sus dientes que
corroen las entrañas, cuando la
esperanza hace eternidades que
se fue, desapareció por la
borda.
Dí entonces tú de qué modo no se
llora.
5
Cuando tampoco hay un Dios
encolerizado que te sirva de
cuña, pretexto o desafío en la
lucha. Cuando no hay nada de
nada, simple y llanamente no hay
Ítaca, desapareció o nunca
existió. Cuando solo hay
silencio, mudez y quietud sobre
el cabestrante.
Nada adónde ir ni cómo regresar
siendo un ejército pendiente de
tu mando.
Y, sin embargo, tú tienes que
guiar el timón, ¿hacia dónde?
¡Y enderezar las velas!, hacia
qué?
Cuando no hay rumbo que valga,
tampoco vientos adversos, ni
tempestades que merezcan un
esfuerzo y sea incluso la
justificación para un naufragio.
6
Cuando no hay sino tedio, rutina
y vacío, sombra y tiniebla que
cunde y estalla, cuando ya no
esperas ningún gesto ni de aire
tierra o fuego. Ya nada anuncia
sino en tu rostro la desolación.
Allí entonces es cuando hace
falta adónde ir, ¡dónde
terminar! ¡En qué playa fenecer!
Es cuando se hace tan necesaria
la ilusión que hace falta a fin
de exorcizar al océano.
7
Es allí entonces que sientes la
grave oquedad de tu destino:
Troya no existe.
No ocurrió ningún incendio. No
hay batallas ganadas ni otras
que se hayan perdido.
También es cierto que no te
corresponden las armas de ningún
guerrero caído en el furor de la
batalla.
Atenea por disimular, hoy no
está, o no responde.
No te ha envejecido para
disimular sino que eres viejo
ahora por tiempo y abandono.
8
Ya nadie, en verdad cree ti; ya
nadie confía.
Tampoco eres héroe, ni un santo,
ni te asiste la virtud de la
adivinación, ni el ingenio ya es
tu fuerte como ocurría con el
divino Ulises.
Hermes alado ni se le ocurre
jamás pasar por estos lugares.
Al parecer tampoco existe. Y si
llega ya pasó su hora.
9
Estás abandonado por la
eternidad.
Cae la noche en el horizonte y
no hay luz.
Ni claridad que parpadee, menos
una leve esperanza que titile
allende en el horizonte en la
noche estéril.
Un sonido, un carraspeo, un
aroma, por mínimo que fuera, nos
salvaría.
¿Adónde ir? No lo sabes. Y, sin
embargo, tú eres quien aún
conduce la nave.
10
Ahí es cuando recuerdas el lar
natal que se dibuja en el alba
ornada de diamantes.
Es cuando recuerdas el flautín
del pastor de cabras. Y es lo
que te salva.
Su recuerdo acrisolado que
parecía estaba yerto en tu alma.
Es cuando aparece en el
horizonte aureolado y luciendo
sus mejores galas el lucero del
alba y en el horizonte Ítaca
envuelta en la neblina de honda
esperanza Y es el mar el que te
arroja hacia su orilla.
Es cuando has llegado a puerto,
desde el origen desde el cual
partiste. Es cuando el viejo
pastor que sabía la herida de tu
nacimiento te reconoce.
Y más aún por el pan, la leche y
miel que pruebas y lloras
consolado a tu agitado y aún
fuerte corazón.
DOS MANOS UNIDAS
1
Por eso, es un milagro dos
miradas que se encuentran o dos
manos que se juntan, ¡que no
importa que no sepan el prodigio
en que viven!
No interesa si suponen o no los
cataclismos, maremotos y tifones
que ambas han tenido que vencer
para que lleguen a esta hora en
punto, a encajar una mano en el
cuenco de la otra. Y no interesa
que ignoren que se hundirán para
siempre en la noche que nos
espera hasta la eternidad de los
tiempos.
2
Las dos manos juntas tampoco se
percatan de los peligros que las
acechan:
por encima de ellas y por
debajo. En realidad en todo
sentido.
Así, él y ella conversan
naturales y simples.
Sin que nadie les avise que hay
un abismo encima y al pie de sus
dos manos entrelazadas.
Erigidas por un breve instante
frente a tanta ruina y
catástrofe, frente a tantos
barcos hundidos y aviones que
explosionan en el aire.
¡A caminos que juntan ¡es
cierto!
pero que también cortan,
separan, escinden y dividen!
3
Dos manos indefensas que mezclan
sus latidos, como el temblor
acompasándose en sus venas, y en
el pecho la voz que emerge
límpida para nombrarse con
ternura.
Es tan mínimo este prodigio
cuando dos manos permanecen
siquiera un instante unidas, que
de ello depende todo: que el
mundo se salve para siempre o
ruede indetenible hacia el
vacío, el olvido y la nada
definitiva.
4
¡No!, es por eso que no se
hundirá el mundo en el oscuro
torrente de la noche que lo
asedia, en donde todo cae y se
pierde.
No se hundirá si es que dos
manos permanecen unidas. Solo
ellas dos pueden redimir
eternamente con que se junten
esta tarde la suerte del
universo entero. Y más si es en
esta esquina donde te evoco y te
reclamo tanto, amor mío.
INSTITUTO DEL LIBRO Y LA
LECTURA INLEC DEL PERÚ
Y CAPULÍ, VALLEJO Y SU TIERRA
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Gentileza:: danilo Sanchez Lihon
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