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47 años de analfabetismo en
Cuba
por Azanza
Telletxiki
El primero de enero de 1959,
el Gobierno revolucionario
heredó, por parte de la tiranía
derrocada, una realidad poco
halagüeña en cuanto a materia de
educación se refiere: el
analfabetismo afectaba a más del
25% de la población –el 42% en
las áreas rurales- y el 55% de
los niños y niñas no tenía una
escuela primaria para asistir a
ella. Por si esto fuera poco, el
número de maestros disponibles
en todo el país tampoco era muy
elevado. Buena parte de ellos,
además, por desempleados,
estaban desvinculados de la
profesión.
Urgía, pues, dar una respuesta
contundente a tan grave
problema. Así, el 26 de
septiembre de 1960, durante su
intervención ante la Asamblea
General de las Naciones Unidas,
Fidel se comprometió a erradicar
en el transcurso de 1961 el
analfabetismo en Cuba; promesa
que, como otras muchas
realizadas por el Jefe de la
Revolución, se cumplió de manera
satisfactoria al ser proclamada
Cuba, el 22 de diciembre de
aquel año, Territorio Libre de
Analfabetismo.
La victoria, en aquella batalla,
fue posible gracias a la
inteligente utilización de una
herramienta imprescindible en
casos semejantes: la
movilización del pueblo.
Efectivamente, la Campaña
Nacional de Alfabetización en
Cuba fue una auténtica epopeya
popular en la que participaron
voluntariamente más de 300.000
personas, que contribuyeron con
su ingente esfuerzo a que más de
700.000 cubanos y cubanas
aprendieran a leer y escribir.
Bajo el lema martiano de “Si
sabes enseña. Si no sabes
aprende”, la fuerza
alfabetizadora estuvo integrada
por 121.000 alfabetizadores
populares, 100.000 brigadistas
“Conrado Benítez”, 15.000
brigadistas “Patria o Muerte” y
35.000 maestros, más los cuadros
políticos y los trabajadores
administrativos de la campaña.
Esta hermosa e impresionante
campaña, sin embargo, no estuvo
exenta de tremendas
dificultades. El 26 de noviembre
de 1961, Manuel Ascunce Domenech
–joven habanero de dieciséis
años que enseñaba a leer y
escribir en las montañas del
Escambray- fue torturado y
ahorcado por bandas al servicio
de la CIA que, orientadas por
ésta, sembraron el terror con el
perverso propósito de sabotear
la campaña. Junto a su cadáver
se halló el del campesino y
miliciano Pedro Lantigua Ortega,
su alumno. Y este no fue el
único caso. Anteriormente, el 5
de enero de 1961, fueron
asesinados el maestro voluntario
Conrado Benítez García y el
campesino Eliodoro Rodríguez
Linares, en las Tinajitas,
Trinidad, Sancti Spíritus.
Otro maestro voluntario, Pedro
Morejón, fue asesinado el 22 de
febrero en Los Arabos, Matanzas;
Modesto Serrano en San
Cristóbal, Pinar del Río, el 11
de septiembre; y el 22 del mismo
mes en El Jiquiabo, Santo
Domingo, Villa Clara, el
asesinado fue Tomás Hormiga, un
recién alfabetizado que
colaboraba estrechamente en la
campaña. El 3 de octubre,
también de aquel año, fue
asesinado el maestro Delfín Sen
Cedré, en la finca Novo, Quemado
de Güines, Las Villas; cuatro
días después, en la finca La
Luisa, también en Quemado de
Güines, los asesinos eligieron
como víctima a José Galindo; y,
luego de ser salvajemente
torturado, Vicente Santana moría
el 26 de octubre en Platanal,
Pedro Betancourt, Matanzas.
La Campaña de Alfabetización se
llevó a cabo en un período de
tiempo especialmente complicado
para Cuba revolucionaria, lo que
engrandece aún más, si cabe, el
éxito alcanzado. A primeros de
año, pocas semanas antes de
finalizar su mandato, el
gobierno norteamericano de
Eisenhower rompió relaciones
diplomáticas con Cuba –Kennedy
endureció aún más su postura-, y
no era difícil presenciar a
entusiastas revolucionarios
cavando trincheras o montando
guardia en lugares estratégicos
de toda la Isla. Pocas familias
tenían a todos sus miembros en
sus casas; y es que muchos de
ellos se hallaban cumpliendo sus
deberes de milicianos. La
agresión imperialista se sentía
inminente, y se vivía bajo
condiciones de guerra no
declarada. De hecho, en abril de
aquel mismo año se produjo la
invasión mercenaria por Playa
Larga y Playa Girón, cuyo
victorioso resultado de sobra se
conoce.
Pero ni las actividades
terroristas promovidas por la
CIA ni la citada invasión fueron
motivo suficiente para
interrumpir la Campaña de
Alfabetización, que con tanto
entusiasmo se llevaba a cabo en
todo el territorio nacional. A
este respecto y pocos días antes
de producirse la agresión
invasora, Fidel llegó a decir:
“El mérito de nosotros no está
ni estaría en rechazar cualquier
ataque contrarrevolucionario
sino en realizar al mismo tiempo
la Campaña de Alfabetización. El
hecho de derrotar a un enemigo
que nos atacara no tendría
mérito, o no sería enteramente
tan satisfactorio, si ellos
logran obstaculizar nuestra
campaña”. Y, sin descuidar su
defensa, el pueblo de Cuba no
escatimó esfuerzos en la
erradicación de una lacra que
hoy todavía afecta a más de 800
millones de personas en todo el
mundo.
La experiencia cubana no tiene
precedentes en América Latina;
sí continuidad por parte de dos
naciones que luchan por su
verdadera independencia y el
socialismo: Venezuela en 2005 y
Bolivia que, el pasado día 20 y
tras 33 meses de intenso
trabajo, fue proclamada por la
UNESCO Territorio Libre de
Analfabetismo.
Ambas naciones contaron con la
ayuda de Cuba –en el caso de
Bolivia también con la de
Venezuela-, que, además de
experiencia, aportó material,
método de alfabetización y
personal especializado.
Con el método cubano "Yo si
puedo" ya se han alfabetizado
cerca de 4.000.000 de personas,
y, producido en catorce
versiones, actualmente se
utiliza en 28 países
pertenecientes al continente
americano, asiático y africano,
con la debida asesoría del
personal cubano que la
aplicación del método requiere.
Cierto que entre la erradicación
del analfabetismo en Cuba y la
de Venezuela han pasado muchos
años, pero, aunque el interés de
los gobiernos es muy importante
para la alfabetización de sus
pueblos y algunos todavía no lo
han mostrado, el actual panorama
latinoamericano invita a pensar
que a Cuba, Venezuela y Bolivia
pronto se unirán otros países
hermanos.
Fuente: Rebelión
Gentileza:: Boletín especial
sobre el acontecer internacional
relacionado con nuestro país.
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