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El silencio: Una comunicación
entre lo imperativo y lo
deductivo
*Reinaldo
Villegas Astudillo
No habíamos reparado en esta
situación comunicativa que se da
diariamente entre ciertos
hablantes, la cual se presenta
en la realidad contemporánea más
de lo que uno se imagina. Cuando
el emisor se queda callado y no
da respuestas, está proyectando
una información, que por algún
motivo no quiere evidenciar
plenamente .Esto ocurre, con
mucha frecuencia en la vida
cotidiana y actual..
Este silencio, lo
experimentamos, primeramente,
durante más de cien días en
tiempo irregular de nuestra
patria nativa chilena,
específicamente en época
dictatorial, cuando fuimos
abruptamente conculcados de la
libertad republicana, por casi
unos tres meses. La única
información, explícitamente
recibida, fue cuando la fuerza
castrense en connivencia con
sectores civiles masónicos,
integrantes de la Universidad
Técnica del Estado, sede
Copiapó, confabuló para hacer
desaparecer a un núcleo
incipiente de la U. Católica del
Norte, cuya sede principal se
encontraba en Antofagasta, la
cual en su escudo portaba la
figura de una cruz. Al finalizar
mayo de 1975, nos señalaron que
quedábamos detenidos a
disposición de las autoridades
militares por supuestas
actividades atentatorias
surgidas, indudablemente, en la
mente enfermiza del teniente
coronel, jefe omnímodo de la
región de Atacama, quien
empezaba a configurar el llamado
Plan "Lobo Azul", donde
incorporaría más tarde a
estibadores de Chañaral, mineros
del cobre de Potrerillos,
miembros de la etnia de changos
de Caldera y por supuesto "los
intelectuales" docentes
universitarios copiapinos,
quienes en la realidad nos
conocimos con los "indiciados
confabuladores" en el propio
recinto carcelario, lo que con
posterioridad fue referido por
los principales órganos
periodísticos de Santiago,
especialmente "El Mercurio".,
que incluso nos dedicó hasta un
Editorial y en algunas
informaciones se indicaba que en
conjunto nos habíamos organizado
para atentar contra la ciudad y
hacerla desaparecer, y que
gracias a la acción del
enfermizo teniente coronel, "tal
operación subversiva" había sido
desbaratada..Este ser real, que
pareciera de ficción, desde hace
unos tres años está privado de
la libertad, residiendo en una
cárcel-tipo resort, porque
cuando llegó al grado de
general, siendo director da la
DIM, fue uno de los autores
intelectuales del abominable
crimen de los degollados, donde
se encontraba el destacado
sindicalista, presidente de los
Empleados Públicos de Chile,
Tucapel Jiménez.
A partir, de esa información
entregada por oficiales, que
pudieron ser mayores o
capitanes, no hubo más
comunicación, con participación
del receptor. En adelante,
predominó el silencio, que al
final, se convirtió en muy
decidor y que sólo lo empezamos
a captar por indicios e
intuiciones, además de los
análisis que los cinco docentes
prisioneros hicimos en la Cárcel
de Copiapó y luego, en el
recinto de presos políticos de
"Tres Alamos". El primer día,
mientras esperábamos ser
interrogados y permanecíamos en
una sala de guardia militar,
sólo por esa intuición que
empezamos a desarrollar,
descubrimos que otro detenido
grandilocuente que pretendía
saber de nosotros, no era más
que un burdo infiltrado, el cual
fracasado en sus intentos, lo
vimos con posterioridad en sus
labores habituales de soldado
dentro del regimiento. Pero,
quizás el momento culminante fue
la decisión del Teniente-
Coronel, después de estar dos
meses encarcelados en Copiapó y
ya liberados por la propia
Justicia Militar, con sede en
Antofagasta, decidió enviarnos a
"Tres Alamos", para que nos
recibiera la DINA :En el día
anterior a este hecho, sólo por
reflexiones nuestras, y haciendo
un ejercicio intelectual, "nos
pusimos dentro del
desequilibrado cerebro del
teniente-coronel". Y
efectivamente, acertamos:
Primero, nos solicitaron la
renuncia a nuestro cargo, en un
predio agrícola que pertenecía
al Ejército, donde llegó
Valderrama, un oscuro teniente
de la DIM, acompañado de unos
cinco soldados fuertemente
armados, a fin de que
firmáramos, "sin chistar", la
renuncia a la U. del Norte,. por
cuanto el Juzgado Militar
antofagastino había determinado,
después de sesenta días de
cautiverio, que éramos inocentes
de las acusaciones del enajenado
teniente-coronel y podíamos
hasta reincorporarnos a nuestras
responsabilidades
universitarias.
Más adelante, se dio el segundo
paso que ya habíamos deducido
frente a este silencio macabro:
El traslado a la capital, sin
saber adónde, pero que al final
se concretó a "Tres Alamos",
aunque íbamos consignados para
la DINA, la cual por el exceso
de trabajo que tenía en la
capital, determinó que nosotros
ya habíamos sido investigados,
escapándonos así del siniestro
"Cuatro Alamos", donde el
torturador -jefe era Osvaldo
Romo, quien por ese tiempo,
hacía de las suyas con hombres y
mujeres prisioneros. De esta
suerte, nos felicitamos con
nuestros colegas por habernos
convertidos en receptores
activos de silencios y más
silencios.
Ese silencio, recientemente
descrito, es el que han manejado
tanto sátrapas y dictadores en
"Nuestra América", como diría
Martí. Sin embargo, tal vez
estas modalidades, ajenas a
nuestro ser libertario,
permanecen en los pueblos
después de años de coerción y de
vejación. Es una de las
secuelas, que hemos denominado
"no visibles" y que han
permanecido en el inconciente de
nuestras comunidades. Ya no se
trata de elementos visibles,
como la tortura que deja
secuelas para toda la vida o el
lenguaje por ejemplo, donde hay
un conjunto de palabras de
origen dictatorial que han
permanecido en el léxico, que en
alguna oportunidad se impuso.
Consideramos que el silencio es
el más notorio , como por
ejemplo el transitar por las
calles, por el metro o en el
bus, más en silencio y en afanes
de observador del otro, por
cuanto se impuso la desconfianza
y no se observa tan a menudo el
chiste, la talla o el de
comunicarse, abiertamente. que
era tan propio de nuestra
idiosincrasia en tiempos
pretéritos republicanos.
En estos últimos tiempos, hemos
vuelto a sentir estos "silencios
decidores".Por ahí, descubrí a
una ex-compañera de la
Universidad juvenil.
Intercambiamos varias
comunicaciones por Internet,
donde me alcanzó a informar de
otros condiscípulos a quienes no
he visto desde hace unos
cuarenta años, aproximadamente.
Pero de repente, surgió el
silencio. Me puse a analizar que
podía haber ocurrido hasta que
al final encontré el posible
motivo. Me adentré tanto en el
pasado, que la visualicé como la
excelente alumna que era, a una
edad de 18 ó 19 años,
recordándole un suceso festivo
de esos tiempos. Y eso bastó,
para que no me escribiera más.
Los años han pasado, velozmente
hasta unas seis décadas, y creo
que el humor y el modo de ser
cambian en algunas personas,
quienes se ponen muy adustas y
conservadoras en la época de los
hijos mayores y de los nietos y
aquí es donde siempre recuerdo,
cuando me sucede esto, aquellos
versos inmortales del "Martín
Fierro", del relevante escritor
argentino José Hernández cuando
dice: "La vaca se olvida de que
fue ternera".
Últimamente, me ha ocurrido con
otros amigos recientes y de
antaño. Hay más de dos que no
responden a mis misivas. Estoy,
casi convencido que el único
motivo deben ser algunos de mis
escritos, los cuales
indudablemente hasta el día de
mi desaparición física estarán
marcados por la tragedia
existencial, que tuve a los 34
años de edad de caer en mano de
malignidades que asaltaron
nuestra tierra vernacular y a la
cual nos opusimos, manteniendo
en alto esos valores libertarios
y republicanos, que nos dio la
propia patria desde que vinimos
al mundo. Sólo, quien haya
pasado por esas experiencias
comprende cabalmente estas
prácticas anti-humanas y luego
el desarraigo, prácticamente
obligado, porque nos exoneraron
de toda actividad laboral y nos
convirtieron en plena juventud
en la llamada "generación
perdida".Lo único que
pretendemos, ahora, en este
plano es contribuir a la
preservación de la patria lejana
sobre todo para las nuevas
generaciones, para nuestros
descendientes, a fin de que
cuenten cada vez más con una
República enriquecida de
valores, bien sustentada y muy
blindada ante cualquier atentado
anómalo que pudiera surgir, de
mentes retorcidas, de unos
cuantos ex colaboradores de la
Dictadura, hoy disfrazados de
demócratas.
Los silencios son desagradables
y a veces peligrosos. Se hace
necesario que seamos más francos
y auténticos y se profundice el
diálogo cabalmente -y como dicen
los textos de comunicación desde
los tiempos de los griegos,
partiendo de Sócrates y
Aristóteles- que se respete al
receptor, en la medida que el
emisor sea muy claro y profundo,
a fin de lograr los más
relevantes y felices objetivos,
porque la vida terrena se nos va
muy fugazmente, y el otro,
desvalido y desventurado por la
existencia- nos solicita
constantemente una mirada, un
gesto de expresión benévola, una
ayuda cualquiera que sea, y muy
significativamente, una palabra
plena de amor y de solidaridad.
*Escritor chileno radicado en
Venezuela, desde 1976.
Gentileza:: Reinaldo Villegas
[odlanier09@gmail.com]
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