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Entrevista a China Zorrilla y
Carlos Perciavalle
Facundo
García.
Página 12
CELCIT-Argentina.
(ARGENTINA.) "Hay que
recuperar un poco de ingenuidad
y de alegría" Casi un cuarto de
siglo después de haber
presentado en público El diario
privado de Adán y Eva, la dupla
sigue reponiendo el espectáculo,
ahora en la Costa Atlántica.
Dicen que "nunca como ahora, el
hombre necesitó que le recuerden
que existen la risa y la
capacidad de soñar".
Presentaron la misma obra en
1985, la repusieron en el '95 y
–luego de más de una década– la
retomaron. ¿Qué tiene El diario
privado de Adán y Eva para que
China Zorrilla y Carlos
Perciavalle vuelvan a
interpretarla como si fuera un
ritual de paso o una
confirmación de que están vivos?
Quien quiera averiguarlo por sí
mismo puede ir hoy a las 23 al
Teatro Atlas de Villa Gesell
(Paseo 108 entre 3 y 4); o los
lunes a las 22 al Teatro Atlas
de Mar del Plata (Luro y
Corrientes). Pero mientras
descansan de los hechizos del
escenario, ellos tienen sus
propias teorías sobre la pasión
que los une.
China, con su perrita Flor en
mano –e interrumpida
permanentemente por fans que se
deshacen por intercambiar un par
de confidencias–, es la primera
que trata de explicar la
reunión. "Es una pieza que se ha
vuelto nuestra –reconoce–. La
primera función que hicimos fue
la noche de teatro más mágica de
mi vida. Estábamos al aire libre
en la casa de Carlos, frente a
un lago y entre cipreses
inmensos. Empezamos a actuar de
día y a medida que transcurría
la obra comenzó a caer la noche.
Los reflectores, que habían sido
colocados en lo alto de los
árboles, largaban su luz por
entre las hojas. Como si fuera
poco, cuando estábamos hablando
de la soledad del paraíso
terrenal, se empezó a escuchar
el chapoteo de un nadador que
pasaba por ahí. Fue de esas
veces en que cada detalle
colabora a la perfección. Al
terminar, hasta vimos gente
llorando." –¿Por qué volver
ahora, en Mardel?
Zorrilla: –Han pasado treinta
años de aquella tarde, y
pareciera que el mundo perdió la
fe en estas cosas mágicas. No
les da lugar. Hoy sobre las
tablas las palabras se usan de
cualquier modo –y no es que me
escandalice, Carlitos no tenía
límites en su época de Café
Concert–, pero hoy todo es tan
carente de fantasía y sugerencia
que lo que nosotros proponemos
va en dirección contraria. Es un
poco de ingenuidad y alegría. Es
más: al principio parece un
cuento para chicos. Hay que
recuperar eso. Nunca como ahora
el hombre necesitó que le
recuerden que existe la risa y
la capacidad de soñar.
Perciavalle: –Estamos de acuerdo
en pocas cosas. Ahora: las pocas
cosas en las que estamos de
acuerdo nos ligan de modo
impresionante. Siempre
comentamos que vamos a
representar este trabajo por
siempre. Y otro factor que nos
moviliza para seguirla es que el
texto sigue vigente. Es la
historia de un hombre y una
mujer. Una pareja, la primera.
Quién no se identifica con eso.
Coincido con China: no es una
obra "pícara" en el sentido
erótico. Sí hay sentimientos,
como cuando Eva empieza a sentir
"extrañas sensaciones" hacia
Adán. El eje va por ese lado.
El diario... es el resultado de
una receta exquisita. China
consiguió The Apple Three, una
versión teatral de El diario de
Adán y Eva de Mark Twain. A ese
original, Zorrilla le cambió las
canciones –pocos espectadores
saben que la uruguaya es una
compositora más que respetable–
y propuso doce temas que esta
temporada cuentan con el aporte
del pianista Matías Piégari. A
eso hay que añadir la química
insólita que hay entre los dos
protagonistas, que viene de muy
lejos. "En todas las etapas, aun
cuando no hemos podido vernos
–repasa Perciavalle–, nos
preocupamos por ubicar con el
otro como fuera. Hemos llegado a
ensayar por teléfono para lograr
presentar un trabajo en fecha
–mira a Zorrilla, que le
responde con una carcajada–. ¿Te
acordás de George y Margaret?
Era un encargo para la
televisión. Yo estaba en Buenos
Aires y ensayábamos justamente
por teléfono. Al momento de
grabarla, resulta que salió
perfecta." Y cómo olvidarse de
la alocada etapa en Estados
Unidos. Ambos se integraron a
una de las épocas más vivaces
del país del norte, nada menos
que desde sus aventuras en los
teatritos de Nueva York. China:
"En aquel momento ya nos
llevábamos bárbaro. Te estoy
hablando de principios de los
sesenta. Hicimos Canciones para
mirar con un éxito arrasador.
Vinieron incluso de la revista
Life a hacernos una nota y me
quedó grabado que el fotógrafo
se disculpara porque había
andado medio complicado. Le
habían encargado hacerles fotos
a unos ingleses, se quejó. Era
la primera visita de los Beatles".
–¿Salieron en la misma Life que
los Beatles?
Perciavalle: –Sí. En ese número
está una nota sobre el primer
paseo espacial, después nosotros
y Los Beatles. Qué tal. En la
agenda del fotógrafo de Life, él
había puesto "a la mañana
Beatles, a la tarde Perciavalle
y Zorrilla". Tiempo después me
acerqué a la redacción de Life y
pregunté por el fotógrafo, para
pedirle esa hoja de su agenda en
la que yo había visto escrito
eso, ¡Y el tipo la tenía! De
modo que le saqué una fotocopia
y la guardo con gran orgullo. La
verdad que fue la época más
linda del siglo XX. Tan linda
que cuando la contás, la primera
reacción de los demás es no
creerte.
Zorrilla: –¿Te acordás? Estaban
los hippies con pelo largo, con
sus novias que siempre estaban
embarazadas y llenas de hijitos.
Se te acercaban y te pedían que
te rieras a cambio de una flor.
Imaginate vos. Venías de
trabajar un montón y se te
aparecía uno de ésos. Ja. Yo me
reía y el tipo me daba el tallo
y me respondía "ahí está, qué
linda risa tiene. Sólo quería
verla sonreír". No trabajaban,
no hacían nada, eran adorables.
Era como ver una comedia musical
en plena calle.
–¿Vivieron juntos?
Perciavalle: –¡En feliz
concubinato! En Nueva York
vivíamos muy cerca, y otras
veces hemos compartido
departamento. No tenemos
problemas, los dos somos muy
ordenados.
–Más allá de coincidir en el
orden... ¿nunca se enamoraron?
Zorrilla: –¡Ey! Yo le llevo
veinte años a Carlitos.
Perciavalle: –Diecinueve. Cómo
te encanta agregar, China.
Cuando me descuide vas a
terminar jurando que me llevás
doscientos años. Yo opino que es
una forma de amor lo que
tenemos. Quien está cerca de
ella y no se haya enamorado un
poco es porque es alienígena. Es
un ser superior.
Ha pasado una eternidad desde
aquellos veranos de Flower Power.
Sin embargo, un resto del aroma
de las flores que regalaban los
barbudos debe haber quedado en
el corazón de los entrevistados,
porque a lo largo de la
conversación retornarán a esos
paisajes sesentosos que la
sociedad de consumo, las drogas
duras y la violencia fueron
marchitando. De aquellos
episodios compartidos van
sacando un anecdotario que
catapulta lo pasado para darle
nuevo sentido a lo que harán esa
misma noche. "En definitiva,
también nosotros intentamos que
la gente esté más alegre –asocia
China–. Si dos personas pueden
conseguir que todos los días en
una ciudad se rían durante una
hora y media trescientas o
cuatrocientas almas, yo confío
en que aportan para el bien. No
te voy a hacer olvidar de tu
pobreza, pero vas a hacerle un
paréntesis. Y es fundamental que
esa posibilidad no se niegue:
como dice el refrán, las dos
máscaras del teatro son del
mismo tamaño; y por más que no
se reconoce el esfuerzo de hacer
comedia, es lo que la realidad
más está necesitando. Disculpame
un segundo." La pantalla del
hotel muestra a Obama a punto de
asumir su mandato, y la actriz
se obnubila. "A mí se me cae la
baba de felicidad –se sincera–.
Dios mío, qué nos queda por ver
de inesperado. Ojalá este hombre
pueda estar a la altura de la
esperanza que han puesto en él
los que lo hicieron ganar tan
arrolladoramente." –Va a ser
complicado, le tocan tiempos
tormentosos. Desde el punto de
vista religioso, por ejemplo.
Pensando en El diario..., uno se
pregunta si regresar a un tema
bíblico en esta época de
enfrentamientos los afectó en
alguna medida...
Zorrilla: –Es que el debate es
más sencillo. Lo único que la
gente no hace es lo que Dios más
nos pidió, que es amar al
prójimo. ¡Es tan obvio eso! Tan
natural como que un buen
gobernante no puede considerarse
tal si queda un solo humano con
hambre. Yo estoy un poco
pesimista, no obstante todavía
confío en que tiene que haber un
camino para aclarar conceptos
que nos dejen convivir. Y el
arte puede ayudar: dos por tres
me quedo pasmada porque viene
uno y te hace una apreciación
sumamente inteligente sobre el
espectáculo. Bueno, resulta que
entre charla y charla te hacés
medio amigo –algunos van tres
veces y más a las funciones– y
después descubrís que no se
animan a invitarte a sus casas
porque son pobres. Yo suelo ir,
y encontrar cuchitriles en los
que vive un hombre inteligente,
que se sacrificó para ir, que me
comentó mi trabajo igual o mejor
que el crítico más prestigioso.
Entonces pienso, por un lado,
cómo necesita ese tipo del
teatro; y por otro, qué injusto
que es que deba soportar eso.
Detrás de todas las violencias
que tanto asustan a ciertos
sectores, lo que hay es una gran
desigualdad.
Perciavalle: –En cuanto al tema
religioso, yo soy budista.
Medito. Respeto a todos y creo
que la solución está dentro
nuestro. El día que descubramos
que el cielo y el infierno están
en nuestro interior van a
cambiar las cosas.
–Ya que Adán y Eva están en el
paraíso, ¿me cuentan cómo sería
el paraíso de ustedes?
Zorrilla: –Igual que el mundo en
el que vivimos, pero sin esas
injusticias que te comentaba. El
resto, idéntico. Que crezcamos,
que envejezcamos. Nada de eso
está mal. Cuando te hacés viejo
descubrís los encantos de
envejecer.
–¿Cuáles serían los encantos de
envejecer?
Zorrilla: –Envejecer es cambiar
de gustos. Yo veía mi agenda de
un sábado a la noche, y si no
tenía nada me quejaba. Hoy, en
cambio, me da un gran placer
quedarme. Estar en mi casa sola
es igual que un safari africano,
poniéndome al día con la
correspondencia, escribiendo,
mirando una película. No te das
una idea de lo entretenido que
es para mí.
Perciavalle: –Yo tengo dos
paraísos. Uno es mi casa de
Punta del Este y el otro lo he
construido en mi interior.
–Tienen aplausos, prestigio,
cierta posición económica. ¿Para
qué siguen rompiéndose el alma
ahí arriba?
Zorrilla: –Vivimos haciendo lo
que nos gusta. Y nos gusta tanto
que afortunadamente lo hacemos
cada vez mejor y cada vez nos
pagan más. Es una adicción. Si
yo miro mis planes para una
semana y no hay funciones, me
decepciono. Es muy difícil de
expresar. Quizá sirva asegurarte
que si yo fuera millonaria,
seguiría haciendo esto.
Perciavalle: –Eh... yo soy
multimillonario y hago esto.
Facundo García. Página 12. 27 de
enero de 2009
CELCIT-Argentina.
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