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Si la educación rural hiciese
"los deberes de casa..." los
problemas de la agricultura
estarían solucionados
Polan
Lacki
(Brasil).-
En el mundo globalizado
existe un macro factor que, al
final de cuentas, determina el
éxito o el fracaso de los
productores rurales; todos los
demás factores, reales o
imaginarios, son menos
importantes. Este macro factor
se llama eficiencia, dentro y
fuera de las tranqueras de los
predios. Para confirmarlo, basta
observar que los agricultores
que ya son eficientes, tienen
rentabilidad, son competitivos y
sencillamente no necesitan de
ayudas paternalistas. Los que
tienen más problemas, son más
dependientes y vulnerables,
coincidentemente, son los más
ineficientes. En América Latina,
los gobiernos no tienen y
tampoco tendrán en un futuro
previsible, condiciones de
compensar las ineficiencias de
esos agricultores a través de
subsidios y otras ayudas
paternalistas. Insistir en la
generalización y “perennización”
de esas compensaciones
significaría perder tiempo, pues
tal posibilidad es nula. En vez
de subsidiar a los ineficientes,
deberemos educarlos para que
ellos mismos se transformen de
ineficientes y dependientes en
eficientes y emancipados. Sin
embargo, solo tendremos éxito en
este propósito emancipador si
abandonamos los eufemismos y
enfrentamos, con determinación y
coraje, la "causa de las causas"
que está originando las
ineficiencias de estos
agricultores. Esta causa está
dentro del sistema de educación
rural, es decir, en las escuelas
fundamentales rurales (del
primero al octavo o noveno año),
en las escuelas agrotécnicas, en
las facultades de ciencias
agrarias y en los servicios de
extensión rural.
Una verdad que debe ser dicha
sin "dorar la píldora"
La principal razón por la cual
esos agricultores están
fracasando económicamente es que
ellos no saben producir,
administrar ni comercializar con
eficiencia; no por culpa de
ellos, evidentemente. No saben
hacerlo porque, con honrosas
excepciones, el mencionado
sistema de educación rural no
proporcionó y sigue no
proporcionando a los
agricultores los conocimientos
adecuados a las necesidades del
mundo contemporáneo, el cual, al
ser altamente competitivo, exige
que los productores rurales sean
muy eficientes. Entonces, seamos
objetivos: si las principales
causas de los problemas de esos
agricultores están en las
ineficiencias del sistema de
educación rural, es allí que
deberán ser adoptadas las
medidas correctivas para
eliminarlas. Consecuentemente,
el referido sistema debe asumir,
com o suya, la tarea de corregir
sus debilidades e
imperfecciones. Deberá hacerlo
"desde abajo hacia arriba y
desde adentro hacia afuera", sin
esperar por macro decisiones
políticas y recursos
adicionales; porque algunas de
esas siempre deseadas "ayudas
externas" no son factibles de
ser proporcionadas por los
gobiernos y otras sencillamente
son prescindibles.
Propuesta estratégica:
Reemplazar las dispersas,
efímeras y excluyentes ayudas
paternalismo-dependientes por
una estrategia
educativo-emancipadora de
dependencias. Es decir, ofrecer
a los habitantes rurales una
educación, formal y no formal,
cuyos contenidos los educandos
puedan aplicar en la corrección
de sus propias ineficiencias y
en la solución de sus problemas,
con menor ayuda gubernamental,
pues esta es decreciente y para
la gran mayoría de los
agricultores, sencillamente es
inexistente.
Propuesta ejecutiva: Para llevar
a la práctica esta estrategia
educativo-emancipadora será
necesario adoptar las siguientes
medidas:
1) Exigir que las escuelas
agrotécnicas y facultades de
ciencias agrarias formen
extensionistas que tengan real
capacidad teórico-práctica de
corregir las ineficiencias de
los productores rurales, pues
ellas son las principales causas
de sus fracasos económicos. Esas
escuelas no pueden seguir
ignorando que, mientras se
quejan de la insuficiencia de
recursos presupuestarios, están
desperdiciando en gran parte los
que ya poseen, porque están
formando egresados para el
desempleo. Tampoco pueden
ignorar que, en gran medida, el
desempleo de extensionistas
existe porque sus egresados no
responden a las necesidades de
los empleadores y de los
agricultores. Esto significa que
la principal causa de ese
desempleo no necesariamente es
la demanda insuficiente del
mercado laboral, sino la oferta
inadecuada de las escuelas
agrotécnicas y facultades de
ciencias agrarias. En verdad, la
agricultura del mundo
contemporáneo está "pidiendo a
gritos" una enorme cantidad de
extensionistas "correctores de
las ineficiencias y
solucionadores de los problemas"
existentes en el campo; sin
embargo, la oferta educativa no
está siendo capaz de satisfacer
tal demanda. Esto ocurre, en
primer lugar, porque las
"recetas" que esas escuelas
están enseñando no son
compatibles con los
"ingredientes" que la mayoría de
los agricultores posee; en
segundo lugar, porque la
educación que los educandos
están recibiendo es
excesivamente teórica, con
mínimas oportunidades para que
los alumnos desarrollen la
creatividad y las habilidades
prácticas. Esas escuela s en vez
de aburrir a los alumnos con
excesivos e irrelevantes
contenidos teóricos en las
aulas, deben enseñarles a
producir, administrar y
comercializar con eficiencia,
produciendo, administrando y
comercializando con eficiencia.
Y deben ejecutar este "enseñar y
aprender haciendo"
preferentemente allá donde
ocurren los problemas, es decir,
en las fincas, en las
comunidades, en las
agroindustrias y en los mercados
rurales. Esas habilidades
prácticas deben adquirirlas
mientras están en las escuelas y
no, como ocurre con demasiada
frecuencia, varios años después
de egresados, a cuesta de los
errores que cometen con los
agricultores.
2) Exigir que las escuelas
fundamentales rurales "agriculturalicen"
y "ruralicen" sus contenidos
educativos; que proporcionen a
sus alumnos una educación que
desarrolle sus potencialidades
latentes y que eleve su
ego/autoestima/auto
confianza/deseo de superación.
Una educación que los energice y
"les dé poder" para que
adquieran la voluntad y la
capacidad de corregir, ellos
mismos, los errores que los
habitantes rurales cometen en
sus hogares, en sus fincas y en
las comunidades rurales. Al
egresar de las referidas
escuelas fundamentales, los
jóvenes rurales deberán:
i) estar conscientes de que
ellos mismos pueden y deben
asumir una mayor partici-pación/parcela
de responsabilidad/compromiso en
la corrección de las
ineficiencias y en la solución
de los problemas que ocurren en
el medio rural;
ii) poseer la motivación y las
competencias (conocimientos,
habilidades y actitudes) que les
permitan asumir, con eficiencia,
este nuevo y fascinante desafió
del auto-desarrollo;
iii) estar aptos a buscar,
seleccionar y adquirir nuevos
conocimientos para mantenerse
siempre actualizados.
3) Exigir servicios de
asistencia técnica y/o de
extensión rural – SATER - que:
En primer lugar cuenten con los
extensionistas cuyo perfil fue
descrito en el punto 1; con
aptitudes y actitudes más
pragmáticas y pro-activas que
les permitan:
i) diagnosticar las causas de
los problemas de los
agricultores, priorizando
aquellas que puedan ser
eliminadas por ellos mismos;
ii) identificar las
potencialidades y oportunidades
existentes en las fincas;
iii) identificar y corregir las
ineficiencias "corregibles" por
los productores rurales y
solucionar los problemas que son
solucionables por los propios
agricultores. Extensionistas que
identifican causas que no pueden
ser eliminadas por los
productores rurales, que
solicitan recursos externos
antes de utilizar racionalmente
aquellos que los agricultores ya
poseen, agentes de cambio que en
vez de solucionar, ellos mismos,
los problemas reivindican que
otros lo hagan, son
extensionistas improductivos y,
por este motivo, serios
candidatos al desempleo.
En segundo lugar, que esos
agentes de extensión dispongan
de medios (vehículos,
combustibles, viáticos, etc.)
para que puedan permanecer en
las comunidades rurales. En
ciertos casos será necesario que
los ejecutivos de los SATER
adopten la medida drástica de
reducir sus estructuras
burocrático-operativas; y con
los recursos ahorrados ofrezcan
a los extensionistas los
referidos medios. Será mucho más
productivo mantener 50
extensionistas bien remunerados
y capacitados educando en el
campo, que mantener 100 agentes
mal remunerados, no capacitados
y desmotivados, burocratizando
en las oficinas, tal co mo,
desafortunadamente, está
ocurriendo hace más de 25 años
en la mayoría de los SATER
estatales de América Latina. Sin
embargo, para que esas
adaptaciones puedan ser
ejecutadas, será necesario "desestatizar"
los actuales SATER y delegar su
administración a instituciones
privadas sin fines de lucro,
como por ejemplo las
cooperativas y otras entidades
gremiales, no politizadas, que
genuinamente representen los
intereses económicos de los
agricultores; porque la rigidez
burocrática de los servicios
estatales y las nefastas
interferencias
político-partidistas,
sencillamente, impiden la
adopción de esas medidas
saneadoras y "eficientizadoras"
en los servicios estatales de
extensión rural.
Afortunadamente, muchas de esas
medidas correctivas pueden ser
adoptadas por los propios
profesores y extensionistas, en
muchos casos sin necesidad de
recursos adicionales ni de macro
decisiones políticas. Los
documentos incluidos en la
Página Web
http://www.polanlacki.com.br
describen y demuestran el "qué"
y el "cómo" los propios
educadores (profesores,
extensionistas y directores de
sus respectivas instituciones)
pueden hacer para volverse,
ellos mismos, más eficientes; y
cómo, a través de la sumatoria
de las eficiencias individuales,
pueden mejorar la eficiencia de
sus respectivas instituciones.
Si el sistema de educación rural
adopta apenas esas medidas "eficientizadoras"
y emancipadoras, de sus
educadores y de sus respectivas
instituciones, los principales
problemas de la mayoría de los
productores rurales estarán
resueltos; y, lo que es más
importante, serán solucionados
por las propias familias
rurales; sin paternalismo, sin
dependencias y sin
humillaciones. Sin embargo, si
esas medidas no son adoptadas –
no tengamos ninguna duda – todo
el discurso del desarrollo rural
con equidad, de los derechos
humanos, de la justicia social y
de la inclusión de los
excluidos, seguirá siendo una
ingenua manifestación de buenas
intenciones o, lo que es mucho
peor, una vergonzosa y
deplorable burla del sufrimiento
de los pobres rurales, pues el
paternalismo estatal demostró y
sigue demostrando que no tiene
condiciones de hacerlo.
Polan.Lacki@uol.com.br
Polan.Lacki@onda.com.br
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Gentileza:: Polan Lacki
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