|
Cómo escapar del fin del
mundo
Leonardo
Boff
Hemos llegado a tal cúmulo
de crisis que, todas conjugadas,
pueden poner fin al tipo de
mundo que Occidente ha impuesto
a todo el globo en los últimos
siglos. Se trata de una crisis
de civilización y de paradigma
de relación con el conjunto de
los ecosistemas que componen el
planeta Tierra, relación de
conquista y de dominación. No
tenemos tiempo para
subterfugios, medias verdades o
simplemente negación de aquello
que está a la vista de todos. El
hecho es que así como está, la
humanidad no puede continuar. De
lo contrario, vamos hacia un
colapso colectivo de la especie.
Es tiempo de balance ante la
catástrofe previsible.
Nos inspira una escuela de
historiadores bíblicos conocida
con el nombre de escuela
deuteronomista, derivada del
libro del Deuteronomio, que
narra la toma de Israel y la
entronización de jefes tribales
(jueces). La escuela reflexionó
sobre 500 años de la historia de
Israel -la edad que tiene
Brasil-, haciendo una especie de
balance de varias catástrofes
políticas ocurridas,
especialmente sobre la del
exilio babilónico. Sigue un
esquema, yo diría que casi
mecánico: el pueblo rompe la
alianza; Dios castiga; el pueblo
aprende la lección y reencuentra
el rumbo correcto; Dios bendice
y have surgir gobernantes
sabios.
Usando un discurso secular,
apliquemos, análogamente, el
mismo esquema a la presente
situación: la humanidad rompió
la alianza de armonía con la
naturaleza; ésta la castigó con
sequías, inundaciones, tifones y
cambios climáticos; la humanidad
aprendió lecciones de estos
cataclismos y definió otro rumbo
para el futuro; la naturaleza
rescatada favorece la formación
de gobiernos que mantienen la
alianza originaria de armonía
naturaleza-humanidad.
Ocurre que solamente una parte
de este esquema está siendo
vivida. Estamos aprendiendo
algunas lecciones de los
trastornos planetarios. Muchos
se dan cuenta de que tenemos que
cambiar los fundamentos de la
convivencia humana y con la
Tierra, organismo vivo que al
estar enfermo no consigue
autorregularse. Ese cambio tiene
que tener una función
terapéutica: salvar a la Tierra
y a la Humanidad, que se
condicionan mutuamente. Otros,
sin embargo, quieren continuar
por la misma ruta que los ha
conducido al desastre actual. El
hecho es que necesitamos
escuchar a quienes con
conciencia de la situación nos
están ofreciendo las mejores
propuestas. Éstos no se
encuentran en los centros del
poder decisorio del Imperio.
Están en la periferia, en el
universo de los pobres, aquellos
que para sobrevivir tienen que
soñar sueños de vida y
esperanza.
Una de estas voces es de un
indígena, el Presidente de
Bolivia, Evo Morales. El
escribió ahora en noviembre una
carta abierta a la Convención de
la ONU sobre cambios climáticos
en Polonia. Escuchando la
llamada de la Pachamama
proclama:
«Necesitamos una Organización
Mundial de Medio Ambiente y del
Cambio Climático, a la cual se
subordinen organizaciones
comerciales y financieras
multilaterales, para promover un
modelo distinto de desarrollo,
amigable con la naturaleza y que
resuelva los graves problemas de
la pobreza. Esta organización
tiene que contar con mecanismos
efectivos de implantación de
programas, verificación y
sanción, para garantizar el
cumplimiento de los acuerdos
presentes y futuros... La
humanidad es capaz de salvar el
planeta si recupera los
principios de solidaridad,
complementariedad y armonía con
la naturaleza, en contraposición
al imperio de la competición,
del lucro y del consumismo de
los recursos naturales».
Evo Morales es indígena de un
país pobre. Me temo que conoce
el desenlace de la triste
historia narrada por el libro
del Eclesiastés: «Un rey
poderoso marchó sobre una
pequeña ciudad; la sitió y
levantó contra ella grandes
obras de asedio. Había en la
ciudad un hombre pobre, pero
sabio, que podría haber salvado
la ciudad. Pero nadie se acordó
de aquel hombre pobre, porque la
sabiduría del pobre es
despreciada» (9,14-15). Que eso
no se repita de nuevo.
Gentileza::
refugioriogrande@aol.com
paginadigital |