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Lévi-Strauss y el
diente-de-león
Vilma
Fuentes
El Arca Digital
Cumple cien años el
reconocido antropólogo francés
Lévi-Strauss: se inquieta de
nuestra proliferación y de la
catástrofe del número creciente
de sociedades que desaparecen.
Claude Lévi-Strauss, nacido en
Bruselas el 28 de noviembre de
1908, es fundador de la
antropología estructural e
introductor a las ciencias
sociales del enfoque
estructuralista del lingüista
suizo Ferdinand de Saussure.
Comenta que le hubiera gustado
que su centenario pasara
inadvertido: le parece triste
glorificar la decadencia del
cuerpo y la mente. Como Anatole
France, se pregunta por qué la
vida no comienza con la vejez y
termina en la fuerza de la
juventud. Es ante todo un
espíritu curioso y profundo, que
habría deseado comprender el
secreto de la organización de
las sociedades humanas.
Su trabajo: hallar el común
denominador de los mitos en las
civilizaciones, pero también las
diferencias que parecerían
alejarlos.
Todavía hace unos años, en el
cruce de las calles de Sorbonne
con Ecoles, podía inclinar la
cabeza en signo de
reconocimiento y saludo a un
hombre empequeñecido por la
edad, pero aún erguido y
vigilante. Él asentía al
homenaje discreto de mi saludo
con un más discreto esbozo de
sonrisa: Claude Lévi-Strauss,
sin duda a la salida del Collège
de France, caminaba solo, sin la
molesta distracción que implica
un cortejo de admiradores ni el
ensimismamiento del pensador
encarcelado en la torre de
marfil.
El célebre antropólogo, que ya
no es necesario presentar, era
ante todo un espíritu curioso y
profundo, que habría deseado
comprender el secreto de la
organización de las sociedades
humanas. Cuenta que, joven,
durante un paseo en el campo,
observó un diente-de-león.
Fascinado por la compleja y
perfecta construcción de esa
modesta planta, la cual revelaba
la existencia de una estructura
rigurosa, pensó que las
sociedades humanas podían,
también, poseer una estructura
invisible y que su trabajo sería
descubrir esa estructura,
trabajo al que iba a consagrar
su vida.
Su ambición era elevar la
etnología a la altura de una
verdadera ciencia. Vasto
proyecto, que reconoce no haber
logrado. Acaso, Lévi-Strauss era
finalmente una naturaleza más
literaria que científica. Se
sabe que Tristes trópicos era en
principio el título de una
novela que abandonó, en cuanto
tal, al tomar conciencia que no
poseía las cualidades de Conrad,
autor que admiraba.
El homenaje que se le rinde en
su centenario, en el Museo de
Artes primarias –donde una sala
de teatro tiene su nombre,
presenta casi todas las facetas
de su rica personalidad.
Manuscritos, carnets de viaje,
dibujos, notas intercambiadas
con André Breton –con quien
viajó en el barco que los llevó
al continente americano huyendo
de la guerra mundial– películas,
fotografías, objetos y lectura
de sus textos por una centena de
intelectuales.
Lévi-Strauss habría preferido
que su centenario pasara
desapercibido: le parece triste
glorificar la decadencia del
cuerpo y la mente. Como Anatole
France, se pregunta por qué la
vida no comienza con la vejez y
termina en la fuerza de la
juventud.
De él mismo, Lévi-Srauss afirma
que no se piensa como un "yo",
alguien con recuerdos, una
identidad. Dice: "Soy más bien
un lugar, un simple lugar por
donde pasa el agua como por el
lecho de un río. Hace algunos
años, un investigador me
interrogó a propósito de una
época de mi vida: mis respuestas
fueron refutadas por frases
enunciadas por mí en ese
entonces". Acaso, ese olvido,
esa carencia de identidad, ha
servido a Claude Lévi-Strauss
para escuchar, ver, tratar de
comprender, la otredad buscada
en antiguas civilizaciones
sobrevivientes.
Este gran melómano ha explicado
su fascinación por la búsqueda
de la estructura del mito.
Encontrar en el relato, "sin
pies ni cabeza", de esas
historias que los hombres
repiten porque no pueden poder
explicar lo inexplicable: una
respuesta al enigma que no cesa
de dar nacimiento a un nuevo
misterio en el instante mismo de
su revelación. Hallar el común
denominador de los mitos en las
civilizaciones, pero también las
diferencias que parecerían
alejarlos. Lectura del mito
semejante al de una partitura de
orquestación, en la cual deben
leerse las notas al mismo tiempo
de izquierda a derecha y
verticalmente. Como si en un
futuro lejano, terminadas
nuestras civilizaciones, seres
de otras galaxias trataran de
explicarse qué vida posible hubo
en nuestro planeta, al tratar de
descifrar una azarosa partitura
musical.
Lévi Strauss, testigo viviente
de la explosión demográfica
actual, lejos de entusiasmarse
por el "progreso", se inquieta
de nuestra proliferación y de la
catástrofe del número creciente
de sociedades que desaparecen.
Se le reprocha su espíritu
conservador, pero ¿el estudio de
sistemas y el respeto de los
ritos más antiguos no es
indispensable a la vida de las
especies, comprendida la
nuestra, tan amenazada por su
desaparición?
Vilma
Fuentes / Escritora mexicana
Nació en Ciudad de México DF en
1949. Reside en París desde 1975
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