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Infancia secuestrada
Carlos A.
Miguélez Monroy**
Los padres dejan
huérfanos a sus hijos si se
convierten en sus 'colegas' y
secuestran su infancia si
presionan para 'convertirlos' en
lo que ellos no pudieron o no se
atrevieron a ser.
Dos jóvenes españoles esperan su
sentencia por insultar, golpear,
rociar con gasolina y quemar
hasta la muerte a una mujer sin
hogar que dormía en un cajero
automático. Mientras la falta de
límites y de referentes preocupa
a padres de familia, profesores
y jueces, otra corriente habla
de 'padres helicóptero' que
ejercen una 'hiperpaternidad'
asfixiante de proyecciones
frustradas.
Más que contradecirse, ambas
líneas se dirigen hacia un mismo
punto. La incapacidad de poner
límites desvela tanto
paternalismo y falta de
confianza en los menores como el
acoso a los jóvenes para que
sean lo que sus padres no
pudieron o no se atrevieron a
ser.
El magistrado español Emilio
Calatayud aporta criterios en
cuanto a la falta de límites y
Carl Honoré habla de la
paternidad aplastante en el
libro que acaba de publicar,
"Bajo presión. Cómo educar a
nuestros hijos en un mundo
hiperexigente". Ambos criterios
aportan claves para comprender
la violencia, la inseguridad, el
aislamiento y muchas conductas
llamativas de muchos jóvenes.
"Yo no soy colega de mi hijo ni
soy su amigo, soy su padre.
Además, si yo soy amigo de mi
hijo, lo dejo huérfano", dice el
juez Calatayud, que se considera
parte de una generación perdida.
"Hemos sido esclavos de nuestros
padres y ahora somos esclavos de
nuestros hijos".
Como en España, que ha superado
una etapa de autoritarismo
político y social, en las clases
media y alta de muchos países el
discurso se centra casi siempre
en los derechos y pocas veces en
los deberes de los hijos.
El filósofo español y profesor
de bachillerato José Antonio
Marina cuenta que un día se le
acercaron dos chicas jóvenes,
una de las cuales lloraba por la
separación de sus padres. De la
nada, la otra comenzó a llorar
también.
"¿Qué pasa? ¿También tus padres
se han separado?", preguntó él.
"No. Lo que pasa es que mis
padres no me quieren".
Extrañado, le preguntó cómo
había llegado a esa conclusión.
"Es que me dejan hacer lo que
quiera".
Por su parte, lo que en realidad
llevó a Honoré a publicar su
libro fue el "¿Por qué los
padres quieren controlar todo?"
que su hijo le espetó por la
insistencia para que tomara
clases particulares con el fin
de explotar su talento, cuando
todo lo que quería era dibujar
cómics o bocetos del futbolista
Ronaldo.
Los adultos han secuestrado la
infancia de los niños como nunca
antes, concluye Honoré. Siente
que fracasan si sus hijos sufren
y no brillan en alguna
actividad.
"Cuando el joven Mozart hizo
prodigios que se pusieron de
moda en el siglo XVIII, muchos
europeos educaron a sus propios
chicos con la esperanza de
conseguir niños prodigio. Hoy
día, sin embargo, la presión por
conseguir lo mejor de nuestros
niños parece que consume todo el
tiempo disponible", cuenta
Honoré.
Honoré añade otros puntos a la
reflexión. Por ejemplo, cuanto
más obsesionadas están las
personas con sus propios hijos,
menor es la solidaridad y el
interés por los demás. Por otro
lado, los padres se enfrentan al
marasmo de publicidad consumista
a la que sus hijos – y ellos
mismos – están expuestos. Esta
corriente pone el 'tener' y el
'ganar' por encima de todo y
promueve una cultura de
vencedores-vencidos en lugar de
una que premie el esfuerzo y el
mérito.
"Los niños necesitan
orientación, pero cuando cada
situación es programada,
estructurada o supervisada, se
paga un precio", añade. Además,
la sobreprotección por miedo a
que les suceda algo a los hijos
lleva muchas veces a
encerrarlos, lo que frena su
desarrollo psicosocial. Este
celo excesivo dispara la
obesidad, provoca depresión,
pérdida de confianza en uno
mismo y de autoestima.
Los niños no son a causa de sus
padres, sino un fin en sí
mismos, decía Francisco de
Vitoria. Un buen principio para
no ahogar a los hijos en la
abundancia de un mundo sin
límites o en la cárcel de las
frustraciones adulta
**
Periodista
http://www.ucm.es
http://www.ucm.es/info/solidarios/ccs.php?id=766&cat=46
Gentileza:: CCS
[ccs@solidarios.org.es]
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