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Profesores importados
por Alina
M. Lotti
La cobertura docente en los
preuniversitarios de La Habana
llama al deber
La frase brotó con
espontaneidad. "¡Profesores
importados!", fue lo primero que
dijo Yandy Valle, cuando supo
del interés periodístico acerca
de los docentes de otras
provincias que en la actualidad
laboran en La Habana, una de las
de mayor déficit de educadores.
El joven director del Instituto
Preuniversitario Vocacional de
Ciencias Pedagógicas (IPVCP)
Pedro Albizu Campos, de Güines,
lo dijo a manera de broma, que
movió al profesor camagüeyano
Juan Carlos Gómez, a subrayar:
"prefiero que nos digan maestros
contingentistas". Más allá de
una u otra definición, lo válido
es la tarea que estos hombres y
mujeres, procedentes de los más
diversos y lejanos municipios
del país, llevan adelante.
Orgulloso de dirigir este IPVCP,
donde también pasó los mejores
años de su vida como estudiante,
Yandy se siente estimulado al
dirigir el claustro que lo
acompaña en la estratégica y
difícil tarea de formar
educadores.
"De los 39 docentes, seis
proceden de otras provincias.
Son de Camagüey: Míriam Osorio,
Juana Columbié, Yeremi Rodríguez
y Madelín Despaigne; de Santiago
de Cuba tenemos a Mirlanis
Córdova; y de Guantánamo, a
Katerine Thaureaux, la que lleva
más tiempo en el centro, pues
este es su cuarto curso", afirmó
Yandy, de apenas 25 años.
El camagüeyano Juan Carlos,
ahora en Güines como metodólogo.
De Camagüey, la mayor tropa
Para algunas, el actual curso
escolar es continuación de la
misión, otras llegaron a La
Habana por vez primera. Sin
embargo, en Pedro Albizu Campos
se han unido como en una gran
familia, y ahora Míriam, Juana,
Yeremi y Madelín comparten el
trabajo, los ratos de ocio y
recreación, y se sienten
queridas y valoradas por los
alumnos y los demás docentes.
Cada cual dejó su terruño, su
hogar, sus hijos, los esposos,
pero había que dar el paso ante
una necesidad de este tipo.
Míriam se desempeñaba en el
municipio de Vertientes como
jefa del Departamento de
Humanidades y laboraba en la
enseñanza primaria.
"Ha sido un reto —explicó—, pues
más allá de la lejanía de la
familia, está el hecho de que
ahora en vez de trabajar con
niños lo hago con adolescentes.
Sin dudas, el preuniversitario
es un nivel de mayor
complejidad. Pero me ha gustado
muchísimo la experiencia, y en
eso han influido varias cosas,
desde el magnífico recibimiento
que nos dieron al llegar al
municipio de Güines, hasta la
acogida que hemos tenido en la
escuela".
De poco hablar y muy precisa en
sus palabras, Juana dijo
sentirse muy impresionada por
los cuadros jóvenes que tiene
este preuniversitario.
"Muchos fueron formados en la
propia escuela, y ahora la
dirigen y lo hacen muy bien".
Del municipio de Santa Cruz del
Sur, Yeremi, Máster en Ciencias
de la Educación, contó que
cuando allá los reunieron para
conocer la disposición de cada
cual, ella no lo pensó dos
veces: "Me apena que no haya
maestros para formar maestros,
valga la repetición", —aseguró
la muchacha, de 26 años.
"Soy egresada, precisamente, de
un IPVCP y me gusta mucho esta
enseñanza por el compromiso
social que implica. Provengo de
una familia de maestras (madre,
tías, abuelas), por lo que desde
que abrí los ojos al mundo he
estado en una escuela. En Pedro
Albizu Campos me siento querida
y cada día descubro cosas
diferentes.
Esta misión es por dos años,
pero no me preocupa el regreso,
aunque mis padres están ansiosos
de verme".
Madelín Despaigne vive con su
madre en la localidad de
Esmeralda, y aunque su
apariencia es muy juvenil
acumula ya diez años de
experiencia en educación, todos
en la primaria. Al igual que
Míriam ya lleva en este centro
tres años, donde se ha
desempeñado como profesora
general integral, por lo cual
tiene a su cargo la
responsabilidad de un grupo,
además de que imparte la
asignatura de Español y
Literatura.
"Mis estudiantes —señaló— optan
por la especialidad de
Defectología. Cuando comencé con
ellos muchos no conocían la
esencia de esta carrera, el amor
que necesitan esos niños, por lo
que he trabajado en la
orientación profesional
pedagógica. Siempre les hablo de
la necesidad de estar donde
somos más útiles. En mi caso,
por ejemplo, me dijeron: 'Vas a
trabajar en un pre pedagógico,
lleva ropa de campo y abrigos'.
Lo acepté y no me arrepiento.
Las condiciones son favorables
para llevar adelante la tarea.
En La Habana hemos encontrado
cariño y aceptación".
Una maravillosa acogida en la
casa de María.
En la zona urbana de Güines se
encuentran ubicadas las dos
casas del educador donde se
albergan los docentes de otras
provincias, ahora agrupados en
un contingente. Una de ellas es
administrada por María Caridad
López Gallo, una mujer que lleva
muchos años haciendo esta labor
en el sector y cuyas cualidades
humanas le ayudan a fomentar las
buenas relaciones entre todos
los que allí conviven.
"En mi casa hemos acogido a 19
personas, y todo marcha como en
familia —señaló María—. Aquí
tienen televisor, computadora
(rota en estos momentos), varios
ventiladores en los cuartos, y
en cuanto a la comida tratamos
de complacerlos en la medida de
lo posible, nunca olvidamos que
permanecen lejos de sus hogares
por muchos meses".
Sentado a su lado, Juan Carlos
apoyó las palabras de la mujer
que se ha convertido para ellos
como en una hermana. Este es su
tercer curso allí. Procede de la
enseñanza técnica y profesional,
aunque en estos momentos se
desempeña en el municipio como
metodólogo del área del
conocimiento de las Ciencias
Naturales.
"Esta misión nos fortalece en
dos cuestiones —aseguró Juan
Carlos, con 30 años de servicio
en educación—. Primero, nos
convertimos en mejores seres
humanos y tenemos la posibilidad
de una mayor realización en el
campo profesional. Pero también
comparamos, pues aunque existe
una sola línea de trabajo, cada
provincia tiene sus propios
métodos y estilo, y de eso nos
llevamos lo mejor".
Fuente: Trabajadores
Gentileza:: Boletín especial
sobre el acontecer internacional
relacionado con nuestro país.
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