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Acto Homenaje a los alumnos
desaparecidos - Comodoro
Rivadavia - Chubut - Argentina
Miguel
Ángel de Boer
Y fuimos. A la ex Enet y al
Perito. A no “dejar pasar por un
costado a la historia esta”.
32 años después de que los
queridos compañeros alumnos de
estos colegios fueron
secuestrados y desaparecidos por
la terrorífica dictadura que
usurpó el poder a partir del 76.
Estuve primero en la ex ENET, en
el acto de homenaje a Guillermo
“Pocho” Silveira, el cual ha
tenido una vasta difusión en los
medios (adjunto links), por lo
que me referiré a lo acontecido
en el Perito. A ese Colegio
Perito Moreno al que le he
dedicado tantas páginas
recordando nuestro paso por el
secundario, pero en el que jamás
pensé podría vivir algo tan
conmovedor como en esta ocasión.
Cuando llegué me encontré en la
escalinata con José, el hermano
de Raúl “el Negro” Trigo, y
luego, en el hall de entrada,
con sus hermanos y su mamá Ana,
a quien hacía muchísimo que no
veía y que con sus increíbles
rozagantes 83 años aguardaba –
con ese digno coraje que tienen
las Madres – el momento de
iniciación del acto.
Fue ella una de las que
descubrió la placa con las fotos
y palabras recordatorias en
memoria de su hijo Raúl , de
Susana Jenkins, Lidia del Carmen
Soto y Miguel Ricardo
Chiernajowsky. Dificil describir
el momento. Tal la emoción que
nos embargaba.
Al ver sus rostros no pude
evitar pensar en el tiempo
transcurrido y en que bien
podría – lo dije después – haber
estado el mío en lugar o junto
al de ellos. Tiempo transcurrido
y detenido a la vez, donde el
pasado parecía irrumpir en el
presente, apoderándose de él, a
la vez que un torbellino de
sentimientos se entremezcaban
con las vivencias e imágenes que
venían a la memoria, oxigenando
nuestros corazones, que tanto
han luchado para no ser
aplastados por el olvido.
En ese mismo colegio, donde
crecimos juntos, soñamos juntos,
amamos juntos, penamos juntos,
reímos juntos, cuando sentíamos
la vida toda por delante y el
mundo era nuestro, nos
encontrábamos ahora mirándonos a
nosotros mismos, eternamente
jóvenes, sabiendo a la vez, por
eso mismo, que vamos de a poco,
dejando de serlo.
En tanto, ya en la galería, nos
aguardaban los abanderados,
esperando que pasáramos al
gimnasio donde se desarrolló el
acto. Con la presencia de
alumnos, profesores, familiares,
amigos, compañeros, vecinos, la
emoción se intensificó por el
recibimiento.
Luego de la entrada de las
banderas cantamos el Himno
Nacional, y yo recordé que
seguramente lo había hecho por
primera vez, alli mismo, en el
año 1962.
Después hicimos un inolvidable
minuto de silencio y
posteriormente habló Angélica,
la hermana de Raúl, recordando,
entre otras cosas, su pasión por
la arquitectura y su amor por
Comodoro.
Y antes de que cerraran el acto
los funcionarios (a quienes
agradezco) tuve la oportunidad
yo también de expresar mis
recuerdos con Raúl - con el que
compartimos nuestra adolescencia
y nuestros años de universidad
en Córdoba-, de rescatar la
causa de su (nuestra) lucha,
sueños y anhelos
revolucionarios, y de leer un
poema en su homenaje y de los
otros compañeros, y por la
memoria de todos los
desaparecidos, que están y
estarán siempre presentes.
Por último, cantamos el Himno
del Colegio.
Y una ternura entrañable inundó
nuestros cuerpos y nuestras
mentes, haciéndonos henchir de
una apacible y embriagadora
felicidad: la de haber podido
recuperar, para el colegio y sus
alumnos, la historia de cuatro
de sus mejores hijos. Nada
menos.
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Gentileza:: Miguel A de Boer
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