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Los lineamientos de la
ciencia: ¿El mercado decide qué
es lo que se investiga?*
Susana
Gallardo
Jorge Crisci valorizó el rol
de la sistemática en la
conservación de la
biodiversidad, alertó sobre los
actuales criterios de medición
del logro científico y deslizó
que son los intereses del
mercado los que establecen las
rutas de investigación.
Nombrado presidente honorario
del III Congreso Nacional de
Conservación de la
Biodiversidad, que se realizó en
la Facultad de Exactas del 11 al
14 de agosto, el doctor Jorge
Crisci, profesor de la
Universidad Nacional de La
Plata, fue el encargado de
brindar la conferencia magistral
de inauguración.
El título de la charla,
inspirado en un capítulo del
clásico de José Ortega y Gasset,
La rebelión de las masas, fue
“La barbarie del especialismo en
un tiempo de extinciones”. Ya en
1930, Ortega advertía que la
excesiva especialización iba a
conducir a un retraso en la
ciencia.
Si bien la charla apuntó a
defender y revalorizar una
disciplina biológica (la
sistemática) frente a las
disciplinas “moleculares”, es
posible hacer una lectura más
amplia, e interpretar las
palabras del especialista como
un planteo sobre la situación
actual de la ciencia, y una
reflexión sobre quién determina,
y con qué derecho, los temas que
se deben investigar. Y, por
supuesto, sobre las
consecuencias que ello puede
tener para la vida en la Tierra.
“Nadie puede negar que estamos
en una época de extinción masiva
de especies”, afirmó el
investigador, que ha publicado
cuatro libros y más de cien
trabajos científicos, y es
académico de número de la
Academia Nacional de Agronomía y
Veterinaria.
Hoy se calcula que el número de
especies conocidas es de
1.700.000, pero las que aún se
desconocen suman unos 13
millones. Es decir, se conoce
sólo entre un 15 y un 20 por
ciento de la totalidad. “Para
evitar la extinción de una
especie, el primer paso es
conocerla científicamente,
incluyendo la ubicación
sistemática, la distribución
geográfica y ecológica, y es la
sistemática biológica la que
provee esta información”,
aseguró.
En la sistemática biológica
-disciplina que describe, nombra
y clasifica la diversidad de la
vida y sus relaciones- según
afirmó Crisci, “en los últimos
años hay un excesivo
especialismo, centrado en los
datos moleculares”. Y advirtió:
“Ese especialismo conlleva
ciertos peligros”.
“Vivimos en una época
‘molecular’, no sólo en la
biología”, sostuvo, y agregó:
“El valor de los datos
moleculares es enorme, y han
permitido un progreso
extraordinario en la
sistemática”. Esa información
permite, por ejemplo, relacionar
bacterias con mamíferos, lo que
antes no era posible, porque no
había caracteres morfológicos en
común que permitieran
compararlos para hacer un árbol
filogenético.
Pensamiento unidimensional
Pero, para Crisci, cuando
prevalece un pensamiento
unidimensional sobre la
disciplina, y se cree que todo
puede ser solucionado con las
moléculas, se llega a una visión
reduccionista. Y enumeró algunos
de los riesgos de esa
perspectiva. Por un lado, un
estado de conformidad y ausencia
de crítica; por el otro, la
restricción en los temas de
investigación y en las
oportunidades de trabajo.
También, una desvalorización de
las colecciones, por ejemplo, de
los herbarios.
El resultado, para el
investigador, es una disciplina
desvalorizada y un programa de
investigación reduccionista.
“Darwin era un taxónomo, y ahora
no sería bien visto”, comentó.
La consecuencia de la
desvalorización de una
disciplina es que cada vez menos
jóvenes se dedican a ella,
deslumbrados por otras luces.
Esa carencia podría tener un
fuerte impacto en la capacidad
para conservar y utilizar la
biodiversidad. “Sin la taxonomía
no podemos conservar la
biodiversidad, está admitido por
las grandes organizaciones
internacionales”, recalcó.
¿Por qué existe un clima de
opinión favorable a las
disciplinas moleculares, y
desfavorable para la
sistemática? Crisci citó al
filósofo Michel Foucault, y a su
idea de que las corrientes de
opinión dominantes generan un
efecto de atracción. Para este
pensador francés, la adhesión a
la opinión mayoritaria se
relaciona con el sentimiento
protector que la mayoría
confiere, y con el temor al
aislamiento y la exclusión.
El rol de las revistas
científicas
“Vayamos a cualquier revista de
sistemática del primer mundo y
veremos que el 99 por ciento de
los trabajos son de índole
molecular”, indicó. “La
sistemática molecular es
extraordinaria”, admitió, y
enseguida objetó: “Pero no es
autosuficiente”.
¿Cuáles son los criterios que
permiten determinar qué es
verdadero y qué no lo es? El
conferencista recurrió
nuevamente a Foucault: cada
sociedad tiene su régimen de
verdad, y ésta depende del
poder.
En un editorial de Nature, de
2004, se afirmaba que “la
taxonomía es puramente
descriptiva”. Crisci refutó esa
afirmación: “La taxonomía es una
hipótesis acerca del orden en la
naturaleza, que tiene un
carácter predictivo y
explicativo, y sirve de
referencia para quienes trabajan
en el tema. No es algo puramente
descriptivo, que cualquier lego
pudiera hacer”.
La pregunta, entonces, es quién,
en este momento, establece los
lineamientos en la ciencia. Y el
orador respondió: “Los editores
de las revistas”.
“Vamos a ser maliciosos”, invitó
el disertante, y se refirió a la
gran cantidad de publicidad que
incluye Nature, lo que
representa muchos miles de
dólares semanales, y preguntó:
¿a quiénes representa esa
publicidad? Precisamente a
laboratorios que proveen
materiales para las moléculas.
El científico como sujeto
calculable
En la actualidad, se mide la
capacidad de un científico por
la cantidad de citas que tiene o
por la revista donde publica.
“En Nature, una de las revistas
de mayor impacto, los
sistemáticos no pueden
publicar”, dijo, y fundamentó
con numerosos ejemplos.
“Estamos en una economía de
mercado, en la que el número de
consumidores, determina el valor
de un producto”, afirmó, y se
preguntó: ¿es posible medir el
logro científico?
El hecho es que, cuando se
calcula el número de citas de un
investigador, se ignora la
calidad de la cita. Es decir, un
trabajo puede se citado por
constituir un aporte original, o
porque es necesario refutar sus
errores. Así, el científico más
citado puede llegar a ser el que
más errores cometió.
En un trabajo reciente de la
Unión Internacional de
Matemáticos, -según señaló
Crisci-se afirma que la
precisión de la métrica para
evaluar a los investigadores “es
ilusoria”, y, con fundamentos
matemáticos, los autores del
trabajo aseguran que “los
números no sirven como medida
del logro científico”.
En Gran Bretaña, por ejemplo, un
investigador debe tener tres
artículos en una revista con
alto factor de impacto, y países
como España están en esa
tesitura. “Lo más grave
-advirtió- es que las revistas
de mayor impacto están
decidiendo cuáles deben ser los
temas prioritarios de la ciencia
moderna”.
“Vivimos en una época en que se
considera necesaria la
visibilidad, se trivializa lo
importante, y se le da
importancia a lo trivial”,
destacó.
Luego de asociar el factor de
impacto en la ciencia con la
valoración del número de minutos
de presencia de las personas en
los medios, Crisci advirtió: “La
conducta humana que valora el
zumbido, el impacto mediático,
también produce la extinción de
especies”, y reflexionó: “No es
casualidad”.
Y prosiguió: “La conducta humana
que lleva a la extinción de
especies no se da por azar en
una época que adora la fama, el
dinero, el poder y los ídolos, y
en que poderes mediocres y
soberbios son capaces de
destruirlo todo”.
Finalmente, aludió a una planta
tropical de América del Sur, que
se conoce como “atrapa monos”.
Tiene un fruto duro y hueco, del
tamaño de un ananá, y sus
numerosas semillas son como
almendras. Los monos introducen
la mano para tomar las semillas
pero, al cerrar el puño, la mano
queda atrapada en el fruto.
Recorren la selva con esa carga,
sin darse cuenta de que, para
liberarse, lo único que tienen
que hacer es abrir la mano y
soltar las semillas. “Es una
metáfora de la codicia que rige
nuestro tiempo, codicia no sólo
de dinero, sino también de poder
y visibilidad”.
Para cerrar, se dirigió a la
nutrida concurrencia de
investigadores jóvenes: “Cada
generación se siente
predestinada a cambiar el mundo,
la mía no lo logró y es posible
que la de ustedes tampoco lo
logre. Sin embargo, la
generación de ustedes tiene una
misión mucho más trascendente,
evitar que el mundo se
destruya”.
* Por
Susana Gallardo. Doctora en
Lingüística y Licenciada en
Letras (Facultad de Filosofía y
Letras, Universidad de Buenos
Aires). Pertenece al Centro de
Divulgación Científica, Facultad
de Ciencias Exactas y Naturales,
Universidad de Buenos Aires.
Para la Universidad de Buenos
Aires y publicado en Ahora
Educación.
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Gentileza:: ead / El Arca
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