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De puño y letra
Ana Larravide
Artículo de costumbres*
El cartero, en otros
tiempos, era alguien tan
familiar que pasaba todos los
días por la vereda. Incluso...
llegaba a pasar dos veces. Eso
si: a su paso no siempre dejaba
cartas. Podían ser para otros,
en el barrio. La carta propia
era un privilegio, cuando
llegaba.
Algunos ansiosos las abrían
enseguida. Otros, las guardaban
para la mejor hora del día, como
un premio. Una carta no era para
ser leída una sola vez: se
releían, se guardaban, se ataban
con moñitos, se leían en
familia...
A veces una carta se volvía el
único vínculo con una persona
querida durante años o para
siempre. Porque... ¡separaciones
eran las de antes!: la abuela de
una amiga mía -ella me lo contó
y me emociona repetirlo- se
separó de su hija en el puerto
de Génova cuando la madre de mi
amiga era una jovencita recién
casada. La abrazó y le dijo "Noi
ci vediamo nel paradiso"..."Nos
volveremos a ver en el
Paraíso"... porque, claro,
América era algo tan lejano...
Aquellas separaciones, en lo
posible, se llenaban con cartas.
Esas cartas, se convertían en la
historia de una familia.
Otras, se perdían... o se
quemaban...
La madre de Julio Cortázar quemó
casi todas las cartas de su
hijo, afirmando: "Lo que
teníamos que decirnos en
nuestras cartas a lo largo de
tantos años fue dicho. Los dos
recibimos nuestros mensajes que
eran solamente para nosotros"...
Pero se han conservado (y
publicado) muchas otras cartas
de Cortázar. El comienzo de una
de ellas da testimonio de la
alegría y comprensión que puede
dar recibir la carta de un
amigo:
"París, 17 de agosto de 1964
Querido Roberto:
... Anoche me entregaron tu
carta del 3 de Junio (¡cuánto
tiempo, ya!) y me sentí tan
emocionado y tan feliz por lo
que me decías en ella que entré
como en un trance, en una
casilla zodiacal increíblemente
vasta y próspera. Todavía no he
salido de ella y te escribo bajo
esa impresión maravillosa de que
un poeta como tú, que además es
un amigo, haya encontrado en
Rayuela todo lo que yo puse o
traté de poner, y que el libro
haya sido un puente entre tú y
yo y que ahora, después de tu
carta, yo te sienta tan cerca de
mí y tan amigo. Julio" Las
cartas han sido elegidas con
frecuencia como recurso
literario: "Frankenstein" es el
extraño relato que un marino
escribe a su hermana. "El
tratado del inútil combate", de
Marguerite Yourcenar, es otro
libro escrito con esa calidad de
intimidad... "Las cartas que
nunca llegaron", conmovedoras y
poéticas, las imaginó Mauricio
Rosencof, como si hubieran
podido escribirlas sus
familiares desde los campos de
concentración...
Las cartas son (¿deberíamos
decir "eran"?) testimonios de la
Historia. Lejanas y ejemplares
(de mediados de 1700) son las
que Madame de Sévigné escribió a
su querida y lejana hija durante
veinticinco años, reflejando
costumbres y casos de entonces.
Más próximas, las de los
corresponsales de la guerra del
Paraguay, entre 1865-1866,
relatan ese espanto que fue la
Guerra de la Triple Alianza. Las
hay románticas y tristes: "¡Ay
Guadalupe, las cartas tuyas...
son como nubes" evoca Mercedes
Sosa, en "Mujeres Argentinas" a
la joven esposa de Mariano
Moreno.
Ojalá todos recibiéramos una
linda carta alguna vez en la
vida.
Bertrand Russell fue uno de los
hombres que más cartas escribió
y recibió (aparte de las muchas
otras cosas que escribió en sus
casi 90 años), la más
irresistiblemente simpática fue
probablemente ésta:
"11 de noviembre, 1961
Estimado Mr. Bertrand Russell:
Muchas gracias por todo lo que
ha hecho.
Usted me gusta.
Si viene a Oxford venga a tomar
el té conmigo.
Con cariño, Paul Altmann Tengo
seis años." Esa carta recibió
esta respuesta:
"24 de noviembre de 1961
Querido Paul Altmann: Agradezco
tu linda carta, me gustó mucho
recibirla y me da coraje para
continuar trabajando. Me
gustaría tomar el té contigo
pero no tengo previsto ir a
Oxford muy pronto. Si llegara a
ir, te avisaré. Con amistad y
calurosos deseos de felicidad
Bertrand Russell"
Si este relato les gustó...
relean alguna carta que
recibieron una vez y les trajo
alegría. O envíen una, de puño y
letra.
Ana
Larravide / Periodista uruguaya
residente en Buenos Aires
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Gentileza:: ead / El Arca
Digital
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