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Atahualpa Yupanqui: Una voz y
una guitarra contra la
injusticia
Remembranza por los cien años de
nacimiento del canta-autor y
folklorista argentino
Por Víctor Bueno Roman
“Donde yo escuche unas palabras
amables, me sentiré halagado y
agradecido, ahí me quedaré,
tomaré mi guitarra y cantaré. Y
cuando ya nadie me diga algo, me
haré al camino, pues el andar ha
sido y es mi destino”. Con estas
palabras buscó subrayar el
canta-autor , guitarrista y
folklorista argentino Atahualpa
Yupanqui, seudónimo de Héctor
Roberto Chavero Aramburu, cómo
estaba él ligado su tierra y a
su gente.
El nombre artístico fue tomado
de la dinastía Inka: a) Del 14to
o último Inka llamado Atahualpa,
que fuera detenido en Cajamarca
(en el norte del Perú) en 1532
por el soldado e invasor español
Francisco Pizarro, quien lo
condenara a la pena de muerte
mediante el garrotte y; b) De la
familia real de los Yupanqui:
Lloque Yupanqui (el 3er. Inka),
Cápac Yupanqui (el 5to. Inka),
,, Cusi Yupanqui (el 9no. Inka)
y Túpac Yupanqui (el 10mo. Inka).
El padre de Atahualpa Yupanqui
tenía origen quechua y trabajaba
para la Empresa de Ferrocarriles
en Argentina. La madre era
blanca y procedía de España,
concretamente de Vascongadas. Su
niñez transcurrió en una ciudad
pequeña, en la cual él conoció
de cerca la vida, la cultura y
las costumbres del pueblo. Fue
allí, donde él tomara contacto
con los “paisanos” y los
gauchos, con los reseros y
baquianos. Su interés por la
música se originó, cuando él-
siendo niño y joven-, acudía a
las faenas y a las fiestas de
siembra y de cosecha, a los
herrajes y a las kermesses,
donde se oía canciones del viejo
folklore argentino. En ese
ambiente se familiarizó
Atahualpa Yupanqui con las
canciones y las estrofas rimadas
de payadores y copleros. Su
decisión para hacerse músico,
guitarrista y cantante tuvo
lugar, y se acrecentó, cuando él
conociera en Buenos Aires- en
los años treinta- a Antonieta
Paula Pepín Fitzpatrick,
conocida amante de la música que
se hiciera su mujer, promotora y
compañera.
En las canciones de Atahualpa
Yupanqui encontraron la vida
pueblerina y las labores
agrícolas una recreación
poética. Su lenguaje está así
marcado por el sociolecto
regional (lo que algunas y
algunos denominan “el dejo”). El
lenguaje y la ideosincracia en
sus canciones corresponden al
sector rural y popular.
Atahualpa Yupanqui canta al
paisaje de su tierra, al trabajo
de sus habitantes en la pampa y
en el predio, al amor entre
hombre y mujer, a las cosas
simples de la vida cotidiana.
Temas como pobreza y orfandad,
persecusión y encarcelamiento,
represión y menosprecio
incrementaron su repertorio
poético y musical. El mismo fue
observado y asediado por la
policía entre los años 1946 y
1949, exactamente durante el
primer período presidencial del
General Juan Domingo Perón. Por
esa fecha, estuvo el canta-autor
argentino preso unos meses. Ya
liberado, decidió emigrar de su
país. El comenzó una serie de
conciertos en Europa,
especialmente en España y en
Francia. El año 1952 es la fecha
de su retorno a Argentina. Por
esa época, había iniciado Perón
su segundo mandato presidencial
(1952-55).
Entre los años 1963 y 1964
inició el artista argentino una
gira por Colombia, Japón,
Marruecos, Egipto, Israel e
Italia. Después de haber dado un
apoteósico concierto en España,
se proyectó hacia Francia, donde
no solo tuvo éxitos similares,
sino que decidó fijar a París
como su lugar de residencia.
Desde ese lugar, inició él
algunas visitas a su país natal,
pero ello se fue reduciendo. Una
de las rezones radicó en el
golpe militar del General Jorge
Rafael Videla y en su iniciada
“guerra sucia” (1976-1986)
contra comunistas y socialistas,
contra sindicalistas y
estudiantes. El gobierno de
Videla formó parte de la
tristemente célebre “Operación
Cóndor” que tuvo como objetivos
neutralizar y/o liquidar a toda
oposición y a todo movimiento
popular. En esa campaña de
“limpieza” participaron los
gobiernos de Hugo Bánzer Suárez
(Bolivia), de Augusto Pinochet
Ugarte (Chile) y de Alfredo
Stroessner (Paraguay), entre
otros dictadores. Las
consecuencias de la “Operación
Cóndor” fueron secuestros y
apresamientos, tortura y
homicidio, forzado exilio o
desaparición. Películas como
“Estado de sitio” (1972) y
“Desaparecido” (1982) del
cineasta greco-francés
Constantin Costa-Gavras, así
como la película “De ojos
garzos” (“Blue Eyed”, 1989) del
alemán Reinhard Hauff, dan
testimonio sobre ese trágico y
sangriento capítulo de la
historia de América Latina.
Atahualpa Yupanqui fue ejemplo a
seguir para otras u otros
artistas e intérpretes del
folklore latinoamericano. El,
como su paisanoy colega Horacio
Guarany, ancentuó más lo
indígena y lo tradicional.
Ambos, juntamente con la chilena
Violeta Parra, tendieron las
bases para una nueva forma de
escribir y de cantar, de hacer
música y de sentir en América
Latina. Las nuevas y los nuevos
representantes del folklore
latinoamericano que vinieron
después intensificaron lo
relacionado a la protesta
popular y social, a la
resistencia y a la lucha
antiimperialista. Los textos de
las canciones fueron una forma
de reescribir la Historia,
ciertamente desde abajo; esto
es, el testimonio de los
vencidos y oprimidos. En esa
lista de la Nueva Canción, debe
mencionarse a Víctor Jara,
Patricio Manns, Quilapayún, Inti
Illimani e Illapu (Chile), a
Mercedes Sosa, Kafrune y Uña
Ramos (Argentina), a Daniel
Viglietti y Alfredo Zitarrosa
(Uruguay), a Carlos Puebla,
Pablo Milanés y Silvio Rodríguez
(Cuba), a Soledad Bravo y Alí
Primera (Venezuela), a los Mejía
Godoy (Nicaragua) y a Tania
Libertad, Susana Baca, Manuel
Acosta Ojeda y a Juan de Dios
Rojas (Perú). Todas y todos
ellos han sido los
representantes de la “Canción
Protesta” o “Canción Política”
que en los años sesenta y
setenta- y entrados los ochenta-
jugara un rol decisivo para los
proyectos de nueva democracia y
de la cultura de la resistencia
en América Latina. Y si no
estaba presente lo indígena,
ocupaba su lugar lo africano o
la multiculturalidad de este
subcontinente. Por esa
consecuencia política, por ese
ideario artístico y cultural,
fueron estas artistas y estos
artistas tildados de agitadores
o de comunistas por los
gobiernos conservadores con
evidente mentalidad colonialista
y clientelista. Canta-autoras y
canta-autores sufrieron
persecusión y encarcelamiento o
tuvieron que salir al exilio. El
caso del chileno Víctor Jara ha
sido el más grave, pues él tuvo
que pagar con su vida, en
Septiembre de 1973, por haberse
mantenido, hasta el final, fiel
a su principios y a sus ideales.
Atahualpa Yupanqui ha escrito
algo más de 350 canciones que,
en gran parte, han sido
musicalizadas por él mismo. El
ha escrito también varios
libros, entre los cuales cabe
destacar: “Piedra sola”
(1939-40), “Aires indios”
(1943), “Cerro Bayo” (1953),
“Guitarra” (1960), “El canto del
viento” (1965), “El payador
perseguido” (1972), “Confesiones
de un payador” (1984), “La
palabra sagrada” (1984) y “La
capataza” (1992). Sus canciones
más conocidas y difundidas son
“El arriero”, “Basta ya”,
“Camino del indio”, “Coplas del
payador perseguido”, “Los ejes
de mi carreta”, “Indiecito
dormido”, “Luna tucumana”, “Los
hermanos” y “Los abuelos”.
“Don Ata”, así como solía
llamarlo cariñosa y
respetuosamente el canta-autor
uruguayo Daniel Viglietti, murió
al 31 de Enero de 1992 en París,
muy lejos de sus pagos. Al 31 de
Enero del 2008, habría él
cumplido 100 años de nacimiento.
Su arte y sus canciones están
presentes, todo lo suyo vive en
el recuerdo y ha ganado un lugar
de honor en la memoria colectiva
de América Latina. Dice al
respecto una de sus canciones:
“Y aunque me quiten la vida / o
engrillen mi libertad / y aunque
chamusquen quizá / mi guitarra
en los fogones, / han de vivir
mis canciones / en el alma de
los demás.” (de: “El payador
perseguido”).
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Víctor BUENO ROMAN (Lima, 1949)
es poeta, crítico literario y
traductor peruano con obra
publicada residente en Berlín.
El escribe sobre temas
culturales y político-sociales
referidos a América Latina y al
Cercano Oriente.
Gentileza: Victor BUENO [
victorbueno.berlin@hotmail.de
]
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