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El maltrato infantil
Por Francisco Arias Solis
“La canción con que he arrullado
a los niños doloridos, ahora que
me han herido ¡cántame!”
Gabriela Mistral.
Un mundo donde reina la
violencia
El maltrato infantil se
encuentra sin duda, entre los
más serios, complejos y
sonrojantes problemas de la
sociedad moderna. La calidad de
vida de numerosos niños se
encuentra profundamente
deteriorada por los malos tratos
que experimentan en el entorno
familiar, cuyas consecuencias
pueden repercutir seriamente en
el desarrollo físico y
psicosocial del niño. Los daños
emocionales como consecuencia
del mal trato infantil pueden,
además, perdurar durante el
resto de la vida, limitando
seriamente la capacidad del
adulto para el ajuste personal y
social. Si, finalmente, se
consideran los elevados costes
sociales del maltrato infantil,
puede afirmarse que los malos
tratos en la infancia
constituyen un problema social
de primera magnitud.
Hasta los años 60, no surgió un
movimiento importante en defensa
de la situación de los niños
maltratados y abandonados. En
los años 70, resurgió con gran
fuerza el movimiento feminista,
llamando la atención hacia el
problema de las mujeres
maltratadas. Ambos movimientos
fueron responsables en gran
medida de la repentina atención
pública hacia el problema del
abuso sexual de los niños a
finales de los años 70.
Los derechos de los niños han
sido lentamente reconocidos a lo
largo de la historia. El giro en
el sistema de protección legal e
institucional de los niños
maltratados, se produce a partir
del primer proceso judicial en
Estados Unidos que reconoce por
primera vez en 1874 el maltrato
infantil. Mary Ellen Wilson, una
niña de ocho años de edad nacida
en la ciudad de Nueva York en
1866, era golpeada
continuamente, herida con
tijeras, atada a la cama,
presentaba síntomas de
desnutrición severos y otras
señales de maltrato físico y
negligencia. Una trabajadora
intentó intervenir en defensa de
Mary Ellen, acudiendo a todos
los estamentos oficiales, pero
ante la inexistencia de leyes
que recogieran específicamente
el maltrato de los niños por sus
padres o cuidadores, todos los
estamentos oficiales rehusaron
emprender cualquier tipo de
acción o proporcionar ayuda. En
su desesperación, la defensa de
la niña se dirige a la Sociedad
Americana para la Prevención de
la Crueldad hacia los Animales.
Puesto que los animales se
encontraban legalmente
protegidos del tipo de violencia
al que Mary Ellen se encontraba
sometida y puesto que Mary Ellen
era parte del reino animal debía
ser posible que esta sociedad
para la protección de los
animales interviniera ante los
tribunales en defensa de la
niña. El argumento que se empleó
en el proceso judicial era que
Mary Ellen merecía, al menos,
tanta protección como un perro.
Un conjunto de conocidas
encuestas en los países
desarrollados ponen claramente
de manifiesto la extraordinaria
implantación del castigo
corporal que continúa
aceptándose como una práctica de
disciplina.
En nuestro país, en uno de los
escasos estudios realizados a
este respecto, una encuesta de
ámbito nacional propiciada por
la Comisión Interministerial de
la Juventud revela que el 16,5
por ciento de lo padres se
situaban en los niveles medio
alto (11,7por ciento) y alto
(4,8 por ciento) de una escala
de agresividad y violencia
física (esta escala consideraba
conjuntamente actitudes y
manifestaciones de conducta
relativas al uso de gritos,
cachetes, azotes, bofetadas,
administración de fármacos sin
receta y al uso ocasional de
palizas y golpes con objetos
contundentes como medios para
controlar la conducta del niño).
En este mismo estudio, el 15,8
por ciento de los padres
manifestaba conocer
personalmente algún caso de
malos tratos. Las asociaciones
para la defensa de la infancia
consideran que son más de
500.000 los niños españoles que
sufren malos tratos.
A pesar de que en nuestro país
se han realizado avances en la
lucha por los derechos del niño,
es dudoso que pueda eliminarse
el maltrato infantil en la
medida que los padres eduquen a
sus hijos en una sociedad donde
la violencia alcanza niveles con
frecuencia desproporcionados,
donde el castigo corporal se
acepta como una técnica de
disciplina y donde el concepto
de paternidad se construye en
términos de posesión. Y como
dijo el poeta: “Quien salvará a
este chiquillo / menor que un
grano de avena? / ¿De dónde
saldrá el martillo / verdugo de
esta cadena?”.
Francisco Arias Solis
aarias@arrakis.es
http://www.arrakis.es/~aarias
Gentileza: Francisco Arias [
aarias@arrakis.es ]
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