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El gitano agitado
Hoy, aun estando de baja
laboral, me he presentado a un
examen. En la entrevista final,
he revivido una sensación
extraña pero conocida.
Por
Mikel Agirregabiria Agirre
Un examen oral, última fase de
una larga prueba, me ha
recordado aquella historia
verídica de un popular gitano.
Aquel viejo calé se había
propuesto muchas veces para
obtener el carné de conducir.
Una vez más, en medio de gente
muy joven, esperaba angustiado
el momento de sentarse en el
pequeño coche de la
auto-escuela, con el que tanto
había practicado.
Llegado el examinador y sentado
atrás, le indicaba por dónde
transitar o aparcar. Arrancaba,
conducía despacio, trataba de
cumplir con todo lo reglamentado
por el código de la
circulación,… Pero siempre le
pedían parar y le suspendían.
Algo que no había tenido en
cuenta, el nerviosismo evidente,
y algún error imperdonable en el
ejercicio final. Lo había
sufrido demasiadas veces y
parecía predestinado a pifiarla
en cualquier ocasión que lo
intentase.
Triste, desolado, se le veía
marchar a aquel hombre maduro de
piel aceitunada. Cabizbajo,
negando con la cabeza,
arrepintiéndose de haber venido
de nuevo para repetir su
fracaso. Así fue caminando,...
hasta su gran furgoneta con la
que diariamente recorría cien
kilómetros, de mercadillo en
mercadillo, ejerciendo honrada y
cumplidamente su profesión de
célebre vendedor ambulante.
Nuestro amigo gitano no lograba
entender qué le sucedía. No
podía alcanzar que entre la
gente incomprendida, como somos
muchos (del pueblo gitano o no),
se agitan almas tan grandes que,
en un prosaico mundo (de payos o
no), a veces, no brillan.
Gentileza: Mikel Agirregabiria [
agirregabiria@gmail.com ]
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