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Perú: Actualmente se vive una
modernidad ficticia
Raúl
Wiener
Redacción LA PRIMERA
Dicen que mediante una serie de
decretos legislativos, nos vamos
a la segunda generación de
reformas. La modernidad, por
fin, está llegando.
Si el actual plan del
gobierno se cumpliese, es un
decir, tendríamos en unos años
una Amazonía difícil de
atravesar por en el número de
enormes bosques privados que nos
cerrarían el paso. Tal vez en la
sierra nos cruzaríamos con
grandes pastizales de ex
comunidades, convertidos en
negocios particulares, y casi
seguro veríamos los confines de
las empresas mineras perdiéndose
en el horizonte en territorios
cercados, con ríos y lagunas a
su interior. Y todo estos se
habría hecho para modernizar al
país y atraer la inversión.
Santa palabra.
Pasaría también en los puertos,
distribuidos entre empresarios
extranjeros, varios de ellos,
probablemente, de origen
chileno, rompiendo la unidad del
servicio, a favor de las mayores
utilidades, y eliminando los
derechos sindicales para reducir
las resistencias y preparar el
despido masivo. Algo parecido va
a pasar con las grandes empresas
pesqueras cuando se les
revalorice, con el añadido de la
cuota pesquera que el "honesto"
Rey (Aldo M) quiere regalarles a
costa de reducir el espacio para
la mediana y pequeña pesquería.
Y vienen más medidas, como las
que quieren facilitar la
reducción de la planilla estatal
con el pretexto de los méritos,
o las de administración privada
de servicios educativos
estatales y de seguridad social,
que se vocean.
Generación de reformas. En otras
palabras la nueva ola o "segunda
generación de reformas"
neoliberales, no responderían al
trillado discurso de la
institucionalización y la
reforma del Estado, como se ha
dicho tantas veces, a la
conformación de una justicia más
confiable, una administración
más transparente, una educación
más productiva, una salud
masificada, etc., sino a un
ataque directo a la pequeña y
mediana propiedad nacional, para
concentrarla en grandes
inversiones, principalmente
extranjeras. Si en los 90 la
consigna era lo estatal es malo,
ahora en los 2000, la pauta es:
lo pequeño y difundido, o
simplemente lo que no es grande
y poderoso (discurso a los
empresarios brasileños después
de la Cumbre: ¿qué hacen
invirtiendo apenas 200 o 300
millones de dólares?), es fuente
de pobreza y obstáculo a la
modernidad.
García sufre una enfermedad de
gigantismo, no sólo físico, sino
ideológico, que le hace creer
que los problemas del país se
deben a nuestras dificultades
para abrirnos al mundo que crece
y a nuestro complejo de
inferioridad de hacer negocios
chicos. No logra comprender
cuánto tienen que ver el atraso
y la desventaja con las que el
país entró a los marcos de la
globalización neoliberal, al
punto que todas las condiciones
se nos impusieron desde fuera y
cuánto con el hecho que los
peruanos nos hayamos tenido que
refugiar en los pequeños, micro
y negocios individuales, en el
autoempleo y en la informalidad,
para subsistir y salir adelante,
con el desastre que nos regaló
el presidente del 85-90, y el
ajuste posterior.
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