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¿Piensan irse de Iraq?
Alberto
Piris
Por mucho que se desarrolle
una discusión interminable sobre
la posible retirada militar de
Iraq, los hechos y las
realidades sobre el terreno
parecen contradecir cualquier
intención de retirada. Podría
sospecharse que si la Casa
Blanca contribuye a fomentar ese
debate de cuando en cuando, es
precisamente porque desea
distraer a la opinión pública
del núcleo central del problema:
EEUU no abandonará Iraq, aunque
las razones para hacerlo sean
abrumadoramente convincentes.
Según informa la agencia AP,
durante el mes de mayo los
diplomáticos estadounidenses
comenzarán a ocupar la
gigantesca embajada construida
en la Zona Verde bagdadí, cuyo
coste se estima en 736 millones
de dólares. Comparada en
extensión con el Estado
Vaticano, es la mayor
representación diplomática de
EEUU. Está constituida por una
veintena de edificios
resistentes a las explosiones,
ocupa una superficie de más de
40 hectáreas y proporciona
"espacio de trabajo fortificado"
a unos mil funcionarios, además
de numerosos vigilantes armados,
personal contratado, de servicio
y auxiliares de todo tipo, por
un total de cerca de cuatro mil
personas. De fuentes
senatoriales, se sabe que su
coste anual rondará los 1.200
millones de dólares.
Dispone central eléctrica
propia, de suministro de agua
independiente, campos de
deportes, piscinas, centros
comerciales y toda clase de
establecimientos que la
convierten en un fragmento de
EEUU enclavado en el corazón de
Bagdad. Y aunque también está
dotada de un sistema autónomo de
defensa antiaérea contra
misiles, durante algún tiempo el
personal que trabajaba en su
construcción tuvo que protegerse
de los ataques con mortero de
los iraquíes que pretendían
mostrar la vulnerabilidad del
impresionante complejo.
No se trata de una simple
embajada de EEUU en un país
extranjero. Más bien, cabría
sospechar que estamos ante la
futura embajada estadounidense
en Oriente Próximo, desde la que
el Imperio intentará controlar
una zona tan crítica para sus
intereses. Es, al menos, lo que
opinan algunas fuentes
vinculadas al servicio exterior
de Estados Unidos. ¿Es esto
compatible con cualquier plan de
retirada de Iraq? Por
descomunales que parezcan los
recursos de EEUU, no parece
lógico invertir tanto dinero y
esfuerzos en algo que habría que
abandonar en un plazo
relativamente corto.
Además, las tropas de EEUU han
echado ya profundas raíces en
territorio iraquí. Las cuatro
grandes bases militares
proyectadas inicialmente por las
fuerzas armadas de EEUU han sido
progresivamente reforzadas,
lejos de los focos de los medios
de comunicación. Al norte de
Bagdad se halla la enorme base
aérea de Balad, que alberga unas
cuarenta mil personas. La base
de Al Asad es también otro gran
complejo dotado de toda clase de
servicios de esparcimiento y
descanso para los militares, lo
que hace que sea llamada
coloquialmente Camp Cupcake, o
"campamento de pastas para té".
Según se leía en la página web
del británico The Guardian hace
unos días, se han preparado
planes secretos para el futuro
de las fuerzas estadounidenses
en Iraq, en los que se prevé una
"presencia militar sin límite
definido". En las negociaciones
entabladas entre los gobiernos
de Washington y Bagdad se
pretende sustituir el mandato de
Naciones Unidas por un acuerdo
bilateral que autorice a EEUU a
"efectuar operaciones militares
en Iraq y detener a quienes se
considere necesario por motivos
de seguridad". Aunque la
autorización se describe como
"temporal" y se indica que "no
se desea mantener bases ni
presencia militar permanente",
al no haber establecido un plazo
límite es fácil deducir que
ambas expresiones sólo pretenden
suavizar los términos del
acuerdo y hacerlo más aceptable
por la opinión pública
doméstica.
Si a esto se une el ocultado
factor petrolífero, y el hecho
de que el ejército iraquí es
todavía incapaz de garantizar la
seguridad del Estado sin
progreso en este sentido, no
parece que la presencia militar
extranjera en Iraq vaya a
disminuir.
Cuestión ésta que tendrá que
abordar con presteza el nuevo
presidente de EEUU, toda vez que
los candidatos que ahora pugnan
por serlo dejan ese asunto en
manos de sus asesores, que
muestran una errática percepción
del problema, más interesados en
conseguir votos en las
elecciones del próximo noviembre
que en resolver uno de los más
graves problemas de política
internacional en los que EEUU se
ha visto sumido en el curso de
toda su historia.
Alberto
Piris
General de Artillería en Reserva
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