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Hambre
por Lilia
Cisneros Luján
El sistema de consumo
capitalista, es verdaderamente
perverso dentro de su propia
contradicción y avidez. Por una
parte promueve la mano de obra
barata de la prole familiar –lo
que Jean Charles de Sismondi
(1773 – 1842) calificó como
proletarios- para la producción
de alimentos supuestamente de
bajo precio y de muy dudosa
calidad, mediante la utilización
de químicos e invenciones
trasngénicas, congelados y
latería, que se exportan sobre
todo a los países de más bajos
ingresos. Luego de que esto se
convierte en obesidad, hace
negocio con todo tipo de dietas,
prendas y cremas para adelgazar,
fármacos que inhiban el apetito,
procedimientos quirúrgicos para
recortar el intestino y por
supuesto pingües utilidades a la
industria farmacéutica que se
ocupa de la diabetes, o las
enfermedades cardiacas. Esto
produce concentración de riqueza
–sobre todo en las empresas
transnacionales- desaparición de
la producción local agrícola y
lo que es más grave disminución
en el ingreso popular. En una
primera etapa, el consumo se
vuelca a las importaciones,
cuando ya ni eso permite niveles
razonables para el progreso de
la gente, ésta emigra; pero muy
pronto, con un mercado nacional
deprimido y los campos
devastados, lo que aparece
necesariamente es la escasez.
Otro factor que incide en el
riesgo inminente anunciado por
la FAO y el Programa Mundial de
Alimentos (PMA) de Naciones
Unidas, es el financiero. Los
productos agrícolas subieron
escandalosamente su precio en el
último semestre y con ello, la
comida se convierte de
satisfactor primario a lujo ¿El
aumento en el precio de
alimentos hasta en 40% en el
último año tendrá que ver con la
caída de 28% del dólar frente al
euro y de 130% con respecto al
oro? ¿En cuanto ha impactado
para este aumento el uso de
cereales destinados a producir
etanol? ¿Cómo influyó en el de
los alimentos, la política de
flotación del dólar para evitar
el aumento del precio del
petróleo? Ese dinero –de papel
jugando a la ruleta rusa en las
bolsas mundiales- que ha
enriquecido a empresas
agroindustriales desde los años
setenta a costa del
empobrecimiento de países
africanos y latinoamericanos
¿Podrá regresar a convertirse en
capital productivo para
reactivar el campo? ¿Se
castigará a banqueros y
gobernantes corruptos que
permitieron el uso de fondos
públicos sin prever este
ambiente de depredación que
amenaza con una hambruna
mundial? ¿Responderá por la vida
de millones de niños la Reserva
Federal de Estados Unidos, un
ente político del sector
financiero norteamericano y no,
como muchos equívocamente
asumen, un Banco Central?
Ahora resulta –según la miope
visión de los comentaristas de
noticias- que es el crecimiento
de la demanda en países que
progresan como China, India y
Brasil, y no la política
unilateral de subsidios que
permite a granjeros como los de
Minessosta aumentar sus
ganancias hasta en un 73%, la
causa primordial del riesgo para
más de 100 millones de personas.
¿Qué países asumirán el desafío
–por decir lo menos- de
abandonar el dólar como patrón
de precios internacional?
¿Cuántos más darán prioridad a
este tema por sobre la discusión
de los “tesoros energéticos”
enterrados en las aguas
profundas? La semana anterior,
se celebró el día mundial de la
tierra. Una tierra cuyos bosques
han sido talados
inmisericordemente. Un planeta
todavía vivo, cuya superficie
agrícola ha sido abandonada o
utilizada para desarrollos
inmobiliarios de fin de semana o
de hacinamientos sub urbanos. En
la ciudad de México, por no ir
más lejos, delegaciones como
Tláhuac y Milpa Alta, con
vocación eminentemente agrícola
están a punto de convertirse en
otro rincón depredado, para dar
paso “al progreso” ¿Quién
utilizará esa línea del metro,
los grandes edificios del
bicentenario y esos puentes
viales, cuando por falta de
alimentos la población del DF
empiece a morir de hambre?
Acelerar el proceso de reforma
agraria en América latina, fue
una de la recomendaciones de
funcionarios de la ONU, en la
XXX reunión de la FAO, para
evitar la carestía mundial y no
el cambiar los hábitos de
consumo, como pregonan los
acaparadores. Por lo pronto,
usted puede sembrar en sus
macetas, en vez de plantas de
ornato, un poco de manzanilla,
hinojo, toronjil, hierbabuena,
hepazote y tantas otras especias
de valor tan alto, que movieron
a España a buscar caminos nuevos
y nos impusieron la primera
conquista.
Gentileza:: InfoCOCUAC
[prensa@cocuac.org.mx]
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