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La salud, de derecho de todos
a beneficio de algunos
por Xavier
Caño
Desde ciertos gobiernos
abundan los esfuerzos
continuados para desmantelar los
sistemas públicos de salud. El
totalitarismo neoliberal destapa
impúdicamente su voluntad de
privatizarlos. Nicolás Sarkozy,
presidente de Francia, tiene
prevista una "reforma" del
sistema hospitalario, que
consistirá en recortar servicios
y prestaciones. Y en España, en
las regiones gobernadas por el
Partido Popular, se han
producido los ataques más
feroces contra la Sanidad
Pública con premeditación y
alevosía. La táctica es
sencilla: desprestigiar el
sistema público de salud (por
sus evidentes fallos hoy),
aunque los principales
responsables del deterioro son
los mismos neoliberales que han
impuesto formas de "gestión
empresarial", que buscan ahorrar
como principal objetivo y
recortan servicios y medios.
Resultado: disminución de la
calidad de la atención
sanitaria.
Las Urgencias de ocho nuevos
hospitales de la región de
Madrid están en estado crítico,
denuncia la Coordinadora contra
la privatización de la Sanidad
Pública, y aportan la prueba de
que faltan pediatras,
ginecólogos y traumatólogos.
Tales especialistas no estarán
en el servicio de Urgencias,
pero sí localizables por
teléfono. Una irresponsable
novedad. Algún hospital carece
incluso de traumatólogos de
Urgencias, lo que da idea de la
mala fe de los gestores del
centro, pues la mayor parte de
urgencias suelen ser de
traumatología. Más aún, la
obsesión del Gobierno neoliberal
regional del Partido Popular por
incrementar el papel del sector
privado en la sanidad ha
aumentado de forma considerable
los conciertos con centros
privados. Si en 2006 se gastaron
174 millones de euros en ese
capítulo, en 2008 ya son 274
millones; dinero sustraído de
las asignaciones a hospitales
públicos. Así matan dos pájaros
de un tiro: benefician a
empresas privadas y
desprestigian la sanidad
pública, que se deteriora por no
disponer de medios suficientes.
Y aún más. En dicha región de
Madrid, se han construido esos
ocho hospitales citados con
financiación privada. Enorme
encarecimiento en la
construcción y posterior
gestión. Los hospitales se han
inaugurado oficialmente con
profusión de cámaras de
televisión, pero hoy están
prácticamente sin actividad y
carecen de microbiólogos,
analistas clínicos, bioquímicos,
inmunólogos y genetistas. Como
los centros públicos carecen de
laboratorios, elementales para
hacer analíticas complejas, hay
que recurrir a centros privados
para hacer analíticas complejas
La maniobra se completa con la
masificación evidente, largas
listas de espera para
intervenciones quirúrgicas, y
también para consultas de
especialistas y pruebas
diagnósticas. Pero nada es
inocente ni gratuito, porque se
busca el descrédito de la
Sanidad Pública, primer paso
para conseguir apoyo ciudadano a
su privatización. Pero no sólo
es un problema de la región de
Madrid. Privatizar centros
hospitalarios públicos,
entregándolos a gestión privada,
pero financiando con dinero
público, ya se ha ensayado en
Reino Unido. Desastrosamente.
Los británicos han conseguido
encarecer cuatro o cinco veces
la construcción y puesta en
marcha de nuevos hospitales.
Tal presunta fórmula mixta
'gestión privada-dinero público'
ha incrementado la burocracia y
ha causado deficiencias
importantes en la atención a los
pacientes, más un encarecimiento
de costes. Lo ha denunciado la
Organización Mundial de la
Salud, que debe saber de qué
habla y tener algo que decir al
respecto.
Quienes perderán con la
privatización de la sanidad
pública, si por desgracia
prospera, serán los ciudadanos,
porque la atención sanitaria
empeorará ostensiblemente. Es
sencillo, una simple cuestión
aritmética. Los modelos
privatizados tienen costes muy
superiores, porque a los costes
del cuidado de la salud, ya
elevados de por sí, hay que
añadir los beneficios de quienes
quieren sacar tajada, que están
tras toda la estrategia
privatizadora de la atención a
la salud. En EEUU, por ejemplo,
47 millones de personas no
tienen derecho a ninguna
atención sanitaria, pero es el
país del mundo con mayor gasto
sanitario.
Si no se remedia, los ciudadanos
se verán obligados a pagar para
ser atendidos, y los más pobres
y enfermos se verán excluidos de
los sistemas sanitarios. No por
capricho del destino sino por
una estrategia en marcha,
neoliberal por supuesto, para
conseguir que la salud deje de
ser un derecho de todos los
ciudadanos (como señalan los
artículos 22 y 25 de la
Declaración Universal de
Derechos Humanos) y pase a ser
negocio muy rentable de unos
pocos. El resto, a la
beneficencia.
Retrocedemos hacia el siglo XIX,
hacia la barbarie.
Xavier Caño
Escritor y periodista
ccs@solidarios.org.es
Centro de Colaboraciones
Solidarias (CCS)
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ONG Solidarios
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