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El amasijo
Los calores de
agosto
(Donde se habla de hacer patria
con buen diente, y sin mucho
laburar)
Por: John Argerich
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Mi abuela siempre decía que en
los inviernos helados de Buenos
Aires, la cosa era pasar agosto.
Porque a julio lo soportamos con
el embale de junio, y en
septiembre vuelve un rayito de
sol. Pero aunque te pusieras
papel de diario abajo de la
musculosa, con media hora a la
intemperie terminabas blanco
como jabón de hotel alojamiento.
Así que todo el mundo debía
apechugarla, y para eso
echábamos mano a cualquier
recurso. Unos chupaban tinto
hasta mamarse, otros hacían
gimnasia. Y yo, que siempre la
tuve fácil para el globo, me
defendía del frío fantaseando.
Más que nada con viajes al
exterior. A latitudes remotas,
porque rajar del tornillo era la
cosa, y poco importaba a dónde
pusieras rumbo. Algunas veces
soñaba con Río de Janeiro, tan
cerquita pero tan lejos, con lo
que cuesta el boleto. Otras
veces pensaba en las Antillas, y
hasta en Europa o Nueva York. Lo
que nunca me imaginé fue que por
obra de unos milicos mal paridos
iba a terminar sudando la gota
gorda en pleno agosto. Porque
arriba del ecuador todo es al
vesre. Cuando en mi tierra las
minas te dejan biscocho con
tanto chou de tetera y gamba,
acá andan encapuchadas como
Fátima, porque es invierno. Y
tanta diferencia exige tener
cuidado. Por ejemplo, si al
encontrarte con un minón le
decís "¡Qué churro!", ella capaz
te enchufa un bollo. Como cierta
vuelta que había salido de
levante con un valor llamado el
flaco Gorostiaga. Le quise
florear un piropo a una andaluza
que gambeteaba la vedera,
tirando a la marchanta un salero
de mi flor. Pero a ella no le
gustó el arranque, porque en
menos que canta un gallo, su
sonrisa se convirtió en una
mueca de horror y asco.
-Mire la porquería que viene a
dezirme, niño... -contestó,
encarándome con rabia- ¡La
virgen del Carmen me cuide de
parezer esa fritura llena de
azeite, que pa' podézela comé
hay que untarla en shocolate! Ve
a tomarla po'er culo, shaval,
que te farta educazió. ¡A vé, a
vé...!
El cofla y yo nos miramos sin
saber qué respuesta darle a ese
monólogo. Y lo peor era que no
pescábamos gran cosa del
discurso. Pero en algo estuvimos
de acuerdo. Ese levante no daba
para más. Y por fin terminamos
la tarde en un bar con aire
acondicionado. Buen momento para
cultivar la amistad.
-¡Qué lorca, che, cuando en
Buenos Aires está nevando!
-dije.
-Cosas de la vida... -asintió el
paisano- Con la calor vas en
carroza, pero siempre llega el
invierno, y más vale prepararse
pa'que no te chape orsái. Como
la cigarra y la hormiga que hizo
estrellas del "prime time" un
cumpa de Matusalén que le decían
"el Isopo".
-Tenés razón -contesté, porque
el loco batía la precisa con
alto nivel cultural.
Entonces recordé una crónica que
había leído en internet, después
de junar un cachito las páginas
porno, como hago todas las
noches antes del apoliyo. Y su
tema me caía como camiseta hecha
a medida. Porque con un boleto
de ida, aquel fato solucionaba
todas mis cuitas.
"22 de julio: La Armada
Argentina invade California",
decía el Clarín.
Tras lo cual, empecé a cavilar
duro y parejo sobre el nuevo
panorama". La política
internacional, antídoto de los
primeros fríos".
"Qué barbaridad, meterse en otra
guerra contra la OTAN...",
pensé. ¡Esta vuelta nos hacen
bosta!"
Menos mal que después había unas
fotografías, y en seguida se vio
que ese fato era de cuando los
duendes cazaban perdices. El
tiempo de Mary Castaña, como
decían las jovatas. Pero los
pensamientos profundos me
carcomían el coco. ¿La Argentina
en California? ¡Vaya tema para
largarse a fantasear!
"Debe ser una cargada", pensé
primero.
"O a lo mejor, otra cagada de
los salvadores de la patria",
repuso mi diario olvidado, con
tan bruta novedad.
Pero, como dijimos, aquel
artículo no era noticia fresca.
La cosa es que allá por 1818
había un bolonqui de mi flor con
los gaitas. Una flota
capitaneada por nuestro paisano
el Hipólito Bouchard dio la
vuelta al mundo, dejando 27
barcos realistas bajo las olas
del mar. Y al volver a América
atacaron los puertos españoles
del Pacífico, ocupando
Monterrey, capital de
California. Pero con eso y otros
detalles, se había armado una
bronca generalizada. Y en la
otra costa una gran flota
corsaria sudamericana brindaba
al godo flor de baile. Entre
otras patriadas, ocupar durante
dos años la isla de Providencia,
en nombre de un sueño audaz para
su época: Las "Provincias Unidas
de Buenos Aires y Chile".
Rivales a todo lo largo de la
cordillera, pero hermanas en
alta mar.
-¡Glup! -dije yo, recordando el
romance de Pinochet con la
Tatcher.
Sea como fuere, ahí terminó el
relato, pero me causó una
impresión tan viva, que esa
noche no iba a poder dormir.
Porque daba vueltas en la
catrera, pensando lo lindo que
hubiera sido vivir en esos
paisajes de cielo azul, donde
uno pudiera mandarse su regio
fúting entre cocoteros y
tucanes, cobrando el esfuerzo en
dólares. Y atendido en los ratos
libres por suculentas nativas
con collares de flores exóticas,
que resaltaran su cabello
flotando al viento. Sonrientes y
tostadas por el sol, como deben
ser las azafatas del paraíso
terrenal.
-¿Qué desea tomar el señor?
-¡Un batido de papaya con
champagne!
-¡Whisky on the rocks!
-¡Refresco de ron!
Todo un abanico de diferencias,
como fue siempre en el Caribe.
Pero póngale la firma a una
cosa, che. Entre la multitud de
turistas, mal hubiera faltado el
toquecito nacional.
-¡Marche un mate, por favor!
"Grandes reformas por cambio de
dueño", decía el menú, porque la
personalidad sudamericana se
delata a la hora de morfar.
Lástima que la cosa duró poco.
Porque si nos dejaban un cachito
más, llevábamos unos cuantos
italianos, y esa isla tropical
se hubiera convertido en Buenos
Aires "off-shore". O Santiago "off
shore", que viene a ser una cosa
bastante parecida. Puro ambiente
de despiole, y un lastre como no
hay dos.
-¡Mueve la cintura, mi negrita
santa! -dijo un señor, que
fumaba habanos.
Caribeño de pura cepa, se
hubiera dicho, a no ser por un
detalle. Que mientras seguía el
ritmo de la danza, silbaba entre
los dientes de oro un tanguito
de Gardel.
"En las horas de fiebre y orgía,
harto ya de placer y locura,
yo pienso en vos patria mía,
para calmar mi amargura..."
Bastaba ver el menú para vivir
la integración.
"Chinchulines con papas
Barlovento".
"Empanadas al ajo de Trinidad.
Milanesa napolitana en salsa
boricúa.
Coco con dulce de leche.
Té de boldo, o Nescafé."
Todo igualito que en casa, menos
la meteorología. Lo cual no
requiere comentarios técnicos.
"Continúan los fríos. Pronóstico
para hoy: 35 grados centígrados,
con temperaturas estables todo
el fin de semana".
-¡Qué pachanga habría sido la
vida allá! -dijo Gorostiaga.
-¿Te imaginás? -contesté- Un
paraíso con las playa llenas de
frutas y pescados que te están
ofreciendo gratarola un ambigú.
Apenas hubiera hecho falta darse
una vueltita diaria para parar
la olla. Sin jefes prepotentes,
sin garpar impuestos por cada
cosa que hacés, y sin tener que
tomarte el bondi a las seis de
la matina e ir al laburo
cagándose de frío, como si fuera
un curso acelerado para
recibirse de gil.
-Era el Edén, pebete...
-¿Y cómo lo perdimos?
-Igual que Malvinas. Un día
aparecieron los yonis, y nos
molieron a palos, que Dios
protege a los malos cuando son
más que los buenos. Y la verdad
de la milanesa, con los
quilombos que había en casa,
nadie quiso jugarse la osamenta
por defender una chacra en la
loma del pepino.
-En la Patagonia hay tierra a
rolete... -decían, a título de
consuelo- Y nos encogimos,
nomás.
Gorostiaga hizo un gesto como
asintiendo, porque mesejante
fija no tenía retruco ni
contraflor.
-¡Me cache en dié! -dijo
después.
Y se rajó tranqui para no seguir
pensando. Así quedó ese sueño de
grandeza, que casi dos siglos
atrás llamaron "Provincias
Unidas de Buenos Aires y Chile".
Durmiendo el sueño de los
justos, en el polvo de los
libros viejos. Una historia ya
sin partidarios ni detractores,
de puro olvidada. Como un sueño
marinero, esperando que lo
vuelvan a soñar.
THE END
Copyright: John Argerich,
2007
All rights reserved.
johnargerich@malmo2.net
johnargerich@ya.com
La serie quincenal "El
amasijo" se publica regularmente
en 32 medios de 10 países.
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