|
|
El amasijo
Gambeteando la
insolvencia
(Donde se habla de mi tierra de
adopción)
Por: John Argerich
|
 |
 
|
|
Cada vez que llega el día 14 y
uno anda sin una corona pa'
solventar los vicios, me chapa
la misma preocupación. ¿Qué
pasaría en Suecia si se fundiera
el Social? Porque así seas
hincha de Ferrocarril Oeste,
pelado, ñato o barrigón, con las
doce campanadas se extraña un
buen ambigú. No viá decir morfar
puchero de faisán como hacían
los califas, que uno no aspira a
tanto, pero al menos dos
salchichas fritas con arroz.
Porque la verdad de la milanesa
es que no obstante treinta
pirulos de exilio, a las
albóndigas suecas con dulce de
frutilla no me he podido
acostumbrar. Las "köttbullar med
lingonsâs", como dicen los
vikingos en su parla gutural. Al
falafel, menos. Pero hay una
norma que conviene tener
presente: Para vivir tranqui no
aspirés nunca a más de lo que te
da el cuero. Que si miramos la
historia, en otras épocas de la
vida nos fue bastante peor. Por
ejemplo, cuando esperábamos en
Montevideo los mangos de ACNUR
cada dos semanas. El preludio
nunca era menos de tres o cuatro
días a pan y agua, o algún mate
con que nos convidaban los
vecinos, en la casa de pensión.
Y cuando la ONU formaba... ¡qué
farra, mamá querida! Nos íbamos
a celebrarlo en patota, tomando
feca con chele, a un barcito de
18 y Nosecuánto.
-¿Con qué lo va a acompañar,
señor? -decía el mosaico.
-Con fantasía, purrete, que
acabo de pagar la pieza, y el
cuero no da pa' más.
-La casa invita -decía en voz
baja un gaita republicano desde
atrás del mostrador -¡Hoy por
ti, mañana por mí, chaval!
Pero que nadie lo oyera, porque
en aquellos tiempos cualquier
conversa que no fuera alabar al
régimen, era jugar a la ruleta
rusa. Nunca sabías si el
interlocutor era sincero, o si
era un garca de civil
estirándote la luenga, para
después darte una pasada por
bleque en el Departamento. Y
esos días sin huella me dejaron
una enseñanza que nunca
olvidaré. A la coneja, en todas
partes se la corre igual.
"Cuando rajés los tamangos,
buscando ese mango
que te haga morfar..."
-cantaban los filósofos de
antaño.
Y uno, empujado por la maldita
costumbre de lastrar a diario,
se pelaba el coco para encontrar
nuevas fuentes de recursos. Ir
al puerto a pescar, cantar
tangos en la terminal de
ómnibus, cuando llegaban los
bondis llenos de argentinos que
a pesar de la corta ausencia, ya
sentían añoranzas de su país.
"Mi Buenos Aires querido,
cuando yo te vuelva a ver
no habrá más penas,
ni olvidos..."
-¡Tomá un mango, pebete, que te
lo ganaste en buena ley!
-Yo te doy un dólar.
-Si le sobran, déme dos...
Así pasaban los días, tirando la
manga con oficio. Pero no
podemos decir que gozáramos la
sal de la vida, porque a veces
la guita no alcanzaba para
comprar más que fideos, y había
que manducarlos sin condimento
alguno. Ni sal, siquiera. Un
trago jodido, pero no importaba,
porque pronto nos abrirían las
puertas del país de Nunca Jamás.
Entendámonos, el país de "nunca
jamás vivir a dieta" como
allende el río color de
yaguareté.
-Siéntese, señor -dijo la blonda
azafata, con una sonrisa.
-Muchas gracias -contesté.
-En sueco se dice "tack", y vaya
aprendiéndolo porque esa
palabrita abre todas las puertas
-me susurró un señor.
-Tack! -dije yo.
-¡Qué rápidos son los argentinos
para aprender idiomas! -comentó
la señora que iba al lado de la
ventana, mientras se ajustaba el
cinturón de seguridad.
"BRRRR" rugieron los motores, y
salimos disparados hacia el
cielo azul. Por lo menos, en
Suecia íbamos a sacarnos ese
hambre que perforaba la busarda.
Y se acabaría el sueño obsesivo
que me ponía en cortocircuito la
pensadora todas las noches. Que
estaba en un país donde no había
más que restaurantes, y todos me
invitaban con morfichupi
gratarola.
-Pase por aquí...
-No he traído la tarjeta de
Visa.
-¡Faltaba más! Es por el gusto
de servirlo, compañero.
Entonces yo me despachaba unas
sabrosas tortillas de papas, con
pesheto al horno, empanadas,
humita y salpicón. Todo bien
regado de vinito mendocino,
coronando el menú un postre
vigilante o medio kilo de dulce
de leche casero. Después feca y
cognac, para bajar la digestión.
-¡Despertá, pierrot, que
llegamos a Estocolmo! -me
disparó una voz en el oído
derecho- ¡Has dormido como un
marmota todo el viaje!
-Välkommen! Dijo el sistema de
altoparlantes, dándonos la
bienvenida oficial.
Cuando bajé del avión apenas
pude mirar el aeropuerto, porque
una barra de asistentes sociales
me llevó a tomar un tecito que
me pareció asqueroso, mientras
esperábamos el bondi. Después me
metieron en un ómnibus, con
cuatro o cinco grasas más,
llegados en el mismo vuelo. Pero
de ojito pude observar algunos
escaparates. Los precios no eran
como en mi país, sino que
parecían multiplicados por diez.
Y lo que más me llamó la
atención fue que en los bares si
pedías un vaso de agua, te lo
hacían garpar.
-Acá debe ser triste la pobreza,
con lo que cuesta todo -comenté.
Pero una intérprete que dirigía
la batuta me oyó y dijo:
-Te equivocas, chico. en Suecia
no hay pobres. Pagamos los
impuestos más altos del mundo, y
esa plata hace que todos vivamos
igual.
-No la pesco.
-Muy sencillo. Al que gana mucho
le damos con el hacha, porque
tener demasiada pasta es malo
para el sistema nervioso. Y al
que no para la olla, lo
apuntalamos con subsidios. En
resumen, no hay ricos ni pobres.
Todos se llevan a casa de mil
quinientos a dos mil verdes por
mes. Y el sistema da resultado,
porque casi desaparecieron los
ladrones, las putas y los
secuestros.
-¿O sea que todos corren la
liebre a igual velocidad?
-Llámelo así.
-Entonces los que contaban que
en Suecia se vivía tirando
manteca al techo, me engrupieron.
-¿Manteca al techo? Acá siempre
tenés para morfar -dijo un
mendocino que trabajaba de
chofer- pero se vive más seco
que lengua de loro. Al borde de
la insolvencia, un decir. Porque
si ganás un mango extra, te lo
saca Impositiva. Y para evitar
problemas, alguien propuso que
se borren del almanaque los
primeros cinco días del mes, que
es cuando caen todos los
vencimientos.
-¡Qué sentido práctico, viejo!
La llegada fue impresionante, lo
reconozco. Nos dieron ropa,
guita, techo y lastre gratis.
Pero con el tiempo, me fui dando
cuenta de una cosa: No todo lo
que brilla es oro. Que nadie
espiche morfado por los piojos
está fenómeno, pero si te querés
dar un gustito extra, ¡pobre
ilusión! Las pilchas, por
ejemplo. Todo está a tu alcance,
pero no pretendas vestirte a la
moda de París, porque no morfás
más hasta fin de año. Las minas
andan con unos pantalones sin
forma, que en otras latitudes,
serían moda de linyeras. Arriba
llevan una remera desteñida y un
saco viejo, que parecen bolsas,
varios tamaños más grandes que
la percha. El pelo hecho chuzas,
y un gorro para protegerse del
viento. De los tamangos con
taquito aguja, olvidáte también.
En invierno las suecas calzan
botas para el hielo, y en verano
andan descalzas o con zapatillas
viejas. Los hombres se visten
igual, y como está de moda el
pelo largo, vistos de atrás es
difícil saber quién es quién.
-¡Adiós, princesa! -dijo un
inmigrante medio morochazo, de
puro piropeador.
-¡Te rompo el alma, negro de
mierda! -repuso un urso con
todos los pelos parados, aritos
de oro y tatuajes hasta el
cogote.
Ahora hablaremos del parque
automotor. Un piróscafo está al
alcance de todos los bolsillos,
es bien cierto. Pero debés
bancarte el óxido, algún bollo,
y diez pirulos de antigüedad.
Los autos buenos son para las
empresas, no para vos. Otro
punto crítico es el morfi.
Porque morfar, morfan todos,
como ya se dijo. Pero morfan lo
que en mi tierra les dan a los
chanchos para hacerlos engordar.
Vino ni pensarlo, porque la
botella de un quebracho roña
sale diez verdes. O sea, costo
de importación un dólar, y nueve
de impuestos para mantener
nuestro sistema social. Porque
estamos asegurados contra los
accidentes, las enfermedades, el
desempleo, la vejez, y cuanta
calamidad pueda ocurrir. Así es
mi tierra adoptiva. Al que no le
guste andar siempre gambeteando
la insolvencia, y brindar con
agua para vivir segurola, sólo
le queda un camino. Rajar.
THE END
Copyright: John Argerich,
2007
All rights reserved.
johnargerich@malmo2.net
johnargerich@ya.com
La serie quincenal "El amasijo"
se publica regularmente en 32
medios, de 9 países
paginadigital
|
|
  |
|
Ir al principio,
|
|
Noticias, opinión, política, derechos humanos, movimientos sociales, informes, latinoamerica |
|
|