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El amasijo
El evangelio de
San Benito
(Donde se habla de meter a fondo
las de andar)
Por: John Argerich
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Había una vez un fraile que se
llamaba José. El Pepe, para los
compañeros de la Hitlerjugend
con quienes tomaba cerveza
después de comulgar. "Der Pep",
en la ficha del partido. Un
auténtico exponente de la raza
superior. Rubiazo, de mirada
escurridiza, y con cara de
pastel, como buen alemán.
-Guten morgen, Herr
Oberstrumbannfürer Kaltenbrunner!
-Guten morgen, Pep.
-Guten abend, Herr
Obergruppenfürer von Strekenbach!
-Guten abend, Pep.
-Heil Hitler!
A lo que la muchachada respondía
como un solo corazón: "Heil,
heil, heil!"
-Que el Señor ilumine a nuestro
Führer...
O sea, una historia más conocida
que la ruda: A Dios rogando, y
con el mazo dando, como decían
los caballeros de la cruz.
Después se jugaba un partido de
fóbal, cuidando que si entre los
jugadores había algún judío, su
nombre apareciera
suficientemente germanizado como
para que
ningún destello de gloria fuera
a generar simpatías. Y como un
ejemplo vale más que cualquier
verso, les cuento lo que le pasó
a un pibe que se llamaba Abraham
Golinsky, un virtuoso en el arte
de convertir penales. Habían
organizado un triangular, y se
medía el Deuschland-über-alles
Futbolklub, con su rival de
siempre, Preusen Allgemeiner
Klubb. Y ahí estaba toda la
colonia periodística, encabezada
por Wirtschafswoche, más que un
diario, un paladín en el mundo
del balón.
-¡Tiro libre!-grita el árbitro.
Y el capitán de Allgemeiner
efectúa la elección.
-¡Va a patear Abraham Golinsky!
-dicen mil voces, esperando el
gol de la victoria.
Y con ellas, toda Alemania
contenía la respiración.
-¡Goooool!
-¡Goool de Golinsky, verdadero
campeón entre campeones!
-comentó una periodista
imprudente.
-¡Qué asco de nombre! A esa
prostituta me la anota -dijo el
Oberngruppenfürer von
Strechenbach.
-¿Y al goleador, no?
-A él no podemos mandarlo a
Auschwitz, porque es la estrella
del equipo. Pero sería bueno
ponerle un nombre algo más
germano. Dispongo que a partir
de hoy, en todos los partidos
figure como Heinrich
Göltzkenrecht.
-Von Göltzkenrecht suena mejor.
-Bien pensado, padre Pep.
Así pasaron los años, haciendo
equilibrio en la cuerda floja,
hasta que por fin el mundo
colifato de los camisas negras
se derrumbó como una torta,
cuando los invitados entran a
lastrar.
-¡Viva la libertad! -gritaba,
loco de contento el curita, al
aparecer los primeros tanques
Sherman.
Y tan grande era su entusiasmo,
que fue ascendiendo en la
carrera clerical.
-Te nombro cura párroco.
-Te nombro obispo.
-Te nombro cardenal.
-Te pongo como prefecto de una
importante congregación.
-Cuál, Su Santidad?
-La Doctrina de la Fe.
-No me suena...
-La Inquisición, don Pepe, que
si Torquemada la hizo famosa,
vos le podés devolver vitalidad.
-¡Qué laburo de mi flor...!
-Una fución importante, porque
hay muchos interesados en
rompernos la pacencia. Pero si
los ponés en vedera todo sale
pipí-cucú.
Y las cosas anduvieron como una
máquina recién lubricada. Porque
de nazi a inquisidor había
solamente un paso. Lástima que
la hoguera hubiera sido
prohibida por razones
ecológicas, con la concurrencia
que aportaría cada chou. Y
vendiendo la platea a precio
módico, hasta el Monumental se
llena. En otras palabras, ese
proyecto podía dejar más mosca
que los conciertos de rock and
roll. Una pila de euros, según a
quién se quemara. Porque si
despachábamos a doña Rosa la
verdulera, no iba nadie, pero
con un buen enganche cada tanto,
podríamos asar a una vedette de
Hollywood, de esas que andan por
la calle mostrando las tetas, y
te ponías tamangos de bacán.
-¿Cómo anda hoy de salud?
-acostumbraba preguntarle don
Pepe al santo padre, mientras se
probaba sus sotanas.
-Medio cachuso, che.
Y de tanto esquivar huevos en el
papamóvil, un buen día el pobre
carcamán no aguantó más los
trajines del oficio, dejando
este mundo a las generaciones
por venir. O sea que estiró la
gamba para irse al tacho como
cualquier hijo de vecino, cuando
las parcas tocan el timbre de la
maison. Entonces los grandes
capos de la liturgia se
reunieron en cónclave, para
nombrar sucesor.
-Elijamos a un filósofo- dijo el
cardenal Katungata.
-Elijamos a un industrial -dijo
un rubio que masticaba chicle.
-Elijamos a un flor de garca,
para recuperar el prestigio de
iglesia dura, que perdimos con
un viejo que se baboseaba de
tanto pedir perdón.
-Habemus papam -informó a las
multitudes una voz.
Lo bañaron, le pusieron sotana
nueva, le echaron un poco de
perfume para sacarle el olor a
incienso, y... ¡ a elegir nombre
para entrar en la historia!
-A mí me gusta José.
-A mí me gusta Luis.
-Se dejan de hinchar y me buscan
un nombre como la gente -rugió
el Pepe- Si es posible, con
cierta invocación histórica.
-Le faccio una proposizione:
Benito, come il Duce -dijo un
calabrés, mientras escupía de
costado, para aplastar el pollo
con cierto bamboleo del taquito
militar.
-Nos van a criticar -dijo José.
-Benedicto, entonces, así nadie
pesca la variante.
Luego había que empezar a
actuar. Lo cual requiere definir
sus metas. Y si en este mundo
había algo que al santo padre le
daba en las pelotas, eran los
negros. Porque cura se hace,
pero alemán se nace, como bien
dice el refrán.
-¿Qué programa me han preparado
para la semana próxima,
muchachos? -preguntó un día de
inspiración.
-Visitar el Brasil, donde se
reúnen los jefes de las iglesias
latinoamericanas.
-Oia, mi Dio... ¿Son todos
negros?
-Algún negrito habrá, Su
Santidad, pero también los hay
con un cabello rubio
espectacular.
-Menos mal, y ojalá que ninguno
sea comunista, amigo de los
divorciados, o gay.
-Están los teólogos de la
liberación.
-Esos son los culpables de que
la misa no se diga más en latín,
y si les hiciéramos caso,
terminaríamos cambiando el Ave
María por "Acuarela do Brasil".
Me los excomulga a todos, por
favor.
-También habría que bajarle el
copete a tanto mestizo con
plata, como se ve por allá. Y lo
planteo en sentido amplio, como
decía el Überreichsführer
Hermann Göering. Nadie que se
aleje mucho del ideal nórdico
debería tener sitio en los
altares del Señor.
-Lo mejor sería demolerles la
leyenda negra que inventaron
sobre la conquista.
-Ah, si... ¿Que para convertir
América en un lugar decente, los
europeos debimos matar sesenta
millones de afanancios y
curdelas? Es como el Holocausto,
cosas que inventan para dar
lástima, y estirar la manga.
Fue en medio de tal conversa,
que surgió la idea de pronunciar
un discurso para hacer época,
desautorizando las falsedades
históricas con que la negrada y
sus cómplices de izquierda
rompen la pacencia, sin más afán
que engordar.
Entonces se conocieron los
puntos fundamentales de un nuevo
evangelio, que haría famoso al
Benito XVI. No es cierto que en
América haya habido ningún
genocidio hecho en nombre del
oro y de la cruz. Los europeos
iban solamente como invitados de
los indios a sus fiestas de
primera comunión. O dicho con
palabras que han ganado para
siempre un lugar en la memoria:
"El catolicismo no llegó a los
pueblos originarios de América
por imposición. La conversión de
éstos fue un encuentro. El
anuncio de Jesús y su evangelio
tampoco supuso una alineación de
las culturas precolombinas, ni
imponerles una cultura extraña.
Significó encontrar al dios
desconocido que, sin saberlo,
sus antepasados buscaban en
ricas tradiciones..."
Al terminar los discursos,
muchos empezaron a preguntarse a
santo de qué estarían tratando
de venderles semejante perro. Y
un morochazo que por allí pasaba
dio su sincera opinión:
-Está clarete, muchachos. Ese
fraile se mamó.
THE END
Copyright: John Argerich,
2007
All rights reserved.
johnargerich@malmo2.net
johnargerich@ya.com
La serie quincenal "El
amasijo" se publica regularmente
en 32 medios de 10 países.
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