" La Omisión de la familia
Coleman"
de Claudio Tolcachir
Grupo Timbre 4 - Buenos Aires,
Argentina
Por
Susana Weingast

En representación de
Argentina el dramaturgo y
director Claudio Tolcachir y el
grupo de actores de Timbre 4,
presentan en Miami "La omisión
de la familia Coleman".
El elenco se auto titula actores
vocacionales, o sea los que no
viven del teatro pero tienen un
compromiso con él; sin embargo,
su trabajo actoral los pone a la
altura de los mejores
profesionales. Esta obra está
muy bien titulada, ya que la
"omisión" no es un simple
olvido. Es disimular,
reservarse, negligencia y
descuido es el "no hacer", es la
"abstención" de la conducta que
es necesaria para evitar una
consecuencia.También en este
caso, la omisión es una forma de
defensa para no hacerse cargo de
las cosas o no tomar
responsabilidad sobre las
mismas.
Cuando se ingresa al teatro
están en un sillón de la sala
dos actores sentados y
conversando tal como si
estuvieran en su casa,
recibiéndonos a nosotros, su
público, esperando que las
butacas se llenen, para comenzar
la obra.
La familia Coleman es la
historia familiar atípica, donde
todo está mal, parece anárquico
y equívoco, cada uno se invade y
a la vez se rechaza, y les es
imposible escucharse o
comprenderse entre sí y una
forma de defenderse, esa mudez,
u omisión dentro de un esquema
conflictivo, conduce a que nadie
se haga cargo de lo que dice, o
lo que hace.
Las situaciones conducen al
absurdo, la comunicación es
prácticamente imposible. La
omisión de la familia Coleman
transcurre entre una comedia del
absurdo y el gran drama que
esconde.
Todos en esta familia, creen que
las cosas nunca van a cambiar;
esto genera un gran período de
permisividad, y como nada puede
cambiarse ni tener solución
están detenidos en una atmósfera
que evoluciona en un crescendo
angustiante porque no se ve
solución al conflicto.
La convivencia se hace cada vez
más conflictiva. La violencia
cotidiana convive con lo
patético de cada personaje. Cada
uno a su modo tiene la sensación
de que la vida cotidiana es un
caos imposible de ordenar, a
menos que se rompa con todo.
La figura aglutinante es la
abuela, que logra, siempre con
una sonrisa, calmar los ánimos
belicosos y poner un poco de
orden en el manejo del dinero y
del funcionamiento de la casa.
No hay responsabilidades
familiares ni cotidianas: los
remedios están vencidos, nadie
recuerda las recomendaciones del
médico, todo los supera, las
cuentas, la ropa, la comida.
En cada uno de ellos vemos la
ceguera del que no quiere o no
puede ver y la incapacidad del
que no puede ni quiere hablar.
En lo que podríamos llamar la
segunda etapa de la obra, que
surge la internación de la
abuela y así aparece el
personaje del médico, para
aclarar la postura de cada uno,
ya que en esta familia cada uno
tiene un apellido diferente,
hijos sin padres, puede haber
inclusive una situación de
incesto, al identificarse cada
uno y omitida por la sonrisa
comprensiva de la abuela.
Es una familia en la que ninguno
de sus integrantes sabe nada del
otro, al menos aquellas
cuestiones que son esenciales.
Aunque hay señales de alarma por
todos lados, ninguno manifiesta
nada de lo que le pasa ni se
entera de lo que le está
sucediendo al otro.Es una
familia disfuncial.
Cada uno de los actores
comprende y esculpe su personaje
excelentemente y la conexión
actoral es insuperable, justo al
revés de lo que ocurre en el
libro:
La abuela ( Ellen Wolf )
interpreta a que vive en su
mundo ilusorio, comprensiva y
acepta y es cómplice de los
errores y secretos familiares.
Ella es el ente aglutinador y la
única que tiene cierta
importancia para los miembros de
la familia, pero en gran medida
es también, se intuye, la "gran
omisora" y la causante inicial
del caos familiar. También es la
única que da cariño; es una
abuela práctica que, no obstante
su compromiso afectivo con
todos, no le es dado contener el
desastre que se avecina, omite
todo lo que puede herir o causar
desavenencias entre los
personajes.
Cuando ella enferma y es
internada, ese hilo conductor se
rompe en el grupo, y cada uno de
sus descendientes, tiene que
comenzar a forjar su propio
destino.
La madre a quien sus propios
hijos llaman "Meme", distorsión
de mamá (Miriam Odorico) poco
interesada en los problemas
domésticos; poco habituada a
hacerse cargo de sus
responsabilidades; tiene cuatro
hijos de diferentes padres, pero
no tiene ni amor de madre ni
calidad de madre, parece una
hija mas, inclusive, a veces más
inmadura que sus hijos, con un
uso y abuso a su conveniencia.
El hijo autista Marito (Lautaro
Perotti) en una impecable
actuación, es quien nunca se
baña y cuando lo hace es
vestido; posee un léxico
complejo y anuncia con la misma
pasmosa franqueza que la casa se
hunde como que su madre lo ha
apuñalado para echarlo de la
cama que comparten.Es un ser
fuera de la realidad, débil,
vapuleado por los hermanos e
incomprendido por su
deficiencia; los demás no le
entienden, porque tampoco se
entienden entre ellos.
La enfermedad que Marito sufre
es real y tangible; pero en
realidad la enfermedad flota en
la casa y en sus personajes
porque la mayoría están fuera de
la realidad.
La hermana mayor Verónica, que
nunca convivió con la familia
(Inda Lavalle) siendo niña, su
madre sin darle nada de cariño
maternal, se la entregó al
padre; creció en otro ambiente,
está casada y tiene dos niños, a
quienes mantiene apartados,
junto con su esposo, del ámbito
familiar.
Desea concientemente estar muy
lejos de ellos… pero la culpa
hace que les dé dinero y trate
de encausar en algo la
calamitosa situación familiar.
En medio del caos intenta servir
de cauce, pero la realidad es
tan aplastante que nadie puede
remediar.
La introvertida hija melliza
Gabi (Tamara Koper) que parece
haber tomado el papel adulto y
conductor de la familia, siempre
con gesto adusto y siempre
trabajando para ganar algo que
ayude al sostén familiar,
haciendo de costurera. Trata de
no conectarse con hombres para
no parecerse a su madre.
El hermano mellizo Damián (Diego
Futuros) es enigmático e
introvertido, callado y siempre
con intención desconocida,
defiende y acusa, ataca y
defiende. Es quizás el mas
ambivalente.
El chofer-amante Hernán (Gonzalo
Ruiz) juega entre su amante, (
la hermana mayor) y se enamora
de la hermana melliza.
El médico (Jorge Castaño)
ingresa al juego de los Coleman
de manera circunstancial,
ayudándonos a todos los
espectadores a entender cómo
está compuesta, quien es quien y
qué rol cumple cada uno.
A partir de esta pequeña
explicación y para concluir:
hemos visto un espectáculo
teatral de excelente libro y
actuación, plagado de símbolos
psicológicos que pueden suceder
en una familia, o en una
sociedad.
La escenografía forma parte de
la totalidad, ambientes que se
componen, que cambian, y que dan
a los actores libertad de
movimiento, y los que salen de
escena, lo hacen sin salir del
escenario, simplemente por un
cambio de focos de luces, es el
estar y no estar presente en la
totalidad de la obra.
Y el dar la espalda al público
en determinados momentos no
molesta, ya que marca momentos
de cambios, que ayudan al
espectador a ubicarse.
Esta pieza teatral fue
seleccionada para la noche de
apertura, arrastra una estela de
éxitos en Buenos Aires, donde se
presentó por primera vez en el
2004 con el mismo elenco que ha
recorrido las provincias
argentinas y viajado a Bolivia,
Brasil y Nueva York, en los
Estados Unidos, antes de llegar
al festival de Miami.
La puesta en escena en el evento
de Miami fue precisa, sin
errores de ningún tipo, con un
manejo de luces puntual y un
único número musical al final,
que brinda un cierre exacto y
aplauso de pie. © 2007
Gentileza::
sweingast@gmail.com
paginadigital |