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90 aniversario de la Revolución
Bolchevique (Parte II)
A pesar de todo, no es un
fracaso... es un precedente
Por
Jorge Gómez Barata (Visiones
Alternativas)
Los revolucionarios
norteamericanos de 1776, los
franceses de 1789 y los rusos de
1917 tuvieron en común enarbolar
consignas de un alcance que
trascendía los contextos locales
respectivos. La diferencia es
que los primeros no lo sabían,
mientras los bolcheviques lo
hicieron conscientemente, con
arreglo a una teoría y sobre la
base de un programa.
Aunque los preceptos de la
filosofía liberal, referentes
teóricos de las primeras
revoluciones, fueron resultado
de reflexiones de calado
universal, las vanguardias
políticas de Norteamérica y
Francia, no actuaron
sensibilizadas por las
condiciones de existencia del
género humano, ni siquiera por
las de sus respectivas
sociedades. Ello sin embargo no
restó universalidad a su rol
histórico por el hecho de que,
al liberarse de las ataduras
feudales, la burguesía libera al
resto de la sociedad.
Con el surgimiento del marxismo
que descubrió regularidades y
leyes capaces de explicar el
devenir históricos, la
sociología adoptó una
metodología más rigurosa, asumió
los métodos de las ciencias y,
al elevar su cientificidad, se
crearon condiciones que
auspiciaron un pensamiento
político avanzado, capaz de
elaborar programas a futuro con
la convicción y la certeza que
aporta el conocimiento.
Aquellas fueron las premisas
teóricas que permitieron a los
hombres dejar de ser
instrumentos de fuerzas
desconocidas y convertirse en
artífices de su propio destino.
Desde entonces el pensamiento
avanzado formuló metas y creó
proyectos a partir de pautas
situadas fuera de la realidad.
El que más lejos llegó fue el
socialismo que se planteó la
posibilidad de construir una
nueva sociedad.
Tales desarrollos teóricos no
podían surgir como derivados de
la actividad de una clase
social, sino que fueron
resultados de la actividad
teórica de la vanguardia
política que produjo una nueva
ideología y la inyectó a la que
espontáneamente generaba la
clase obrera, hecho que planteó
la necesidad de una organización
política diferente: el partido
de nuevo tipo que Lenin trató de
construir.
La grandeza de la Revolución
Bolchevique y lo profundo de su
significado histórico no radica
en lo que hizo, sino en lo que
se propuso. La revolución rusa
de 1917, con sus virtudes y a
pesar de su trágico final, fue
el primer proyecto político
pensado a escala de toda la
humanidad y formulado no sobre
la base de las necesidades de un
país, sino a partir de la
creencia de que se trataba de
una demanda de la época.
Marx no percibió la revolución
proletaria como fruto del
voluntarismo de líderes u
organizaciones, ni como
resultado de contingencias
políticas locales o como un
evento nacional. Para él, el
socialismo era una categoría
histórica, una nueva formación
social que, llegado el momento,
por efecto de realidades
objetivas y de leyes históricas,
como por gravedad, sustituiría
al capitalismo ocupando el
espacio de toda una época. En
sentido estricto, para Marx, la
revolución y el socialismo no
fueron nunca utopías, sino
pronósticos, frutos de
desapasionadas reflexiones
científicas.
El mérito de los bolcheviques,
encabezados por Lenin y Trotski
fue haber intentado fusionar
aquella teoría revolucionaria
con la energía y las demandas de
la clase obrera en Rusia, el
único espacio en que les era
posible hacerlo y que los obligó
a intentar el milagro de
machihembrar las ideas políticas
y sociales más avanzadas, con el
primitivismo político, el atraso
económico, social, tecnológico y
cultural, la ruina de la
industria, la agricultura, el
comercio y el aislamiento ruso
acentuados por la guerra
mundial.
En la excepcional coyuntura
histórica creada por el derrumbe
del zarismo y el desastre humano
y socio económico provocado por
la Primera Guerra Mundial, Lenin
levantó las banderas de la
revolución, asumiendo a Rusia
como el comienzo de la
revolución mundial.
Los esfuerzos para que las
empobrecidas e incultas masas de
un imperio medieval asimilaran
las ideas y consignas del
pensamiento político más
avanzado y el intento de
injertar las relaciones de
producción socialistas en una
sociedad medieval, definen a
Lenin como el líder político que
ante una fugaz oportunidad, no
vaciló en intentar tomar el
cielo por asalto.
Aunque no logró totalmente sus
objetivos y la Unión Soviética
no resistió la prueba del
tiempo, la Revolución
Bolchevique que ahora cumple
noventa años, no es un fracaso
sino un precedente.
Gentileza: Revista Koeyu
Latinoamericano [
koeyu@cantv.net ]
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