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El uso ideológico del discurso
en la literatura militar
reciente
El discurso que Abraham Alberto
Marín presenta en su obra
“Batallón Atlacatl, génesis y
ocaso”, definitivamente tiene un
uso ideológico. Este se emplea
para crear un elemento
diferenciador evidente, que deje
claro la identidad política de
quien escribe. Sin embargo la
notoria carga ideológica
contamina en muchas partes del
texto y con implicaciones en la
frialdad técnica de la razón,
que objetivamente debe privar al
momento de hacer evaluaciones
sobre el desempeño militar de
una unidad elite en este caso.
El diseño de una versión de la
historia, políticamente solo
puede tener dos destinatarios
que en forma aparente tomarían
el mensaje y lo cuestionarían
mínimamente. Uno de ellos es el
público, al cual se apela en
forma general; se parte de la
idea fundada de que el hombre
promedio en teoría es una
especie de gran juez, cuyas
virtudes morales se materializan
en una opinión calificada, o en
su decisión colectiva de
ratificar ciertas propuestas vía
evento electoral. Ese gran
público se convierte en receptor
de un discurso que posee los
atributos de una dicotomía
clásica, que se basa en la
relación entre buenos y malos.
Se encuentra en este espacio que
la obra construye una versión,
que reconoce errores graves,
pero que en general asume la
justeza de la causa patriótica.
Demoniza al adversario y
descarta consideraciones
intermedias, que permitirían
aproximaciones a la verdad de
mayor validez política y
racional.
Mientras el otro destinatario se
ubica en las propias filas, ello
implica que la estructura
lingüística del discurso
reproduzca categorías y motes de
carácter irrefutable que
definirían la identidad del
adversario. Esa tarea de
construcción ideológica hacia
adentro refuerza la cohesión de
grupo, pero no contribuye a que
la tropa de a pié tenga claro la
naturaleza de aquellos a los que
se enfrenta.
Las
palabras ídolos utilizadas en la
obra
Lo anterior conlleva a un
discurso triunfalista que
normalmente minimiza errores
propios, no coincide con la
realidad o genera excesivas
contradicciones. Por tal razón
me permito examinar algunas
palabras ídolo utilizadas en la
obra en cuestión. Entendiéndose
por éstas aquellas que tienen un
uso público indiscriminado, que
contienen ideológicamente un
conjunto de conceptos elaborados
para denigrar moralmente al
grupo que no se acepta y cuyo
objeto es anular social y
políticamente a un actor o grupo
que es percibido como amenaza
para el orden establecido que
defiende el grupo dominante.
Una palabra ídolo empleada en
demasía para describir al
adversario a lo largo del texto
es el compuesto “delincuentes
terroristas”, el uso responde a
una función de la guerra
psicológica con la finalidad de
degradar ante el público al
adversario y presentarlo como
aquel que libra una lucha que no
honra con su conducta. De todas
maneras el uso ideológico
deliberado de esta palabra
ídolo, transforma la situación
militar en forma indirecta, pues
trabaja percepciones en el largo
plazo; intentado aislar
socialmente al FMLN. La
categoría en sí pone en duda los
logros y capacidades militares
de un batallón élite, cuyo
diseño se asume fue clave para
generar una ventaja estratégica
en el curso de la guerra. El
elemento del terrorismo también
es confuso, porque ante la
lógica de suponer que el
adversario es identificado como
un colectivo desalmado e
inescrupuloso; la pregunta que
surge es ¿Qué hacía una unidad
de fuerzas especiales
combatiendo a “delincuentes”? y
la otra que se vincula ¿Por qué
no recibió el FMLN un
tratamiento de seguridad
pública?, la contradicción sigue
en cuanto las glorias del
batallón Atlacatl dependen de lo
sofisticado que haya sido el
enemigo para vencerle, ello
solamente puede tener sustento
sí se incorpora en el balance la
consideración del Gral. Blandón
que reconoce el carácter casi
regular que la ex guerrilla del
FMLN logró en los primeros años
de la guerra civil.
El terrorista se reconoce como
aquel teórico combatiente que
motivado por una estructura de
causa, diversifica los medios de
violencia; orientándolos a un
uso extremo, masivo e
indiscriminado, que quedan
debidamente justificados dentro
de los parámetros morales o
políticos que sustenten. De esta
conceptualización pueden derivar
algunos ejemplos como la
colocación de coches bomba en
lugares de recreación o el
lanzamiento de bombas de
quinientas libras sobre
población civil. Lo que sí es
evidente, es que constituye – el
terrorismo – una categoría de
uso indiscriminado, con mucha
subjetividad y anclado al
relativismo moral que esbozan y
practican los grupos sociales en
contienda.
Una segunda palabra ídolo se
refiere a “subversivos”, como
una conceptualización que denota
cierta capacidad para alterar el
orden establecido, mediante
diversos recursos de política o
práctica violenta. La dosis
contenida en la misma ilustra
parcialmente el comportamiento
del adversario, porque la ex
guerrilla también logra
articular zonas de control
militar donde se erige una
estructura básica de autoridad y
vinculación social con su
respectivo componente de
organización política y pública.
Ello plantea que debe pensarse
también, que las operaciones
militares emprendidas por
unidades como el batallón
Atlacatl; intentaron en su jerga
y concepto de misión recuperar
zonas en posesión guerrillera.
Pero que en la concepción del
adversario, significó y fue
apreciada como una amenaza de
subvertir el orden social de las
zonas liberadas; esfuerzos
bélicos que contenían objetivos
de desmantelamiento de
autoridades públicas paralelas.
De tal manera que ésta palabra
ídolo, tiene un contexto
inmediato de miedo; porque su
uso público en voz baja, quedó
definido como una referencia
informal concerniente “al otro”,
al que está en la montaña y del
que se nos dice que tiene
oscuras intenciones.
La tercera palabra ídolo
abundantemente empleada es
“facinerosos” para referirse a
los combatientes guerrilleros.
La misma identifica un teórico
conjunto de abusos e irrespeto a
reglas básicas de combate, que
norma el derecho internacional.
Esa construcción discursiva
revela una denuncia de que “el
otro” no observa el principio de
igualdad de condiciones, de
simetría y otros que hacen
honroso el desempeño bélico
tanto de militares como de
guerrilleros. Lo cierto es que
la paridad militar, no se
desarrolló sobre la variable de
hombres alzados en armas, medios
disponibles, comunicaciones y
otros rubros de evaluación
estratégica.
El
discurso puede poseer conceptos
básicos, pero…
La ecuación que funciona durante
el desarrollo de la actividad
militar, es la de optimización
de recursos, la de explotación
de vulnerabilidades del
adversario, la de efectividad y
sobre todo la concerniente a la
generación de confianza mutua
que suponía que ambos
contendientes eran capaces de
infringirse daño, cumplir un
umbral mínimo de humanismo y la
permanente observación de los
errores del otro y disposición
de aprendizaje tras cada ensayo
en el campo de batalla.
Finalmente sostengo que el
discurso puede poseer conceptos
básicos, pero su contenido para
constituirse en duradero, supone
que sea reforzado con la justeza
de la causa, y que se asuma como
tal, porque solo eso articula
una teórica superioridad moral
sobre el otro, movilizándola con
los recursos sociales que de
ella derivan.
Juan
Carlos Morales Peña
juancarlos_mrls@yahoo.com.mx
Gentileza: Ovidio [
ovidioretana@yahoo.com ]
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