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Fausto Reinaga y el problema de
la descolonización mental
Por
Carlos L. Bedregal Tarifa
El pensamiento de Fausto Reinaga
necesita de estudio profundo
para que esté efectivamente al
servicio de una lucha política
eficiente. Por ejemplo, ¿qué
quiso decir con sacar a Cristo y
Marx de la cabeza del indio?
Hace ya un siglo que nació
Fausto Reinaga y tanto su
pensamiento como su legado de
lucha política continúan siendo
referencias importantes por la
capacidad que tienen de
cuestionar la existencia misma
de esta sociedad llamada
Bolivia. Volver a considerar sus
argumentos —como todos
discutibles— y el sentido de sus
propuestas puede ayudar a
orientar el difícil, tortuoso e
inevitable proceso de
reconstrucción (y no sólo de
refundación) en el que todos los
sectores de esta sociedad se
hallan involucrados. Si queremos
avanzar por este camino sería un
grave error ignorar a quienes,
como Reinaga, han influido
poderosamente en la lucha y en
las ideas de los más oprimidos y
marginados. Sin éstos, que son
la inmensa mayoría de la
población, sin su participación
consciente y combativa,
sencillamente, ya nada bueno es
posible. Conocer a Fausto
Reinaga es conocer algo
importante de ellos y de su
participación política.
¿Cómo aproximarnos a Reinaga?
Por el momento y como una
primera contribución,
centraremos nuestro análisis en
algunos aspectos importantes de
una de sus obras, aquella que
lleva el título de «El hombre»
(1981). No daremos mayores
explicaciones sobre esta
elección, pero, tenemos la
esperanza de que se justifique
por nuestra exposición1.
El
pensamiento amáutico y el
pensamiento socrático:
Desde el primer párrafo de la
obra Reinaga expone la idea que
servirá de base a sus
reflexiones: «El hombre es
pensamiento». Surgió de la
naturaleza pero, a diferencia de
los otros seres de la misma, es
pensamiento y es tal como
piensa. Sus ideas, lejos de ser
un simple eco del mundo, son las
que le permiten interpretar, de
una forma particular, a la
naturaleza misma, a él mismo y a
los demás hombres. Todo
dependerá, entonces, de cómo
piensa y de qué piensa.
Ahora bien, con el propósito de
ordenar y de simplificar las
cosas, Reinaga habla de dos
formas fundamentales de pensar:
el pensamiento socrático y el
pensamiento amaútico. Se trata,
evidentemente, de un esquema,
pero, al parecer, es el más
adecuado que él elaboró para
exponer la lucha del indio por
su libertad.
El llamado «pensamiento
socrático» le sirve para
englobar a toda la llamada
«civilización occidental». Las
condiciones de sometimiento en
que —ayer y ahora— se encuentra
el indio, como consecuencia de
la expansión de dicha
civilización, se consolidan por
la hegemonía de este
«pensamiento socrático»; y hasta
puede decirse que son su
resultado.
La esencia de éste radica en que
somete al hombre a principios
trascendentes ajenos a él y al
cosmos. Para Reinaga tanto la
filosofía como la religión
occidental (el cristianismo)
hacen al ser humano un esclavo
al servicio de la razón, de lo
absoluto o de Dios. La
conclusión es que la
«civilización occidental»
obedece a una mentalidad
asesina; los principios que
someten a los hombres los llevan
a dominar a quienes no los
aceptan o no los conocen y a
someter a la misma naturaleza.
Debido a la expansión de este
modo de pensar, el mundo,
sometido por occidente, ofrece
un espectáculo doloroso de
división, enfrentamiento y
sufrimiento. Este mundo presenta
una especie de falsa unidad, una
unidad construida a partir del
dominio de occidente y la
anulación de los no
occidentales.
Frente a esta especie de unidad
desgarrada del planeta surgida
con el dominio de Occidente
propone el llamado Pensamiento
Amaútico, para él única garantía
de felicidad y salvación de la
humanidad. Para llegar a él se
propone la exigencia de
erradicar de la mente y del
cerebro de los hombres a Cristo,
a Marx y al mismo indigenismo
(producto del oportunismo
mestizo y la ingerencia del
marxismo), porque esclavizan y
someten al ser humano.
A través del pensamiento
amaútico se restablecería la
unidad entre el hombre y el
cosmos, o sea, la verdadera
unidad, principio y fundamento
de su libertad. Ésta es su
esencia y por ella lo
caracteriza como una «mística
galáxica», o sea, como aquella
que surge de la contemplación de
la vastedad y unidad del
universo y, al mismo tiempo, de
la pequeñez y grandeza del
hombre y sus capacidades. Cree
en el poderoso efecto que
produciría tal contemplación y
piensa que es suficiente para
eliminar toda tendencia negativa
y criminal. La contemplación
mística del universo podría
crear la armonía entre los
hombres.
Sin embargo, como nuestros ojos
y mente están bajo la influencia
del pensamiento socrático, es
necesario preparar al hombre,
desde niños, para esta mística.
Esto implica no sólo una forma
distinta de educación, sino
también, plantearse la necesidad
de la lucha (bajo la forma de la
revolución india).
La
superación de la negatividad
La inevitable conclusión es que,
en las actuales condiciones (que
son básicamente las mismas del
tiempo de Reinaga), la mística
galáxica o el pensamiento
amaútico se afirman y alimentan
de la lucha y de la
confrontación. La acentuación de
esto ha creado las condiciones
para que se considere a Reinaga
un racista recalcitrante. Sin
embargo, existen elementos que
nos muestran que Reinaga se
encontraba en el camino de la
superación de esta simple
negatividad o actitud
radicalmente excluyente.
Es sintomático, por ejemplo, que
no se base exclusivamente en lo
que podríamos llamar un
«pensamiento originario», que
valore muchos aspectos de la
ciencia occidental y que,
incluso, tome expresiones de los
mismos autores que quiere
erradicar de la mente. En
realidad se relaciona con estos
autores muy libremente. Con esto
no queremos afirmar que caiga en
contradicciones flagrantes,
sino, por el contrario, que en
ese entonces (1981, año en que
se publica El Hombre) transitaba
por un camino menos simple de lo
que podríamos pensar.
Tal vez la clave consista en
entender que la idea de sacar a
Marx y a Cristo de la mente
(idea que puede extenderse a la
civilización occidental) no
equivale a negarlos
completamente. De lo que se
trata es de superar la relación
de subordinación que
habitualmente han establecido
sus seguidores, sus profetas y
misioneros de todo tipo. Sus
ideas han sido convertidas en
dogmas que esclavizan. De esta
forma, la idea fundamental del
texto se mantiene: superar toda
relación de sometimiento a
principios trascendentes como el
dios cristiano o «la verdad»,
etcétera.
En todo caso, esta relación
libre con algunos aspectos de la
civilización occidental se
construye a partir de las
durísimas condiciones de
explotación en que se encuentran
los «indios»; y nadie como don
Fausto Reinaga para
presentárnoslas de forma tan
vívida. Las pasiones y los
sentimientos surgidos ante el
espectáculo de las injusticias
del mundo y, al mismo tiempo, la
comprensión mística de la unidad
del hombre con la naturaleza,
pueden convertirse en fuerzas
poderosas que transformen la
historia y a la humanidad
entera. Y algo de esto es lo que
vivimos en la actualidad.
Ex director de la Carrera e
Filosofía de la UMSA.
1 Este artículo resume la
exposición presentada en el
Ciclo de Conferencias sobre «El
Pensamiento Descolonizador de
Fausto Reinaga» (homenaje por el
centenario de su nacimiento)
Agosto 2006.
Gentileza: Melina Alfaro [
melina_alfaro2000@yahoo.es ]
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