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Agricultura Andina
En la última década del siglo
pasado, la agricultura andina ha
recibido, tanto en el Ande como
en el exterior, una atención
académica muy distinta a lo
antropológico tradicional. Esto
es como una respuesta
alternativa concreta a la crisis
de los valores humanos,
ecológicos, técnicos, sociales y
económicos de la aplicación del
pensamiento occidental moderno
en el mundo. Al presente se ha
abierto y se desarrolla un
derrotero orientado al
fortalecimiento de la
agricultura andina indígena, que
simboliza la esperanza de
recuperación contemporánea de
una de las virtudes que le
corresponde por cultura y
tradición a estas tierras: la
prosperidad y la abundancia de
la vida. En el presente
documento se reflexiona a cerca
de la agricultura andina en sus
aspectos de mayor importancia
actual.
Visión
andina del mundo
En el tratamiento intelectual de
este tema tenemos que ser
cuidadosos en el uso de términos
y conceptos escolarizados
occidentales con el cual,
lamentablemente, está formado
nuestra manera de comprender el
mundo. Sobre todo los técnicos
muy fácilmente caemos en este
error. No es posible hablar,
comprender y practicar la
agricultura andina con los
conceptos del occidente moderno,
porque en su concepción seminal
ambos están totalmente separados
y generalmente opuestos, razón
por la cual la aplicación del
concepto tecnológico occidental
de agricultura, en estas
tierras, usualmente ha
fracasado. Y como resultado se
ha ahondado más la crisis moral,
social y económica, creándose
polarización socio-económica en
la sociedad andina
contemporánea.
Entonces no podemos hacer la
extensión de agronomía, por
analogía de términos, para
hablar de agricultura andina. La
agronomía moderna es una ciencia
que estudia y desarrolla las
técnicas de producción y
administración económicamente
más eficientes para hacer
rentable esta actividad. Esto,
en su interno practica el
pragmatismo o la racionalidad
instrumental de medios y fines
de lucro económico
individualizado. Para el efecto
se practica la competencia
desmedida y destructiva que poco
a poco establece, en lo local y
a nivel mundial, diferencias
cada vez más abismales entre
pocos ricos y muchos pobres. Y
con ello se desea resolver,
irónicamente, el hambre del
mundo.
A diferencia de ello, la
agricultura andina es un modo de
vida, que por sus propios
principios seminales,
salvaguarda en su práctica el
equilibrio integral de su mundo
y del universo.
La unidad celular de la
agricultura andina es la chacra
(Chaj’ra = chakra) que enmarca
el compromiso de los runas
(humanos) con la crianza de
mundo. La crianza de la vida en
la chacra es el compromiso del
runa con la naturaleza, con su
comunidad humana, con la
comunidad de sus deidades y con
la comunidad de las
constelaciones de la pacha. Sin
la conversación práctica y
ritual con ellos no es posible
tener el éxito extensivo e
intensivo agrícola en el paisaje
andino.
Todos los runas estamos en el
deber de llevar en nuestra
mente, día a día, que hasta hace
500 años, en el paisaje andino
se había logrado, por vez
primera en el mundo, la
SEGURIDAD ALIMENTARIA de la
sociedad andina con su modo de
concepción del universo. Esto
es, por propia naturaleza
pertinente a la vida andina. En
consecuencia, todos los runas
tenemos que orientar nuestra
visión hacia ese objetivo:
recuperar nuestra capacidad de
seguridad alimentaría andina.
La
génesis de la chacra andina
Hace más de 10000 años los
primeros hombres andinos develan
en su modo de ser la noción de
crianza a través del chaqo
(chaco). El chaqo es la primera
conversación entre nuestros
ancestros y las otras tres
comunidades del mundo andino.
Desde el primer momento hasta el
presente su éxito sostenido
radica en esta fina conversación
entre los miembros de la pacha
andina. De este modo cumple su
rol fundamental de limpieza,
refrescamiento y redistribución
de la vida a los miembros
activos de la pacha, en
salvaguarda del equilibrio que
es innato a su modo de ser del
mundo andino.
Otro modo de crianza más densa
surge con la chacra, y con ésta
la agricultura de crianza de
plantas y animales. Por eso,
hasta el día de hoy, y por
siempre, hacer y tener chacra
significa la crianza integral de
la vida. Todo aquello que
nosotros cultivamos en la chacra
y en el chaqo vinieron a este
mundo (Kay Pacha) sólo prestados
para criarlos y tratarlos con
mucho cariño día a día. Ellos
han venido desde el corazón de
la Pachamama para salvaguardar
el equilibrio en el mundo. Si
los maltratamos, la Pachamama se
los recogerá y se irán a vivir
en sus adentros, y vendrá el fin
de los runas con el hambre y la
muerte.
Todo lo que tenemos aquí en la
tierra, los cuales nos sirven
como alimento material,
espiritual y protección, ha
venido y ha sido traído con
mucho cariño. Su alimento es el
cariño y la atención que les
brindamos a diario. Exige la
comprensión y armonía entre los
hombres, y esto es la garantía
de su abundancia.
La concepción como entes vivos,
que tienen vida, de todo lo
existente en el universo, abre
una luz insospechada en la vida
de cultura andina. Es casi
imposible, en las condiciones
del paisaje andino, hacer
agricultura natural sin una
visión de mundo viviente y
holístico. Y es mucho más
profundo en su capacidad de
simbiosis con la naturaleza, en
su compromiso de valoración y
moral humana, que le es
‘genéticamente’ pertinente a
todo cuanto existe en el
universo. Esto es considerar a
todo como persona con la
voluntad de ser criado y con
capacidad de criar el equilibrio
del mundo a través de la siembra
emotiva de reciprocidad,
redistribución y comprensión
como factores fundamentales de
la prosperidad y abundancia que
le corresponde a la vida del
paisaje andino.
El hecho de tener atributo de
persona todo lo existente en la
vida de este mundo, abre las
capacidades de conversación,
requisito fundamental, para
hacer agricultura en estas
condiciones de clima y paisaje
micro heterogéneo y
microversátil, lo que a su vez
lleva al hombre andino a
considerarse parte pertinente a
todo el pacha.
En lo profundo de su ser el
agricultor andino lleva la
responsabilidad de ayudar
permanentemente a la madre
tierra la gestación de la vida.
La madre tierra nos alimenta con
sus frutos como reciprocidad a
nuestros buenos actos de runas
(persona humana con
responsabilidad en la pacha) en
la crianza de la vida.
Fuente:
Revista Electrónica
ccalderon@lamolina.edu.pe
Gentileza: volar [
volar@fibertel.com.ar ]
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