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Primero Aprendo: Por el derecho
a la educación de la niñez
trabajadora
En nuestro país, uno de cada
seis niños trabaja. Basta con
caminar por la acera y verles
ofrecer películas pirateadas,
fruta, juguetes o ropa para
ayudar al sostén del ingreso
familiar. En total, tenemos a
más de 288 mil personas menores
de 15 años trabajando en la zona
rural y urbana, niños y niñas
que por efecto dominó continúan
sosteniendo y perpetuando las
condiciones de vulnerabilidad en
las que han nacido.
El trabajo infantil es un
círculo vicioso complejo y
difícil de abordar, que afecta
en forma negativa el derecho a
la educación de los niños, niñas
y adolescentes que lo practican.
En su gran mayoría no asiste a
la escuela por cubrir las
necesidades primarias que, de
generación en generación, no han
sido resueltas por diferentes
razones: pobreza, violencia
intrafamiliar, procesos
culturales excluyentes,
permisividad social, falta de
oportunidades, y vació o
debilidad en las leyes
relacionadas al problema, entre
otros.
Desde el año 2004, Primero
Aprendo es un proyecto que ha
hecho esfuerzos y aportes para
modificar la realidad de la
niñez trabajadora en el país. Es
un proyecto regional
desarrollado en cinco países
centroamericanos y República
Dominicana, básicamente con la
misión de impulsar el
cumplimiento del derecho a la
educación de los niños, niñas y
adolescentes trabajadores en
edad de 6 a 15 años, para
asegurar que no abandonen sus
estudios para ir a trabajar o se
reintegren a la escuela si ya la
han abandonado.
Primero Aprendo es financiado
por el Departamento de Trabajo
de los Estados Unidos de
Norteamérica, y es ejecutado por
CARE Internacional en asociación
con Catholic Relief Services
(CRS) y DevTech Systems; trabaja
con los gobiernos de la región,
actores clave y entidades
civiles para reivindicar el
derecho a la educación de la
niñez trabajadora, convencidos
de que la educación es el
principal medio que permite a
adultos, niños y niñas
marginados económica y
socialmente salir de la pobreza
y participar plenamente en sus
comunidades y en su desarrollo.
En Centroamérica se estima que
2.4 millones de niñas y niños
trabajan. La población más
afectada es la masculina, sobre
todo en áreas rurales donde el
trabajo infantil alcanza el 61%
frente al 38% de la ciudad. A
esto debe agregarse que, en
promedio, unos 30 mil niñas y
niños están involucrados en
ocupaciones sumamente insalubres
y peligrosas que ponen en riesgo
su integridad, esas ocupaciones
definidas como “peores formas de
trabajo infantil” en botaderos
de basura, fabricación de
cohetes, corta de caña,
extracción de curiles y
explotación sexual comercial.
Recientemente se realizó un
estudio regional para establecer
una agenda de reformas políticas
necesarias para atacar la raíz
del problema como por ejemplo:
fortalecer los sistemas de
protección a la niñez para que
tutelen el derecho a la
escolaridad. Entre los hallazgos
se destaca que la edad promedio
de los niños trabajadores es de
12 a 14 años, las jornadas de
trabajo son tan extensas en
horas nocturnas o de madrugada
que logran interferir con su
educación. Por si fuera poco, no
son remunerados o perciben bajos
ingresos por la tarea y la
mayoría de estos niños y niñas
realiza faenas que ponen en
riesgo su salud y desarrollo con
lo cual contravienen las normas
existentes. Si bien algunos
menores se inician en el trabajo
por un fracaso escolar, muchos
otros fracasan en la escuela por
la temprana inserción en este
ámbito.
Primero Aprendo celebra la
recién firmada “Declaración de
Panamá”, pues representa un
esfuerzo y compromiso político
importante que marca las grandes
estrategias que van a impulsar
los Estados para la erradicación
del trabajo infantil en la
región. En un encuentro de
Ministros y Ministras de
Educación y Presidentes de las
Conferencias Episcopales de
América Central y República
Dominicana, celebrado en agosto
en la ciudad de Panamá, se
reafirmó que “toda persona,
niña, niño, adolescente o adulto
tiene el derecho de acceder a
una formación concebida para
responder a sus necesidades
educativas fundamentales, en el
sentido más amplio y más
completo del término”,
manifestaron su preocupación por
la creciente evolución de la
problemática y asumieron darle
una atención prioritaria en los
países.
Se están dando muestras claras
de buenas voluntades, hace falta
que las acciones de los
gobiernos, organizaciones de
empleadores, trabajadores y
otras instancias de la sociedad
civil asuman la importancia de
potenciar la educación como
estrategia de combate eficaz al
trabajo infantil.
En el mes de la niñez y
adolescencia, el llamado es a la
reflexión y a la acción, es
necesario hacer cambios de
políticas en todos los ámbitos y
espacios de la vida económica,
política y cultural del país,
para proteger a los niños, niñas
y adolescentes de la explotación
económica y de la realización de
tareas y actividades que puedan
interferir con su desarrollo
integral y con el bienestar que
merecen.
Gentileza: Ovidio [
ovidioretana@yahoo.com ]
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