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La sociedad educa ciudadanos
Por Alberto Sierra
Ha
comenzado el curso escolar en
España. Pero este principio de
curso tiene algo especial que no
pasa desapercibido ni en
América: tras meses de
discusiones, la asignatura de
Educación para la Ciudadanía ya
se imparte en colegios e
institutos.
Durante el verano, muchas han
sido las manifestaciones a favor
y en contra de esta asignatura.
En la calle continúa el debate
político, mediático y religioso,
con manipulaciones e
informaciones contradictorias
entre sus partidarios y sus
detractores.
Para los contrarios a esta
asignatura, la Iglesia Católica
y el principal partido de la
oposición, es una manera de
adoctrinar en el laicismo y en
valores antinaturales e
inmorales. En palabras del
arzobispo de Toledo, cursar esta
asignatura es “colaborar con el
mal”. Además, han llegado a
decir que esta materia es
anticonstitucional porque, dado
su carácter obligatorio, impide
el derecho fundamental que
asiste a los padres para que sus
hijos reciban educación
religiosa y moral que esté de
acuerdo con sus convicciones,
recogido en el artículo 27.3 de
la Constitución Española.
Apoyados en este artículo han
llamado a la objeción de
conciencia frente a una
asignatura establecida como
obligatoria. Esto acarrearía a
los alumnos el suspenso en la
asignatura por absentismo, pues
sería igual que objetar contra
las matemáticas, la historia o
la lengua.
Pero la defensa de la objeción
de conciencia sobre este punto
de la Constitución es una media
verdad que esconde el artículo
27.2 que indica que “la
educación tendrá por objeto el
pleno desarrollo de la
personalidad humana en el
respeto a los principios
democráticos de conciencia y a
los derechos y libertades
humanas”.
Quienes se muestran favorables a
Educación para la Ciudadanía la
ven como una oportunidad para
que los jóvenes aprendan e
interioricen, desde los quince
años, los valores
constitucionales y los derechos
humanos, para que conozcan el
funcionamiento de organismos
internacionales como la ONU o la
UE, para que tomen conciencia de
los problemas medioambientales
que afectan al mundo, para
eliminar los prejuicios racistas
y homófobos en una sociedad cada
vez más plural y mestiza, para
que puedan controlar su
sexualidad lo suficiente como
para evitar enfermedades
infecciosas o embarazos no
deseados. En definitiva,
conseguir que el alumno adopte
una actitud crítica que le
permita adquirir sus propios
valores.
Sin embargo, pese al revuelo y
pese a la polémica que ha
suscitado, se imparte en un sólo
curso de secundaria, en sólo
siete comunidades autónomas,
durante una hora a la semana y a
un total de 200.000 alumnos.
Además, España es uno de los
últimos países europeos en
implantar los contenidos de esta
asignatura en su sistema
educativo. Entonces, ¿por qué
tanto conflicto mediático?
La confrontación y el escándalo
saltaron a escena por la defensa
que la Iglesia ha hecho de sus
privilegios en materia de
educación. En España, todos los
profesores de la asignatura de
religión (católica) están
elegidos por el episcopado y
pagados por el Estado. Ante el
miedo del Gobierno a una
rebelión eclesiástica – el año
próximo habrá elecciones
generales-, se han recortado los
tintes más laicos de esta ley al
conceder a los centros la
libertad de adaptar la
asignatura a su ideario.
Esa es la razón del conflicto,
la lucha entre Iglesia y Estado.
El conflicto mediático se ha
alejado por completo del tema:
la educación en la escuela y la
formación de ciudadanos
responsables, solidarios y
comprometidos con su sociedad,
tolerantes y comprensivos con
los que -por ideas, opiniones,
religión, color de piel,
nacionalidad u orientación
sexual- son diferentes.
Ciudadanos que mantengan siempre
despierto el espíritu crítico.
Una asignatura, por sí sola, no
forma ciudadanos. Ni siquiera la
escuela. La educación y los
valores se adquieren en la
familia, en clase y en la calle,
son el fruto de todo lo que nos
rodea. Es la sociedad quien
educa ciudadanos. De los actos,
las palabras y los pensamientos
de los profesores, padres,
sacerdotes, amigos, medios de
comunicación y políticos
dependerá la actitud del joven
como alumno, hijo, feligrés,
lector o votante. En definitiva,
su actitud como ciudadano.
Educar para la Ciudadanía es
responsabilidad de todos.
Gentileza: Anahi Benegas Arias [
anahi_20002002@yahoo.es ]
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