|
¿Que recordamos?
Por
Lilia Cisneros Luján
A
treinta y nueve años de
distancia, con toda la fuerza
mediática distorsionando la
historia, trocando en héroes a
los cobardes y difamando a los
auténticos luchadores sociales,
el dos de octubre del 68, está
vivo en el corazón de todos los
mexicanos que tienen memoria.
Muchos se han ido, llevándose a
la tumba ese negro capítulo de
México, otros no aparecieron
nunca, los que han quedado de
pronto son desacreditados, como
ese profesor y honorable padre
de familia del que se hizo
escarnio después de muerto. ¿De
verdad fue víctima de un infarto
en un hotel de paso?. ¿No les
basta a los asesinos del pueblo
con lo que hicieron entonces y,
aun hoy, persiguen, difaman y
ocultan? Pero más allá de la
manipulación para justificar lo
injustificable, lo cierto es que
por la ignorancia de la verdad,
estamos viviendo los mismos
errores, por decir lo menos, que
llevaron a Tlatelolco. En ese
“antiguo régimen” tan machacado
por los medios y los que hoy
gobiernan, se optó por el
control absoluto y dictatorial.
Se sacralizó a personajes, ante
la exclusión de personalidades,
se minimizó la demanda social. A
los auténticos líderes
populares, se les desacreditó,
persiguió y obligó a la
clandestinidad. El ejército
violó la autonomía y con ello
perdió su verdadera misión.
Estudiantes de altas
calificaciones terminaron en las
cárceles, se ignoraron los
derechos humanos, todo eso, en
nombre de la paz social y el
progreso.
Hoy en la víspera de ese
fatídico día, cuya matanza
resumió lo que en realidad
pasaba en el México oculto por
la noticia tendenciosa; la
oposición a ese “antiguo
régimen”, ha asumido esa misma
visión, agregando a aquellos
defectos, los que la
globalización nos ha impuesto.
Hoy, el gobierno en todas sus
dimensiones y niveles, es
incapaz de reconocer que tiene
una bomba de enorme potencial
destructivo en las manos, no
solo por los errores tácticos,
que han resultado en familias
asesinadas por quienes juraron
mantener la paz y defender a la
patria, ni por las mujeres y
niños violados física y
psicológicamente o por los
desaparecidos y encarcelados;
sino por la ignorancia del
clamor popular, para una más
justa distribución de la riqueza
–que todavía la hay- y una más
eficaz atención a las demandas
del ciudadano carente de
servicios y entrampado en
procesos burocráticos más
tortuosos que los descritos por
Kafka.
La miseria humana es mayor en el
que todo lo tiene, que en los
carentes de lo mínimo. Los
poderosos se concretan a la
retórica, mientras que el
calentamiento global cobra
vidas. La destrucción del
hábitat en poco importa a los
millonarios depredadores, la
falta de capacidad para percibir
el rezago frente a los avances
tecnológicos, es criminal. La
política parece haber muerto con
los estudiantes del 68. En pura
politiquería se pierde lo
profundo, lo necesario, lo
vital. Urge la experiencia. El
partido en cuyas filas militaron
y aun militan numerosos
mexicanos calificados, se ha
visto arrastrado por los
imbéciles. Seis años de mofa
popular y mediática, por las
tonterías de los estúpidos y
psicópatas es demasiado. Brazos
cruzados de las víctimas de esta
debacle, es cobardía. Permitir
hablar y actuar a los perversos,
a pesar de lo que le hicieron a
México, es traición a la patria.
Mañana es dos de octubre, los
fantoches saldrán a hacer su
espectáculo. Los auténticos, los
verdaderamente preocupados,
debemos insistir en el uso de la
razón y no de las armas, en la
inclusión de los conocedores
para sustituir a quienes no
tienen la más remota idea de lo
que significa gobernar. Los
perversos, aun con toda su
inteligencia y su poder
económico, deben ser juzgados.
Los financieros de gabinete,
cuya única palabra mágica, es el
incremento al costo de todos los
satisfactores básicos para la
sobrevivencia humana, debieran
ser encarcelados sin pan, ni
agua, menos tortillas ni ningún
otro producto de la canasta que
han encarecido. Los cándidos,
esos que piensan que dirigir el
destino de cien millones de
personas es solo cuestión de
deseo, buena intención o
discurso repetido hasta la
saciedad a costa del pueblo que
tributa, deben, cuando menos,
intentar escuchar. No hacerlo es
preparar otro dos de octubre.
Gentileza: InfoCOCUAC [
prensa@cocuac.org.mx ]
paginadigital |