|
La globalización no borra el
legado colonial
Entrevista a Dipesh
Chakrabarty
Profesor de la Universidad de
Chicago e investigador de
reconocida trayectoria en el
terreno de la historiografía
poscolonial india, Dipesh
Chakrabarty, afirma que
fenómenos como las migraciones
mundiales y la universalización
de conceptos como democracia y
capitalismo permiten observar
que persiste, en la era global,
una herencia de la Europa
colonialista sobre la que se
construye la historia. Con
ocasión de una visita a la
Argentina para participar del
Tercer Encuentro Internacional
de Pensamiento Urbano le
entrevistó Francisco Seminario
el pasado agosto para el diario
La Nación.
Desde un punto de vista europeo
u occidental, podría decirse que
Dipesh Chakrabarty desarrolló
una reinterpretación de la
historia desde los márgenes de
la historia. Pero ocurre que el
legado poscolonial de ese
eurocentrismo que este académico
indio juzga a la vez necesario e
insuficiente para explicar los
procesos históricos del mundo en
desarrollo -y de la India en
particular- es justamente lo que
él mismo convirtió en su objeto
de estudio. La suya es una
historia desde y para la
periferia, el ejercicio de
contextualizar y repensar
términos tan universales como
democracia, capitalismo,
igualdad, derechos humanos y
globalización, que, llevados de
un país a otro -afirma-,
"arrastran consigo la historia
del uso que se hizo de ellos".
Profesor de historia,
civilización e idiomas del
sudeste asiático en la
Universidad de Chicago,
Chakrabarty fue uno de los
fundadores del movimiento de
estudios de lo subalterno (
subaltern studies ), que elaboró
una nueva narrativa de la
historia de la India
poscolonial, concentrada no
tanto en las elites dominantes
como en las masas "subalternas"
como agentes de cambio. Es,
además, autor de varios libros
que se han convertido en
referencia obligada en la
historiografía del sur de Asia,
entre ellos Provincializing
Europe y Habitations of
Modernity: Essays in the wake of
Subaltern Studies .
Chakrabarty llegará al país en
los próximos días para
participar en el Tercer
Encuentro Internacional de
Pensamiento Urbano, que tendrá
lugar en Buenos Aires entre los
días 28 y 30 de este mes. En
esta entrevista con LA NACION
habla, entre otras cosas, de las
contradicciones de la India
capitalista, de la "herida"
abierta del colonialismo y de la
invasión norteamericana de Irak.
Explica, además, en qué consiste
su propuesta de "provincializar"
a Europa sin negar el legado del
iluminismo occidental.
"Comencé a pensar sobre este
problema como algo ligado al
fenómeno de la globalización
-dijo-. Si yo no hubiera
abandonado la India a los 27
años para hacer mi doctorado, no
habría pensado en Europa de la
misma manera. Es decir, si
hubiera seguido viviendo en la
India y me hubiese convertido en
un académico indio, Europa
habría seguido siendo parte de
mi vida cotidiana, más o menos
conscientemente."
-¿El tomar distancia de la India
le permitió ver el legado
colonial desde otra perspectiva?
-La distancia me hizo notar que
las mismas palabras, como
derechos, igualdad y democracia,
que de algún modo son parte del
legado de la expansión europea y
la dominación, si bien
conceptualmente significan lo
mismo en todas partes, en la
práctica expresan cosas
distintas. Me impresionó mucho,
al llegar en primer lugar a
Australia, ver lo tranquilos que
eran los días de votación:
simplemente votaban, en
silencio, mientras que en la
India las jornadas electorales
parecen un festival masivo, y
además son días llenos de
peligro porque siempre puede
estallar una pelea entre bandos
opuestos o alguien puede arrojar
una bomba o puede haber
protestas... Me impresionó hasta
qué punto, conceptualmente, en
cualquier texto académico la
democracia tiene el mismo
significado en todas partes, y
en la práctica son cosas
diferentes. Me interesó entonces
investigar por qué un mismo
concepto, al ser traducido a
realidades diferentes, adopta
formas muy distintas. Una
respuesta es que un concepto
surge de una historia y se
encuentra con otra historia. De
allí que cualquier concepto que
llegara a la India desde Europa
contendría también un poco de
historia europea.
-¿Por eso la idea de
provincializar a Europa, en el
sentido de poner estos conceptos
en contexto?
-Si, porque mientras hablemos en
lenguaje corriente, y no en
términos matemáticos, es muy
difícil que los conceptos se
desprendan completamente de su
contenido idiomático. El
lenguaje arrastra consigo la
historia del uso que se hace de
él. En otras palabras, lo que es
universal es universal, pero
también provincial. No niego su
universalidad sino que digo que
mientras hablemos en lenguaje
natural nada puede ser
únicamente universal, a
diferencia de las matemáticas.
-¿Cambia esto de alguna manera
el hecho de que el eje del poder
económico -y quizá el dinamismo
histórico- esté girando hacia
Oriente, hacia la India y China?
-Es una pregunta interesante.
Debo decir primero que, aun si
adoptamos el capitalismo, lo
modificamos con la historia de
cómo vivimos en el lugar. El
capitalismo tiene una historia
universal y una historia
provincial. Y es porque puede
ser traducido a una historia
provincial que el capitalismo
puede ser disfrutado: la
conversión de la propia historia
en un objeto de consumo
significa que es posible
continuar las historias
profundas bajo un sistema
capitalista. El capitalismo no
necesariamente homogeneiza el
mundo. En cuanto al surgimiento
de la India y de China, si
pensamos en el futuro del mundo
como una repetición de la
historia de expansión europea -y
si asumimos que China será la
próxima potencia dominante-
surge el siguiente interrogante:
cuando Europa era la potencia
colonizadora, los pensadores
europeos nos dieron las
herramientas para criticar a
Europa, las teorías del
imperialismo, de la explotación
capitalista, de la igualdad y
desigualdad, de la
autodeterminación, de la
democracia... los europeos nos
dieron estas armas con las
cuales acusar a los mismos
europeos, pero ¿qué tipo de
armas nos darían los chinos? No
lo sé, pero me lo pregunto. Así
y todo, la dominación china
puede ser de un tipo totalmente
distinto.
-¿Qué pasa en la India con
aquellos que quedan fuera del
capitalismo?
-Se estima que un 70 por ciento
no recibe los beneficios de la
globalización. Lo que ayuda en
la India es el hecho de que
tenemos elecciones. El país no
es democrático en todos los
aspectos, pero las elecciones
son libres y mayormente justas,
mucha gente participa y los
partidos se ven obligados a
atender sus demandas. Se ve
mucho populismo, es cierto, pero
de alguna manera esto contiene
la liberalización total de la
economía. La democracia funciona
como un factor equilibrante.
-Al invadir Irak, ¿un Occidente
liderado por EE.UU. continúa
imponiendo al mundo en
desarrollo lo que considera
civilización?
-Ha sido un hecho muy poco
civilizado, de modo que, si uno
pensara en esos términos, sólo
aportó descrédito a la
civilización occidental. En el
pensamiento del siglo XIX, la
democracia y el liberalismo
estaban muy ligados. Y creo que
lo que pasa ahora en el mundo es
que muchas cosas que se hacen en
nombre de la democracia son muy
poco liberales. La guerra en
Irak ha sido un desastre y creo
que estoy de acuerdo con quienes
afirman que el gobierno
estadounidense utilizó lo
ocurrido el 11 de septiembre
para desarrollar planes que ya
tenía.
-¿No ve en ello un trasfondo de
pensamiento colonialista?
-Hay una dominación política,
sin dudas. Pero hay una
diferencia entre el pensamiento
colonialista moderno y el
colonialismo europeo o
británico, para dar un ejemplo.
Los ingleses le decían a los
indios que no estaban preparados
para la democracia, que debían
estar allí 200 años para
enseñarles y prepararlos. Los
norteamericanos, en cambio,
tienen una herencia
anticolonialista de profundas
raíces y por lo tanto dominan
diciendo lo opuesto, que los
iraquíes ya son democráticos y
que sólo debían desprenderse de
Saddam Hussein. Su lógica es
distinta, y esto puede tener que
ver con que no se ven a sí
mismos como una potencia
imperial en sentido clásico.
-Usted habla también de la
relación contradictoria que
existe entre las ex colonias y
las antiguas potencias
colonizadoras. La globalización,
¿anula estas contradicciones?
-No creo, pese a que mucha gente
afirma que es así. Me parece que
hay un legado de colonialismo
aun en la globalización. Por
ejemplo, si se siguen las rutas
de las migraciones globales, del
trabajo calificado, vemos gente
que, como yo, ha ido
principalmente a los países que
nos colonizaron en el pasado, en
parte por la conexión
idiomática. Pero además, como se
vio en los incendios en los
suburbios de París en noviembre
de 2005, los franceses repetían
en su propio territorio
prácticas policiales coloniales.
De modo que no creo que la
globalización borre la historia
del colonialismo, sino que
construye sobre ella.
-¿Hasta qué punto ha dejado
atrás la India las heridas del
colonialismo?
-Los jóvenes las han dejado
atrás. La generación de mis
hijos no cargan con esa herida
tanto como nosotros y,
ciertamente, muchos menos que la
de mis padres. Al mismo tiempo,
en la izquierda india hay un
temor generalizado del oeste, de
que Occidente vuelva a
dominarnos. Eso alimenta el
debate sobre los acuerdos
nucleares de la India con
Estados Unidos. La izquierda y
la extrema derecha coinciden en
temer una pérdida de soberanía
si el acuerdo se firma. Yo creo
que ese temor es parte del
legado colonial, en el que
Occidente es en su conjunto una
potencia depredadora.
-¿Ve alguna similaridad con los
procesos históricos en América
latina, donde también heredamos
la modernidad en sentido
político de Europa?
-En los años 60 y 70 aprendimos
mucho de los estudios
latinoamericanos sobre el
campesinado, el latifundio,
etcétera. Eso tuvo mucha
influencia en el pensamiento
indio de la época. Pero hay
claras diferencias: la conexión
con España y Portugal se remonta
al Renacimiento, mientras que la
colonización de la India
pertenece al Iluminismo. Tuvimos
diferentes experiencias de la
colonización europea. Y también
fueron distintos los momentos en
que surgió el nacionalismo en un
lado y en el otro. Una idea
central de los estudios
subalternos era que, al observar
sociedades como las
latinoamericanas o las del
sudeste asiático, no se podían
aplicar los términos del
marxismo o el capitalismo sin
más, porque a menudo otras
formas de predominio y
subordinación física y cultural
eran más significativas. Deben
considerarse también las
relaciones entre cultura y
poder.
-Usted le otorga una gran
importancia a la religión como
agente de la historia...
-Si, porque el marxismo que
heredamos siempre veía a la
religión como una expresión de
otra cosa. La religión es una
forma de imaginación: la
religión como imaginación de
colectividad, de igualdad, de
individualismo, de autoridad...
Todo esto es muy importante,
incluso en partes de Europa. No
se puede pensar en el movimiento
Solidaridad en Polonia sin
pensar en la religión.
-¿Y cómo ve la influencia
creciente de la religión en la
política norteamericana?
-Hay mucho debate al respecto.
En gran medida, la derecha se
apropió de la religión en
Estados Unidos, pero gente
religiosa de izquierda está
advirtiendo que hay que
comprender el rol de la religión
en la sociedad norteamericana y
tomarlo muy en serio si no se
quiere ceder por entero este
terreno a la derecha. La
religión debe ser atada
nuevamente a las causas de
justicia social.
Dipesh Chakrabarty nació en la
región india de Bengala, estudió
física en la Universidad de
Calcuta y obtuvo un doctorado en
historia en la Universidad
Nacional de Australia. Fue uno
de los fundadores del grupo de
Estudios de lo Subalterno. En la
actualidad enseña en la
Universidad de Chicago. Entre
sus obras figuran Rethinking
Working-Class History: Bengal
1890-1940 y Provincializing
Europe: Postcolonial Thought and
Historiacal Difference . En 2004
fue nombrado miembro de la
Academia Americana de las Artes
y Ciencias.
Gentileza: Anahi Benegas Arias [
anahi_20002002@yahoo.es ]
paginadigital |