|
El sindrome del edifico enfermo
Una mala calidad del aires
interior
Por
Francisco Arias Solis
La asociación entre la ocupación
de un edificio como lugar de
trabajo o como vivienda y la
aparición, en ciertos casos, de
síntomas que pueden llegar a
definir una enfermedad, es un
hecho sobre el cual existen hoy
en día pocas dudas. La causa
principal suele ser la
contaminación de diversa índole
existente en el interior del
edificio, expresada como una
“mala calidad de aire interior”.
Sin embargo, no deben
descartarse nunca a priori
aspectos ergonómicos
relacionados con la iluminación,
ruido, condiciones
termohigrométricas. En ambientes
laborales también debe tenerse
en cuenta la existencia de
factores psicosociales asociados
al trabajo (problemas de
organización, horarios, estrés,
falta de comunicación,
dificultades en las relaciones
interpersonales, etc.) y su
posible contribución a la
aparición del problema.
Los efectos adversos derivados
de una mala calidad del aire en
los ambientes cerrados son un
problema que afecta a toda la
comunidad, ya que está
demostrado que el hombre urbano
pasa entre el 80 y el 90% de su
tiempo en ambientes cerrados,
contaminados en mayor o menor
grado. Esta problemática se ha
visto potenciada en el diseño de
edificios más herméticos y con
un mayor grado de recirculación
del aire con objeto de asegurar
un ahorro energético,
admitiéndose que aquellos
ambientes que no disponen de
ventilación natural pueden ser
áreas de exposición a
contaminantes. Entre ellos se
encuentran oficinas, edificios
públicos, escuelas, guarderías,
edificios comerciales e,
incluso, residencias
particulares. No se conoce con
exactitud la magnitud de los
daños que pueden representar
para la salud, ya que los
niveles de contaminantes que se
han determinado suelen estar muy
por debajo de los respectivos
límites permisibles de
exposición para ambientes
industriales.
La calidad del aire en el
interior de un edificio es
función de una serie de
variables que incluyen la
calidad del aire exterior, el
diseño del sistema de
ventilación, climatización del
aire, las condiciones en que
este sistema trabaje y se
revisa, la compartimentación del
edificio y la presencia de
fuentes contaminantes interiores
y su magnitud. Entre estas
últimas cabe citar: las
diferentes actividades que se
realizan, el mobiliario, los
materiales de construcción, los
recubrimientos de superficies y
los tratamientos del aire. Las
situaciones de riesgo más
frecuente para sus ocupantes son
la exposición a sustancias
tóxicas, irritantes o
radioactivas y la inducción de
afecciones y alergias. Por otra
parte las quejas más
generalizadas se derivan de
condiciones termohigrométricas
no confortables y olores
molestos.
Los síntomas más característicos
asociados al Síndrome del
Edificio Enfermo son los
siguientes: Escozor o
enrojecimiento de los ojos,
lagrimeo, congestión nasal,
picor nasal, estornudos,
sequedad de garganta, ronquera,
tos seca, sensación de ahogo,
eritemas, sequedad cutánea,
prurito generalizado o
localizado, dolor de cabeza,
somnolencia, dificultad para
concentrarse, irritabilidad,
náuseas, mareos...
La sintomatología presentada por
los afectados no suele ser
severa y, al no ocasionar un
exceso de bajas por enfermedad,
se tiende a menudo a minimizar
los efectos que, sin embargo, se
traducen en una sensación
general de disconfort. En la
práctica estos efectos son
capaces de alterar la salud del
trabajador, pudiendo aumentar y
potenciar situaciones de estrés
y por tanto influir en el
rendimiento laboral. Cuando los
síntomas llegan a afectar a más
del 20% de los ocupantes de un
edificio, se habla del Síndrome
del Edificio Enfermo.
La Organización Mundial de la
Salud (OMS) diferencia entre dos
tipos de edificio enfermo. Los
edificios temporalmente
enfermos, entre los que se
incluyen edificios nuevos o de
reciente remodelación donde los
síntomas disminuyen y
desaparecen con el tiempo,
aproximadamente medio año, y los
edificios permanentemente
enfermos donde los síntomas
persisten, a menudo durante
años, a pesar de haberse tomados
medidas para solucionar las
deficiencias. No en vano dijo el
poeta: “Campanas que suenan mal
/ no hay que fundirlas de nuevo
/ hay que no hacerlas sonar”.
aarias@arrakis.es
www.arrakis.es/~aarias
Gentileza:
aarias@arrakis.es
paginadigital |