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Derechos Humanos y Agua
Por Luis Alberto Cervera Novo
Vida y agua son sinónimos, el 70
% del cuerpo humano está
conformado por agua, el 70 % del
planeta está ocupado por ella.
La siembra, el ganado, las aves,
el náufrago, los camellos, todos
los que pretendan habitar estas
tierras requirieren de agua
dulce.
El origen y el sustento de la
vida se encuentran en el agua.
Se podría convivir con las
peores de las injusticias,
inaceptable por cierto, pero no
se puede sobrevivir sin agua.
De este inmenso caudal líquido
que da forma a nuestro globo,
sólo el 3% es agua dulce y se
encuentra en sus polos en forma
de hielo, solamente disponemos
de menos del 1% para uso humano,
que se encuentra en ríos y lagos
y en forma subterránea en los
acuíferos, expuestas todas al
despilfarro y la contaminación.
Papeleras, químicas, desechos
cloacales, fertilizantes,
represas, son los responsables
de su contaminación. Una voraz
utilización comercial y nuestra
indiferencia son la base del
despilfarro.
Los científicos especializados
de todo el mundo coinciden en
que el agua será la causa de las
guerras del presente siglo.
La disponibilidad de agua dulce
en el globo terráqueo poco ha
cambiado desde el principio de
los tiempos; lo que se modificó
fue la población: somos muchos
más, con el agravante de que su
uso indiscriminado y
contaminación creció a un ritmo
mayor que el de sus habitantes.
El agua atraviesa todos los
poderes adquisitivos, razas y
religiones; el recurso es vital
para todos.
Las mayores reservas de agua
dulce del planeta se encuentran
en países de América Latina y
África; vulnerables todos a
prepotencias imperiales.
El
Acuífero Guaraní
Nuestra región mesopotámica se
asienta sobre el Acuífero
Guaraní, gran caudal de agua
potable que compartimos con
Uruguay, Brasil y Paraguay. Es
uno de los tres reservorios
subterráneos de aguas más grande
del planeta.
Nuestra Constitución en su
artículo 41 (*) garantiza a
todos sus habitantes, presentes
y futuros el acceso a un medio
ambiente sano y para que sea
posible se requiere de un
adecuado manejo del recurso
agua.
La actualidad de una mirada
sagaz, se apoya en que nuestro
país se caracteriza por disponer
de agua dulce a lo largo de sus
fronteras.
En el Oeste, la Cordillera de
los Andes, la mayor fábrica de
agua del continente que da
origen a ríos y cosechas. Al
Este, los cursos de agua del
Paraná, Uruguay recorriendo y
recargando el Acuífero Guaraní,
hasta confluir en el río de La
Plata. En el Norte, los ríos
Pilcomayo y Bermejo. Al Sur, la
región patagónica y su sistema
de Lagos.
Desde la década del 90 extensos
territorios de éstas zonas
fronterizas, fueron adquiridos
por ricos y famosos, extranjeros
y testaferros, que llegaron para
comprar lagos enteros; también
son dadas en explotación
montañas enteras, que a través
de la minería a cielo abierto
desaparecen cambiando
geografías, contaminando
poblaciones y cursos de agua de
esas áridas regiones.
La mayoría de los proyectos
hídricos de América están en
manos de empresas
transnacionales, por lo tanto el
agua potable es vista como una
mercancía y no como un bien
social, y por ende no se
contemplan los intereses de la
población y tampoco el equilibro
ambiental, tan necesario para la
vida humana, vegetal y animal.
Sin asegurar nuestra soberanía
sobre estos territorios y sus
aguas, difícilmente el artículo
41 de nuestra constitución pueda
hacerse realidad.
Ejercer plenamente los derechos
humanos pasa, sin dudas, por
garantizar el acceso a agua
dulce, potable y libre de
contaminación, a todos y cada
uno de los habitantes de nuestra
patria.
Tomar conciencia de esta
gravísima problemática, es una
forma de ejercer este derecho
elemental; la divulgación de la
situación actual colabora con su
defensa.
En
alerta
Agua y petróleo no se mezclan
pero el interés por ellos sí.
La mayor reserva mundial de
petróleo, se encuentra en
Venezuela; el gran pulmón del
planeta y la mitad de la
biodiversidad mundial están en
Brasil, en el Amazonas; y la
inmensa riqueza de agua dulce y
tierras fértiles a lo largo de
Sudamérica.
Esta gran ventaja de recursos
nos privilegia y, a la vez, nos
condena.
Vivir en alerta para preservar
el derecho al agua quizás sea
nuestro destino.
Gentileza: Luis M. Casado Ledo [
casadoledo@rebanadasderealidad.com.ar
]
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