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Contratos y compromisos
Todo comenzó en uno de esos
debates para practicar nuevas
lenguas, suscitado por la
profesora y alentado por los
participantes
Por Mikel Agirregabiria Agirre
A menudo los funcionarios, que
diariamente bregamos con
expedientes administrativos,
presentamos actitudes demasiado
pragmáticas que se atribuyen a
mera deformación profesional.
Recientemente, un colega, quizá
por ser en su identidad tan
prosaico como radical, se
atrevió a decir que toda
relación interpersonal, todo
compromiso, debe ser “como un
contrato”.
Muchos creemos que un contrato
sólo es un pálido reflejo de un
compromiso, necesario en
determinadas ocasiones, pero en
modo alguno de calibre similar.
Un contrato aspira a la igualdad
en la reciprocidad, se basa en
el quid pro quo, 'algo a cambio
de algo'. Los contratos se
negocian hasta llegar a un punto
de acuerdo entre las demandas de
las partes, buscando el
equilibrio entre las
aportaciones mutuas.
Sin embargo, los verdaderos
compromisos suelen ser
asimétricos. Más aún, los
grandes compromisos vitales son
profundamente desequilibrados
entre las partes. El compromiso
que los padres asumen con sus
hijos no busca la reciprocidad,
es incondicional y no busca el
beneficio propio. Lo mismo
sucede con los compromisos que,
desde la libertad, asumimos. Sea
su naturaleza religiosa,
política, sindical, de amistad,
de afición,… se aceptan desde la
hipótesis de partida de que no
será directamente recompensados,
sino que es una donación de
nuestro tiempo, de una parte de
nuestra vida… Porque eso es
vivir, donar y legar nuestro
esfuerzo en causas que merecen
la pena, como la familia, la
amistad, la solidaridad, el bien
común,…
La virtud convive entre
nosotros, pero aún abunda la
asepsia de compromisos, derivada
de creencias débiles y
convicciones sin firmeza.
Demasiada indiferencia rellena
de vana curiosidad y de cómodo
relativismo, todo ello
disfrazado como supuesto…
realismo. Mas, si pervive alguna
conciencia, ésta siempre exige
compromiso. Y sentirse
comprometido es el primer paso
para cambiar y actuar. Un primer
compromiso es no eludir la
verdad, aunque ello obligue a
revisar prejuicios e ideologías.
Una existencia no puede
limitarse a ser una serie de
contratos firmados y cumplidos.
Una biografía ha de llenarse de
compromisos, que se hacen
grandiosos en la medida en que
se aceptan riesgos. Ahí radica
la dificultad de acertar, no
aceptando más compromisos de los
que se puedan cumplir, pero sin
quedarnos remisos en nuestra
propia potencial capacidad de
aportación.
Gentileza: Mikel Agirregabiria [
agirregabiria@gmail.com ]
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