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Razas humanas y racismo
"Raza es una categoría inferior
a la especie". Podemos ampliar
esta definición afirmando que
raza es una variedad de la
especie que presenta caracteres
peculiares transmisibles por
herencia, que son constantes. Su
naturaleza es morfológica y
funcional.
Algunos autores han sostenido
que se llama raza humana a un
grupo biológico dentro de
nuestra especie. Estos grupos se
clasifican por detalles
característicos, que afectan la
forma corporal, la estatura, el
peso, la pigmentación de la
piel, textura y color del
cabello, la fórmula química de
la sangre, las huellas digitales
e incluso la excreción de
aminoácidos.
El concepto de raza humana no es
estático, porque las mismas
están en permanente estado de
cambio, diversificándose y
especializándose. Se ha
verificado una constante
variación de los genes. Esto es
parte del proceso evolutivo que
hace que las razas cambien o se
extingan, inclusive que
aparezcan otras.
Hay quienes afirman que en la
actualidad las razas humanas son
cuatro y otros dicen que son
tres. A saber: Blanca, negra,
amarilla y cobriza, o blanca,
negra y amarilla, dando esta
última origen a una variedad
cobriza que no es una raza
propiamente dicha sino una
subespecie de ella. Por lo
tanto, hablar de razas judía,
semita, india, aria, o
anglosajona, por ejemplo,
implica un profundo
desconocimiento del tema.
Con respecto al racismo, todos
tenemos conciencia cabal de que
se trata de una lacra humana
porque implica discriminación.
El mismo es un prejuicio según
el cual determinados grupos
étnicos se consideran superiores
a otros, sentimiento que deviene
en desprecio y explotación.
En ocasiones, el racismo se
convirtió en doctrina
antropológica o política. Ello
motivó la persecución y el
exterminio de quienes eran
diferentes a la mayoría étnica
de un lugar.
El racismo no se limitó hacia
razas con características
étnicas distintas, existiendo
también el llamado racismo
blanco. Este es un fenómeno
iniciado en los siglos XV y XVI
que culminó en el siglo XIX con
las doctrinas imperialistas.
Autores como Kidd y Kipling,
imbuídos en las teorías de
Darwin aunque dándoles
particulares interpretaciones
personales, defendieron el
destino de las naciones
occidentales como potencias
civilizadoras. Su concepción era
colonial y su visión del mundo,
eurocéntrica.
Esto dio lugar a la supremacía
económica y militar de
Occidente. En Estados Unidos,
autores partidarios de la
esclavitud, tales como Calhoun y
Harper, prepararon el terreno
para que los teóricos del
imperialismo hablasen de la
superioridad innata de la "raza
anglosajona". Estas ideas fueron
popularizadas por Theodore
Roosevelt, con consecuencias
nefastas. Su prédica llevó a la
segregación racial practicada en
los Estados del Sur. Bajo tal
sistema, las personas eran
consideradas bienes de
naturaleza económica. De ese
modo, su compraventa era
considerada una operación
comercial cotidiana. Los
esclavos incrementaban los
patrimonios personales, y era
posible legarlos como herencia.
En tiempos más recientes, la
segregación racial ha
restringido a determinados
grupos étnicos el acceso a
ciertos lugares de residencia.
También se los obliga a
concurrir a instituciones
destinados a ellos solamente.
Esta forma de racismo ha
aparecido en todas partes del
mundo donde hay comunidades
multiraciales, con excepción de
Brasil y Hawaii, donde la
disciminación es ocasional y no
se la ve con esas
características.
Las colonias europeas desde sus
orígenes fueron escenarios de
discriminación racial. Durante y
después de las guerras de
liberación aparecen nuevas y más
sofisticadas formas de racismo.
La actitud original en las
colonias tenía como interés
fundamental perpetuar la
dominación de la metrópoli. Y
sus colonos, gozando de un alto
nivel de vida, no se resignaban
a perderlo. Tampoco consideraban
que su poder omnímodo fuera
negociable.
En cuanto al antisemitismo, hubo
una forma no específicamente
racial. Este fue consecuencia
del fanatismo religioso
inculcado por la Iglesia
Católica durante la Edad Media,
al considerar a los judíos
responsables de la muerte de
Cristo. Príncipes y reyes
atizaron esos sentimientos de
odio para justificar la
confiscación de bienes de los
judíos. El antisemitismo
propiamente racista se basa en
la existencia de una supuesta
"raza aria" que nadie ha visto
ni tampoco se ha podido definir.
Gobineau utilizó el mito del
arianismo en los años 1853/1855
para justificar la desigualdad
social, concluyendo que los
aristócratas europeos descendían
de los arios, "una raza
dominadora y creadora de
civilización".
Chamberlain ("Los fundamentos
del siglo XIX") asignó la
exclusividad del arianismo a los
germanos que habitaban Alemania,
idea que, entre otros, fascinó a
Richard Wagner. Como
consecuencia se exacerbó un
trágico sentimiento de
superioridad aria en el pueblo
alemán, que fue caldo de cultivo
del nazismo. Las tesis de
Chamberlain, Gobineau y
Rosenberg crearon las bases del
nacionalsocialismo, con la
dictadura de la de una "raza"
implacable y agresiva, liderada
por un führer. Por eso, hablar
del Holocausto nazi como
resultante de una política
fundamentada en las leyes de la
Naturaleza, implica desconocer
el tema.
También es necesario recordar
que en la II Guerra Mundial no
fallecieron "decenas de
millones" de personas, como dijo
otro columnista días atrás.
Cayeron doce millones de
víctimas, siendo la mitad judíos
y el resto combatientes rusos,
franceses, ingleses,
norteamericanos, polacos, etc.
Debemos recordar que cuando se
rendían a los alemanes, los
rusos no eran hechos prisioneros
de acuerdo a la Convención de
Ginebra, fusilándoselos de
inmediato.
El racismo está desprestigiado,
y el psicoanálisis lo explica
como una manifestación de temor
hacia "el otro", hacia el que es
"diferente". Afirma también que
es un sentimiento muy arraigado
en personas que, individual o
colectivamente, se sienten
inseguras en su personalidad. La
falsa seguridad que les
proporciona estar entre
"iguales" es una gratificación
compensatoria que se manifiesta
con la estimulación recíproca.
Actúan bajo el anonimato que les
da la "patota", realizando
"hazañas" que individualmente no
se atreverían a intentar.
Razas, humanas y racismo
Ramos generales
Sarah Becker
Fuente: panoramacultural.net
Gentileza: Juanita Taboada Velez
[
juanita.taboadavelez@gmail.com
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