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Matías, 'el Averías'
Semblanza basada en personajes
reales, tipo Pepe Gotera y
Otilio, algunos tan cercanos que
hemos cambiado nombres y oficios
Por Mikel Agirregabiria Agirre
Matías, o algo así, es el nombre
ficticio de un barbero de carne
y hueso. Sus estropicios
capilares le han llevaron a
conquistar tan merecido título,
que está extendido por todo el
barrio. Este tipo de personaje
'chapuzas' es frecuente en
diversos oficios, pero se
concentra especialmente en áreas
como fontanería, albañilería, y
otros gremios de la construcción
en pequeña escala.
Su astucia consiste en una
elaborada picaresca que comienza
desplegando trastos que
abandonan durante días para
tomar posesión de una obra
evitando la competencia, y
termina con el tradicional arte
de cobrar justo antes de que
todo se desmorone… Sus 'hazañas'
son legendarias y se propagan
culpabilizando al conjunto del
gremio, de modo que la clientela
rebaje sus expectativas hasta un
punto en el que ya nadie se
queja… porque todos esperan lo
peor.
Cuando ya no queda otro remedio,
se les llama en la confianza de
que lo que arreglen supere lo
que, de seguro, van a estropear.
Se les ruega aquello de “y, por
favor, no rompan nada más”. Su
caradura es legendaria, como sus
inverosímiles excusas y
explicaciones que únicamente se
agradecen por el tiempo dedicado
por gente tan altamente ocupada
y retribuida, como bajamente
cumplidora y preparada. Sus
recibos y facturas de lápiz en
papel de estraza del siglo XIX
contrastan con sus abusivas
minutas del siglo XXII. Su mejor
descripción es: “De todo saben,
pero de nada entienden”.
Todos hemos padecido sus
desmanes. Como mera anécdota
citaré que hace muchos años, en
una céntrica calle de Bilbao me
remendaba mi SIMCA 1000 un
antiguo reparador de bicicletas,
reciclado a motocicletas. Cada
vez que desmontaba y ensamblaba
el carburador le sobraban varias
pequeñas piezas que, según él,
eran innecesarias.
Quizá que hayan perdurado tanto
tiempo sea más responsabilidad
nuestra, sus sufridos clientes,
que de ellos mismos. Ha llegado
el tiempo de rechazar a
timadores simpáticos y
entrañables como “Manolo y
Benito” y buscar auténticos
profesionales. Que sean
competitivos, tanto en sus
trabajos como en sus tarifas.
Gentileza: Mikel Agirregabiria [
agirregabiria@gmail.com ]
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