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Leyenda del maíz alimento
ancestral andino
Por Rodolfo Tafur
Sara-Chogllo, era una mujer de
raza de la misma estirpe de
MAMA-HUACO, guerreras por
naturaleza y como todas las
mujeres de su raza siempre
apoyaba incondicionalmente), en
el campo de batalla a su
compañero WIRU (caña de maíz.
En el calor de la lucha, una
larga flecha de carrizo (bambu)
encontró fatalmente el corazón
de la mujer y le robó el calor
de su aliento. Wiru, al mirar el
cuerpo inerte de su amada, se
arrodilló a su lado y dejó
escapar lo más dolorosos
lamentos y suspiros que se había
escuchado en todas las montañas
andinas. Un incesante río de
lágrimas escapó de los ojos de
Wiru, con el que bañó el rostro
y la herida abierta de Sara
Chogllo, purificando así el paso
de su compañera al mundo de los
espíritus. La ceremonia duró
muchos días y muchas noches en
los que nada ni nadie se
atrevían a alterar el sagrado
conjuro de Wiru a sus Dioses.
La Madre Quilla (Luna) y el
padre Ti (Sol) acompañaron
calladamente la pena del
guerrero en su largo ritual.
Cuando el dolor de Wiru empezaba
a mitigar, del corazón de Sara-Chogllo
broto una planta hermosa que
gradualmente tomaba la forma de
unas guerrera altiva. Al cuerpo
que apenas germinaba le
crecieron los dientes fuertes y
sanos como la sonrisa luminosa
de una mujer. El cabello largo y
lustroso bañado por el sol, se
torno en una dorada caricia que
llenó de fragancias el vientre
en el que se gestaba la nueva
vida. Las faldas verdes y
lozanas envolvieron con maternal
ternura el retoño florecido del
amor y del dolor concertados en
ese instante fértil. El naciente
fruto arrimó su cabeza al
esbelto carrizo, que seguía
fuertemente abrazado a la
Pachamama (madre tierra), y fue
tomando fuerza.
Cuando el nuevo fruto estaba lo
suficiente maduro, Wiru lo
arrancó tiernamente con sus
manos, lo llamó CHOGLLO (como su
madre), y lo guardó muy cerca de
su corazón. Sentía latir en su
pecho el fruto de su amor que su
amada le había ofrendado como
última muestra de cariño. Los
hombres y mujeres del pueblo lo
recibieron con cantos de
pesadumbre. Wiru fue
directamente al templo a
ofrecerle al gran Punchao
(Calor, fuente de vida, aliento)
el fruto nacido del corazón de
su compañera. Su sacrificio no
estaba completo. Wiru, aprendió
por los consejos de los Amautas
(maestros andinos), que para que
su sacrificio tuviera
recompensa, debería devolver el
fruto a la Pachamama (Madre
Tierra), de donde crecería y se
multiplicaría, alimentaría a los
hijos de su pueblo, y a los
hijos de sus hijos, haría sanos
sus cuerpos y fuertes sus brazos
y haría de ellos una raza de
hombres invencibles. Así lo hizo
Wiru, con sus propias manos
abrió la tierra y entregó grano
por grano al fruto de su amor y
sacrificio último.
Desde entonces, año tras año los
Incas siembran el maíz en el mes
del CAPAC RAYMI (diciembre),
cuando empieza a caer las
lluvias y cuando han cesado las
lágrimas del cielo, en el mes de
mayo y que en quechua es HATUN
CUSQUI o AYMORAY QUILLA,
(bienvenida lluvia), y que el
padre sol ha acariciado con su
calor por varios meses a la
Pachamama, ésta entrega a los
descendientes de Wiru porciones
generosas del noble CHOGLLO, que
tiene y siempre ha tenido, el
aroma amargo de las lágrimas de
Wiru y el dulce sabor de su
eterna compañera.
Así es amigos, en el Perú, la
tierra de los Incas se consume
el maíz tierno, a este lo llaman
Choclo, es de consumo obligado
en sus más afamados platos, el
Ceviche y en otros tambien
exquisitos. Dicen que no hay
choclo más delicioso que el del
Cusco. Aunque personalmente me
agrada el de Huánuco, maíz de mi
infancia, maíz de mi recuerdo.
Gentileza: Melina Alfaro [
cybermelina_2004@yahoo.com.ar
]
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