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Contempla la templanza
En la destemplada época que
vivimos, conviene predicar la
oportunidad de la templanza,
semilla de la que nace el vigor
del cuerpo y del alma.
Por
Mikel Agirregabiria Agirre
La templanza es una cualidad que
modera la atracción de los
placeres y procura el equilibrio
en el uso de los bienes creados.
Asegura el dominio de la
voluntad sobre los instintos y
mantiene los deseos en los
límites de la honestidad. Forma
parte del cuarteto de virtudes
cardinales, junto con la
prudencia, la justicia y la
fortaleza. La templanza es
sinónimo de moderación,
sobriedad, continencia y
justicia. Se representa
gráficamente como una joven que,
para moderar lo que es demasiado
extremo, traspasa con sabiduría
y paciencia el agua de un
recipiente a otro que contiene
vino (o agua fría en caliente,
entibiando la mezcla).
Propone considerar nuestro ser
como un templo, término del que
proviene. Los griegos edificaban
sus templos o lugares sagrados
en las cimas de las montañas
para contemplar una visión
completa del paisaje. El temple
se aplica también al proceso que
sufren los metales al ser
sometidos a variaciones extremas
de temperatura, calentándolos y
enfriándolos bruscamente para
mejorar su dureza.
La templanza es un proceso por
el que pasamos en nuestro
aprendizaje y crecimiento, en
las sucesivas etapas de nuestra
vida. La templanza nos permite
someter nuestras capacidades a
retos en las que se manifiesta
nuestro carácter emocional,
intelectual, físico y
espiritual. Así se afina y
templa la personalidad,
ayudándonos a encontrar el punto
del justo equilibrio. Cada acto
y situación puede ser
considerado una prueba de
templanza, que nos prepara para
desafíos crecientes, cuando las
circunstancias y las opciones
cada vez más difíciles. Sólo la
experimentada templanza nos
ayuda a acumular la fuerza
interior que necesitaremos en el
futuro.
En los avatares de la vida, la
templanza se afianza y revalida
tanto en los éxitos como en los
fracasos. Ante un pasajero
triunfo, la templanza asegura
piedad y grandeza. Frente a un
revés, la templanza ayuda a la
superación, con perseverancia y
constancia. La templanza,
ejercitada como hábito, se
transforma –en toda ocasión- en
el más fino y delicado de los
placeres. La tenaz templanza
contempla, emplaza y completa un
planeta reemplazado y ejemplar.
Gentileza: Mikel Agirregabiria [
agirregabiria@gmail.com ]
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