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Conflictos socio ambientales,
crisis del agua y estrategias de
politicas publicas
Por Aloísio Ruscheinsky
Introducción
El debate en las ciencias
sociales, pertinente a la
relación entre conflictos
ambientales y estrategias de
políticas públicas, en
particular a la crisis del agua
potable, todavía se encuentra en
sus primeros pasos. Esta
discusión se incluye en la
comprensión entre naturaleza y
cultura, entre relaciones
sociales y medio ambiente. La
sociología ambiental disfruta de
un prestigio que tres décadas de
actividad consiguieron expandir
poco en los intersticios de la
academia. Otras áreas del
conocimiento se atribuyen, por
veces, legitimidad para ocupar
el espacio que las ciencias
sociales temen en ocupar,
incluso en lo que dice respecto
a la ruptura con el
antropocentrismo en el análisis
social.
La trayectoria del presente
texto implica en el
reconocimiento de conflictos
ambientales, de actores
sociales, de procesos de cambio
y del debate en torno de
políticas públicas, delante de
la inminente crisis del agua
potable a nivel local y global.
Recientemente una de las grandes
preocupaciones nacionales en
Brasil ha sido con relación a la
reducción de la cantidad de agua
en los ríos y reservas, con
efectos directos sobre la
capacidad de producción de
energía en las hidroeléctricas,
la disponibilidad para el
consumo humano y la regularidad
de la producción agrícola. De
forma quizás menos visible, a no
ser por ocasión de estiajes, el
agua con calidad adecuada para
el consumo humano viene
reduciéndose o tornándose más
compleja la operación para su
tratamiento, especialmente en
los centros urbanos.
El proceso social en examen en
la investigación, se refiere en
especial a los espacios de
producción agrícola familiar en
la región sur de Brasil. Esas
son formas de producción
intensiva y de pequeño porte en
cuanto a la extensión
territorial, ora acompañando las
innovaciones tecnológicas, ora
preservando culturas y formas de
trabajo tradicional. Las
actividades en consideración no
son reconocidas comúnmente por
voluminosas fuentes de
degradación ambiental, mismo
considerando las contribuciones
y la presencia de erosiones,
como características
generalizadas en las cuencas
hidrográficas.
La formulación de políticas
públicas en el campo de los
recursos hídricos se encuentra
todavía en los primeros pasos.
Por un lado ríos y lagos son
considerados en la legislación
como derecho estatal, por otro
el sentido de propiedad y de
supervivencia impulsa a la
exploración del agua dentro del
territorio en cualquier
circunstancia. La mayoría de las
administraciones públicas
municipales dispone de una débil
estructura
jurídico-institucional con la
finalidad de establecer
directrices y normas de uso y
ocupación del suelo, bien como
de recuperación, preservación y
conservación de los recursos
naturales,en especial del agua.
Cuando se trata de una región de
colonización entre las montañas,
se puede afirmar que el
porcentaje de área ocupada por
bosques alcanza índices elevados
para una región de agricultura
familiar y en comparación a
otras regiones con agropecuaria
en grandes extensiones.
Mientras las ristras de mata
nativa se restringen a los
locales de difícil acceso.
Todavía no hay evidenciasde
cuidados generalizados con la
mata ciliar y preservación o
recuperación de fuentes del
agua.
La región sur del país ha sido
alcanzada por sucesivos estiajes
y en consecuencia la escasez de
agua para el desarrollo de las
actividades productivas. Un
abordaje de las principales
cuestiones ambientales
referentes a la calidad y
cantidad de los recursos
hídricos apunta a una situación
diversificada y compleja, pero
en significativo avance en
cuanto a los riesgos
ambientales. La distribución en
el territorio y el acceso al
agua potable condicen con ritmos
de exclusión social o de
integración social, bien como la
lucha por el acceso al agua
potable en condiciones adecuadas
se incluye en la promoción de la
ciudadanía.
La crisis del agua en la
agricultura familiar suma dos
cuestiones correlativas: de un
lado emerge en la perspectiva de
derramar conflictos ambientales
inseridos en el meollo del
proceso social y, de otro,
proyecta la oportunidad para el
desarrollo del debate en torno
de las estrategias para la
proposición de políticas
públicas. En términos
comparativos, sin embargo poco
similares, la crisis de agua en
la producción agrícola irrigada
puede ser igualmente intensa y
llena de conflictos.
El mutismo en consideración, o
la resistencia a la publicidad
del debate sobre cuestiones
ambientales candentes, apunta
para la insuficiencia del
proceso de democratización de la
sociedad, bien como un conjunto
de intereses o incluido en las
reglas de juego de las
decisiones públicas o reservado
a la esfera particular. Es hecho
notorio y reconocido que en
Brasil ocurrió una proliferación
de organismos de la sociedad
civil y de supuestas instancias
colectivas y decisorias.
Mientras, la referida
resistencia se relaciona con la
fragilidad de la calificación y
legitimación de espacios
decisorios.
En la reflexión a lo largo del
texto estamos reconociendo la
difusa trayectoria de la
temática de los recursos
hídricos: de los usos cotidianos
a la política ambiental, mediado
por un proceso de educación
ambiental. Es endosar la
trayectoria de los análisis que
traducen las condiciones de
contaminación y transmutación de
los recursos naturales en
términos de riesgo para la
calidad de vida (Guivant, 1998),
bien como un nuevo énfasis de la
teoría social en el nexo entre
naturaleza y sociedad.
Acceso
a las aguas subterráneas:
satisfacción de necesidades y
conservación
Se considera como estiaje el
momento en el que el ciclo
hidrológico no acompaña la
velocidad y la cantidad de agua
para satisfacer las necesidades
del ser humano y de sus
quehaceres, bien como para los
otros organismos vivos. Las
reconocidas alteraciones
climáticas testificadas por los
científicos afectan el ciclo
hidrológico y entre los
agricultores este fenómeno es
conocido como ausencia de
lluvias, dando inicio a un
período de estiaje con las
consecuentes preocupaciones de
las cosechas.
La distribución de agua a través
de la precipitación
pluviométrica obedece a una
intensidad y periodicidad
variadas y no es homogénea en
las diversas regiones. En la
región sur de Brasil, en los
espacios de la producción de la
agricultura familiar, es usual
el reconocimiento de la
posibilidad de estiaje en el
período del verano, con
agravantes en la década actual.
Mientras, en 2006 se volvió
sintomáticala baja presencia de
lluvias mismo en invierno, dando
espacio para preocupaciones de
satisfacción humana y de las
actividades productivas, bien
como forzando al poder público a
declarar la situación de
emergencia. Las alteraciones
climáticas no se deben solamente
al desarrollo local por la
remoción de la vegetación
original o cambios en el tipo de
cultivo. Es claro que el hecho
de determinada área ser
usufructuada para uso humano
influye directamente en la
retención del agua del ciclo
hidrológico.
El auxilio del agua para la
agricultura familiar es de
fundamental importancia para los
respectivos usos, transcurriendo
de su auxilio el éxito económico
en muchas comunidades,
municipios, regioneso países.
Ríos y manantiales constituyen
importantes reservas y fuetes de
abastecimiento para diversa
finalidades. La diversificación
de los usos múltiples del agua
potable igualmente desemboca en
variedad de impactos, incluyendo
diferencias que por su vez
requieren por consecuencia una
compleja evaluación teniendo en
cuenta el monitoreo. O aún más,
la suposición del uso
inteligente delante de la
escasez (Rebouças, 2004), que
para otros se traduce en un uso
racional del agua.
En el cotidiano de las
actividades agrícolas ocurre un
metabolismo que los seres
humanos mantienen con la
naturaleza y en cuyo proceso el
agua ejerce un papel de supremo
poder. Una cuestión decisiva,
por tanto, consiste en
comprender que el papel de los
agentes sociales en la
producción consiste en
suministrar a los organismos
vivos seleccionados y
domesticados las condiciones
apropiadas que más favorezcan su
desarrollo y productividad, para
recoger la deseada masa de
materia nutritiva y comerciable.
Lo fundamental en este proceso
de producción de materia
energética nueva es realizado
por los propios organismos
vivos, inclusive considerando el
papel del agua también una
energía por sí sola (Tundisi,
2003). El aumento de la
productividad resulta de la
mejoría de las condiciones de
cuidado y de planificación en
las cuales la actividad
productiva se realiza, bien como
el perfeccionamiento de las
especies debido a la selección
genética de las aptitudes
productivas, aliado al dominio
de las condiciones en las cuales
se realiza el perfeccionamiento.
Por lo tanto, aumenta la
exigencia de la cantidad y
regularidad de acceso al agua.
Otro aliado, en este proceso es
el uso de tecnologías que
aumenta la eficacia del trabajo,
permitiendo cultivar mayores
áreas, cuidar a mayor número de
animales donde el agua es
esencial. Todavía, lo que mejor
se destaca es la intensidad de
la actividad, con mayores
exigencias sobre los recursos
naturales en un mismo espacio.
La actividad humana busca
sustentar, regular o ensanchar
las condiciones ambientales bajo
las cuales las plantas y los
animales crecen y se reproducen.
Los agricultores poseen un
conocimiento donde el nexo entre
el retirado del suelo y su
reposición frecuentemente no
logra una ecuación adecuada.
Están bien difundidas las
cantidades voluminosas de agua
necesaria para la producción de
alimentos, con la
intensificación de las
actividades y ocupación del
suelo, con diferentes recursos
para la multiplicación de
alimentos para suplir
deficiencias de la humanidad. La
tradición del uso de las aguas
de superficie o de pequeña
hondura (alcanzable sin el uso
de equipos industriales)
progresivamente viene
alterándose en función del
aumento y prolongación del
estiaje, de la disponibilidad de
tecnologías y empresas de
exploración y de inversiones
públicas.
Como consecuencia del
crecimiento vertiginoso de la
exploración de las aguas
subterráneas y de los
indicativos de que la calidad
del agua puede ser comprometida,
la mejor alternativa técnica y
económica parece ser el control
efectivo de los factores y
procesos que llevan a la
contaminación del agua. Por la
lógica de la producción para el
mercado a cualquier costo es
inminente un mundo en descontrol
(Giddens, 2000), con reducción a
medio plazo de la calidad del
agua y de los resultados de la
actividad económica. Importante
subrayar que las fuentes de agua
subterránea también no son
estáticas, la contaminación de
determinada área puede
extenderse por una vasta región
de vasos comunicantes y quizás
no sea posible discriminar el
origen del contaminante.
A pesar de la abundancia con que
fueron abiertos pozos
artesianos, todavía con certeza,
en la mayor parte de la región,
las reservas superficiales
constituyen la principal fuente
de agua para el consumohumano
directo y para la utilización en
las más diversas finalidades
agrícolas. La utilización de
aguas subterráneas ha aumentado
intensamente en Brasil y también
mismo en áreas rurales. Esta
situación se debe a la ocupación
de áreas menos provistas de agua
de superficie, la forma de
lograrse agua mejor en regiones
con incidencia de polución, al
enfrentamiento de estiajes
periódicos o todavía para
viabilizar volúmenes mayores de
agua para irrigación.
En este sentido, en las palabras
de Pretella (2002, 70) hay
urgencia para un manifiesto
colectivo en pro del agua, pues
“la agricultura (principalmente
la irrigación) absorbe una media
mundial del 70 % de las
provisiones de agua, un
porcentaje que aumenta para 80 a
un 90 por ciento en los países
subdesarrollados” (...), siendo
que “sistemas de irrigación
agrícola pierden en media un 40
por ciento del agua que
consumen”. Por tanto, proponer
aumento de la productividad
mediante el uso regular de agua
trae el desafío de la
recuperación y de la protección
a las fuentes.
La visión de la disponibilidad
permanente de las aguas, casi
sin límites, súmase como una
fuerte razón para presionar su
acceso. Las aguas subterráneas,
como recurso natural, ocurren en
diverso niveles y extensiones en
todas las regiones del planeta.
Existen vasos comunicantes entre
los diversos niveles de agua,
ocurriendo una gradual
alimentación mutua. Cabe alertar
para el hecho de que en algunas
áreas del sur del país las
iniciativas no lograron éxito
para acceder al agua subterránea
potable: rocas extensas y de
difícil perforación hasta medio
kilómetro o aguas salobres
impropias para el consumo.
Esas aguas frecuentemente son
utilizadas para abastecimiento
doméstico, para descanso de
animales y eventualmente para
irrigación, siendo muy restricto
el uso para recreación y
turismo. El recurso al uso de
las aguas subterráneas sustituye
la posibilidad de la
canalización de aguas fluviales
y tratadas, por los
desdoblamientos implicados en
esta alternativa (Tundisi,
2003). El uso, por lo tanto, se
debe a su disponibilidad próxima
al local de utilización, mayor
control por la población sobre
la exploración, bajo costo para
la obtención, bien como debido a
la creencia de su calidad con
ausencia de contaminación.
Los pozos perforados se
presentan dentro de los padrones
de potabilidad, sin embargo no
existe un proceso eficaz de
monitorear, menos todavía un
proceso de una discusión social
sobre la vulnerabilidad a la que
están sometidas las iniciativas
que implican en la ocurrencia de
riesgos de contaminación.
En la agricultura familiar rige
la comprensión de que “los
señores de la Tierra serán los
señores del agua” (Petrella,
2004, 29), que por su vez
implica el dominio sobre todos
los recursos naturales dentro de
una propiedad agrícola.
La presión política y la
urgencia bajo las cuales son
efectuados los proyectos de
pozos artesianos, la distancia
de objetivos con eficiencia y
preservación, mientras tanto el
bajo costo es un elemento con
presencia permanente. Los
técnicos que manejan los
instrumentos de la perforación a
menudo desconocen cuestiones
básicas como el análisis de los
aspectos estructurales de la
región, del tipo de rocas
perforadas, de la variación de
la profundidad y volumen de agua
bombeada, del tipo de acuífero,
de las características
fisicoquímicas del agua (Tundisi,
2003). La contaminación de aguas
subterráneas es un hecho
importante por el cual la
reserva general de recursos
hídricos sufre deterioro.
Determinar y debelar las causas
fundamentales de los impactos en
los ecosistemas acuáticos de
superficie o subterráneos es un
desafío para la gestión
ambiental y para armonizar el
uso de la tierra con una
perspectiva de uso racional del
agua. Nace en este contexto la
prioridad por el gerenciamiento
integrado de recursos hídricos
como problema socio-ambiental
(Vargas, 1999), revelando que
una relación entre los recursos
naturales, bien como la
intimidad muchas veces
despreciada entre las relaciones
sociales y el medio ambiente.
Posibilidades de contaminación
del agua: técnica y factores
humanos
La crisis del agua en las
estrategias de producción de
políticas públicas necesita
examinar las múltiples
posibilidades de deterioro,
entre las cuales se puntúan
cuestiones técnicas y factores
de la cultura local. Estamos
delante de una paradoja que se
traduce en la pista de calidad
de vida y acceso a beneficios de
los avances tecnológicos y en la
fabricación concomitante y
multiplicación de riesgos (Herculano
y otros, 2000), una vez que las
fases de los riesgos se
caracterizan como imprevisibles,
imperceptibles, invisibles y
artificiales.
Esto significa que, con
frecuencia, el saber laico queda
para este lado de la capacidad
de ponderar la gravedad de las
circunstancias en las cuales los
ciudadanos están inmersos.
Las principales formas de
contaminación de la región en
examen ocurren por residuos
generales del uso de la tierra y
en particular sucede de derrames
de residuos resultantes de la
creación de animales de forma
intensiva, del uso de productos
químicos en la producción
agrícola, contaminación general
del suelo, o disposición
inadecuada de residuos
industriales, en fin la cloaca
doméstica.
Si la recuperación de aguas
degradadas como en ríos y lagos
implica grandes gastos de
recursos financieros y
tecnológicos, mucho más incierta
se hace la tentativa de debelar
la contaminación de aguas
subterráneas.
En principio, las aguas
superficiales son más
susceptibles de polución y las
aguas profundas de los acuíferos
se encuentran más protegidas de
la contaminación. En otros
términos es el reconocimiento de
la influencia directa de las
actividades agrícolas sobre la
calidad del agua. Este deterioro
también ocurre cuando a través
del agua de la lluvia o de
irrigación son acarreadas
sustancias contaminantes a
través de depósitos de agua. Los
micro nutrientes, en situaciones
específicas de ciertas
actividades agrícolas, se pueden
concentrar o acumular en el
suelo y por las vías
comunicantes eventualmente
alcanzar al agua, y algunas
veces acarreados en probables
procesos erosivos.
En esta situación emerge el
desafío de desvendar en qué
medida los mecanismos de manejar
la naturaleza (fertilización,
hormonas, secantes, agro
tóxicos, etc.) implican también
cambios para los seres humanos.
Mucho aunque no sea el único
agente responsable por la
pérdida de la calidad del agua,
la agricultura, directa o
indirectamente, aporta para la
degradación de las fuentes,
según afirma Resende (2006).
Esto puede darse por medio de la
contaminación de los cuerpos del
agua por sustancias orgánicas o
inorgánicas, naturales o
sintéticas y todavía por agentes
biológicos, afirma el autor.
Ampliamente empleadas, muchas
veces de forma inadecuada, las
aplicaciones de defensivos, de
fertilizantes y de residuos
derivados de la creación
intensiva de animales son
tenidas como las principales
actividades relacionadas a la
pérdida de la calidad del agua
en las áreas rurales. Los usos
actuales son también nocivos
como fuentes de polución y
contaminación, no menos grave es
la polución de las aguas debido
a los mega-creaciones de cerdos
y pollos. Los ríos, los lagos,
las represas y los azudes pueden
recibir grandes cantidades de
nutrientes, principalmente en
regiones de suelos
desprotegidos.
Juntamente con las partículas
arrastradas por el agua durante
el escurridor superficial o en
otros procesos erosivos, los
nutrientes presentes en la
superficie del suelo son
perdidos de las áreas agrícolas
y actuarán como contaminantes
del agua.
La gravedad de los efectos de la
degradación está relacionada
tanto con los procesos, cuanto
con la contención, la
intensidad, la persistencia y lo
tóxico de las sustancias
bioquímicas. Los usos de aguas
contaminadas poseen
repercusiones distintas sobre la
salud del medio ambiente, y como
consecuencia sobre la vida
humana. Desde el punto de vista
de la salud, el enriquecimiento
del agua en fósforo (de los
fosfatos) no trae mayores
problemas, ya que se trata de un
elemento en general requerido en
cantidad por los animales.
Mientras, este enriquecimiento
puede traer algunos problemas en
términos de desequilibrio de
ecosistemas, con consecuencias
para la biodiversidad. Ya el
nitrato es la principal forma de
contaminación del agua por las
actividades agropecuarias, pues
tiende a permanecer más en
solución y como tal difundirse
en el interior de la red porosa
del suelo. Como tal representa
riesgo para la salud del
organismo humano. En este
sentido, estamos en contacto con
un gran desafío ambiental:
compatibilizar en términos
innovación tecnológica para
aumento de la eficiencia
económica, mediante la
fertilización y la alteración de
técnicas, y la concomitante
reducción de riesgos para la
sustentabilidad de los procesos.
El uso de fertilizantes y de
agro tóxicos, bien como el
exceso de defecación resultantes
de la creación intensiva de
animales, además de contaminar
la tierra y el aire, acaba por
alterar la calidad del agua. En
este sentido, además de la
dependencia de la industria,
este manejo agrícola provoca el
deterioro del ecosistema, con
impacto ecológico, económico,
social y sanitario. Muchas veces
productos de la industria
química que fueron utilizados
para controlar enfermedades o
plagas acarrearon un aumento de
la productividad de alimentos y
permiten la prolongación de la
expectativa de vida, bien como,
por ironía de la historia, se
volvieron igualmente una amenaza
a la biodiversidad y a la salud
pública.
Se refuerza así también la
necesidad de reorientar los
productores de la región,
quiénes en la mayoría de las
veces poseen poca percepción de
los impactos negativos que
puedan estar causando, para los
efectos que las dosis de agro
tóxicos puedan causar en la
futura disponibilidad de agua
utilizada para el consumo humano
y de animales, así como para el
propio suelo de la región. Ora,
en estas circunstancias un
proceso de educación ambiental,
que alíe saber laico y
científico, posee un amplio
campo de actuación, sin
desconsiderar las trampas que la
lógica del mercado suscita.
Precauciones visando la
potabilidad delante de la crisis
del agua
La situación en el área
investigada parece exigir un
urgente avance en el campo
institucional y tecnológico,
bien como en las prácticas
sociales para medidas de
recuperación y de protección.
Esto puede significar el debate
público sobre la inserción de
nuevas visiones sobre el uso del
agua y medidas de gestión para
preservar un bien público, bien
como cuestionar posicionamientos
de los sujetos sociales y la
constitución de la legitimidad
de instancias decisorias. Las
propuestas pensadas para la
gestión del agua (Souza, 2004)
pueden ser consideradas
limitantes o insuficientes
delante de una perspectiva inter
disciplinar y que la complejidad
de la temática merece.
La situación encontrada entrega
la pista de técnicas innovadoras
de protección y recuperación de
las fuentes de agua que son
fundamentales en toda la región.
El análisis del agua de los
pozos artesianos para la
verificación de las condiciones
de potabilidad, ganó carácter de
esencialidad mismo en la zona
rural. Con el crecimiento de la
exploración y la consecuente
expansión bajo el control de los
usuarios existe la necesidad de
adaptaciones de los terrenos
vecinos para la disposición de
residuos y el manejo del suelo.
El consumo de agua de pozos
artesianos, para satisfacción de
la sed humana, se implementa
también por la posibilidad de
extracción en condiciones de
potabilidad. Cabe recordar que
los pozos artesianos deben,
además de estar bien construidos
dentro de normas técnicas, pasar
por mantenimiento periódico y
análisis de agua frecuente, pues
además de alejados de los
grandes centros urbanos pueden
presentar contaminaciones
derivadas de fallas en la
construcción o contaminaciones
naturales a través de los vasos
comunicantes entre aguas
superficiales y subterráneas no
detectadas en una prospección.
El riesgo del deterioro de la
calidad del agua puede ser
evitado o mismo reducido
mediante algunas acciones
gerenciales: monitoreo periódico
e incluso exámenes de
laboratorio, entrenamiento de
agentes ambientales entre los
propios usuarios, educación
ambiental, monitorear el uso de
productos químicos en las
inmediaciones (pesticidas,
herbicidas, fertilizantes),
monitorear los residuos de la
creación de animales, cuidados
con la reflorestación a las
márgenes de los ríos, prácticas
agrícolas que reduzcan la
erosión y aumenten la absorción
del agua de las lluvias por el
suelo, plantío directo e
implementar curvas de nivel.
Éstas y otras medidas de
precaución para mantener la
potabilidad del agua requieren
el debatesobre el espacio
correspondiente en el que
posibles conflictos ganan
resolución adecuada. Delante de
la proximidad de los riesgos de
deterioro de un bien
imprescindible y en faz de la
crisis del agua en un período
reciente parece sin fundamento
consistente la resistencia al
debate y al monitoreo periódico
de pozos artesianos. Además la
difusión de la crisis del agua
potable o su escasez producen un
nuevo horizonte para la
comprensión mercantil de un
recurso natural (Malta &
Prestes, 1997). Por lo tanto,
delante de la perspectiva de la
valorización mercantil del agua
parece más que urgente el debate
sobre la tipología de los usos a
fin de favorecer la gestación de
políticas públicas, bien como
definir la prioridad entre valor
económico y derecho de acceso
universal.
Las precauciones visando la
potabilidad del agua delante de
la crisis se insertan
directamente en la tensión de
empeñar las redes sociales de
los grandes ideales definidos y
promulgados por los encuentros
internacionales sobre medio
ambiente. En esto
particularmente dos vertientes
se contraponen y complementan:
la hazaña de acompañar las
exigencias del mercado y los
proyectos prioritarios por la
utopía ambientalista. La
ambigüedad trae al escenario el
imperativo de pensarse la
sustentabilidad como una pasión
en movimiento (Ruscheinsky,
2004b), o también su reverso
crear un movimiento que
desarrolle la pasión por una
sociedad sustentable.
Desde estas consideraciones cabe
enfatizar el cuidado del agua
desde una perspectiva
sociológica, esto es, el proceso
de legitimación de las
estrategias viendo la
constitución de políticas
públicas.
Si hay el reconocimiento de que
es posible diseñar los enredos
de una crisis institucional y
ambiental, parece bien menos
evidente el translúcido en el
conflicto de las
interpretaciones el
reconocimiento de que estamos
delante de una crisis de las
mediaciones, de una laguna entre
el propósito y la efectividad.
La crisis de las mediaciones
aquí referida se circunstancia
por la fragilidad de la
legitimidad de espacios públicos
de decisión y se agrava la
medida de las redes de
sociabilidad no poseen la
satisfacción de esos espacios
institucionales.
Legitimidad y distancia del
debate colectivo en las
instancias deliberativas
La pesquisa de campo alcanzó
apenas la constatación de la
resistencia: comunidades de
agricultores familiares resisten
en reconocer medidas más
austeras de protección del agua
potable ante las fragilidades de
los riesgos inminentes,
imperceptibles y abrangentes (Beck,
1998). Esto cuando ya no está
consumada la contaminación del
depósito de agua, lo que
impondría limitaciones al
aprovechamiento del agua para el
consumo humano.
Los problemas ambientales
acontecen del uso general de la
tierra y del uso diversificado
del agua todavía carecen de
mediaciones adecuadas para la
resolución de conflictos. Es
probable que la cuestión del
acceso al agua, a pesar de un
tema que inspira una urgencia
apremiante, también entre los
agricultores familiares, por las
razones arriba expuestas,
todavía no haya alcanzado
espacio y legitimidad en la
agenda de las luchas sociales
del campo. En este ínterin ganan
relevancia los nuevos
movimientos sociales en la lucha
por el agua como derecho humano
universal (Ruscheinsky, 2004a),
en una sociedad donde la
inclinación es la transmutación
de todas las dimensiones en
valor de mercado.
Los agricultores al articular su
agenda de intereses enfrente de
las calidades culturales que
persisten por constituirse en
respuestas actualizadas delante
de situaciones concretas. Es el
caso del enfrentamiento de los
sucesivos estiajes para cuya
problemática ni el poder
público, ni las agencias de
servicio público o foros de
decisión sobre demandas
colectivas consiguieron
implementar una alternativa
conducente. Es el caso de las
justificativas del sentido
exclusivamente económico para el
uso del agua, mientras las
luchas sociales son capaces de
desvendar otros significados
contornando la lógica
utilitarista.
A medida que las luchas sociales
se deparan con nuevas
situaciones de necesidades
emergentes o de degradación
ambiental, toman por base sus
gramáticas propias como
referencias para interpretar los
hechos de la sospecha de una
nueva embestida del capital para
el control del agua. Si en otros
sectores, como es el caso del
control sobre el proceso y el
resultado de la producción, las
decisiones son tomadas distantes
de su cotidiano, en lo que dice
respeto a la apropiación del
agua hay resistencia para
adherir a determinaciones además
de lo cotidiano.
El proceso que enfatiza el agua
como un derecho social y humano,
arriba de los intereses
particulares, crea sucesivamente
arenas específicas de conflicto
entre actores profundamente
heterogéneos, como por ejemplo,
sectores productivos con
premeditación para explorar
otras formas de acceso al agua
potable, órganos de
representación sectorial,
movimientos sociales, agencias
estatales y organizaciones no
gubernamentales. Sin embargo,
están patentes también
articulaciones y cambios que,
bajo la predominancia y el
impacto de la globalización,
implican en la fundación de
otros juegos de poder (Porto-Gonçalves,
2006). La complejidad apuntada
suscita la interrogación si la
agricultura familiar podrá
subsistir sin la adhesión a
normas técnicas, sin pasar por
mantenimiento periódico y
análisis de agua frecuente cuyas
determinaciones en gran parte
están fuera de su alcance.
A partir de la Constitución de
1988 proliferaron en diversas
modalidades formas de gestión
sobre políticas públicas o de
ordenamiento del uso de recursos
naturales, entre otros aspectos.
Las manifestaciones a través de
instancias deliberativas buscan
desvelar la voz de actores
sociales, en sus proposiciones,
sus deleites y dilemas. De un
lado, los avances
institucionales pueden ser
considerados un avance para la
conquista de derechos de
ciudadanía en el sentido que
expresen la voluntad política de
los ciudadanos sobre
determinados espacios y
aspectos. De otro, conviene
siempre interrogar sobre la
apropiación de las mediaciones
una vez que ciertas
circunstancias pueden revelar
sujetos insuficientes (Pinto,
1999) para la gestión de
espacios institucionales o
agotados en la articulación
política de su campo político.
En otros términos, es la
interrogación sobre la
posibilidad del problema del
agua integrar la esfera pública,
bien como la prioridad que venga
a asumir en esta agenda.
La extensión de los actores
sociales ambientales que
integran instancias decisorias
poseen cierta flexibilidad, para
incluir un vasto arsenal de
movimientos sociales con perfil
de luchas socioambientales,
desde la actuación de Foros,
Comités, consejos, sin
desconsiderar sectores alojados
en el campo institucional. El
éxito tiende a ser mayor en la
misma medida en la que estas
instancias se definan desde su
propia representatividad social,
por la característica de la
deliberación y en la medida en
la que crece su legitimidad para
tratar el asunto que la
población considere relevante.
Considerando que la
participación política en estas
esferas de decisión tiende a ser
de carácter voluntario o
altruista gana relevancia el
grado de adhesión, incluso
subjetiva, a la temática del
acceso al agua potable. La
reflexión que suscita el
esfuerzo de la participación se
sustenta en la existencia de un
ethos colectivo y una intuición
de que el campo de la política
hace sentido. En estas
circunstancias, la lucha por el
acceso al agua potable gana
nuevos contornos, sin que las
demandas puedan diluirse en el
entrevero entre entidades
civiles y el poder público.
Por la óptica de la difusión
progresiva de la sociedad de
consumo, que también afecta la
agenda de las luchas sociales
del campo, un gesto concreto de
ciudadanía (Acselrad y otros,
2004), capaz de producir efectos
a corto plazo, se refiere al
desarrollo de la capacidad para
monitorear la calidad del agua y
la defensa de un consumo más
racional del agua. De esta
forma, se moderniza la mirada
sobre los recursos hídricos y,
por tanto, distanciándose de una
visión romántica de la
naturaleza y de la
mercantilización a cualquier
costo de bienes naturales.
Desarrollo de estrategias ante
la crisis del agua
_ Considerar años seguidos de
sequía y las consecuencias
perversas para el desarrollo de
la agricultura en función de las
presiones del mercado en Rio
Grande do Sul: pone en evidencia
de manera inmediata, tanto la
cuestión de la permanencia en la
tierra, cuanto el acceso al agua
en condiciones adecuadas.
_Las movilizaciones periódicas
demandando auxilios financieros
o subsidios gubernamentales
inmediatos para suplir
cuestiones puntuales para la
protección de la ganancia
generan una relación tensa con
propuestas de medio o largo
plazo que implican otro
posicionamiento frente a las
consecuencias generadas por las
cuestiones ambientales.
El contenido de la tensión
expuesta se encuentra difuso en
el discurso y en la práctica
social de los agricultores
familiares.
_ La ausencia de cuestionamiento
de vínculos que arrastran la
producción agrícola a la
circulación general de
mercaderías y de la legitimidad
de modelo de producción
excluyente, integra la condición
de adherirse a la realidad. Por
consecuencia, esta situación
genera el hecho de sucumbir y
disponerse a producir para
exportar a cualquier costo
ambiental: aún cuando no sea de
uso intensivo el agua con
irrigación, dispersa la vida y
el agua potable.
_El combate a la pobreza, a el
hambre, a la desigualdad y a la
sed en el mundo, bien como una
producción de alimentos
saludables, por tanto, con menor
volumen de riesgos, requiere
resaltar el proyecto de otro
mundo posible.
_Una propuesta de educación
ambiental puede generar una
perspectiva de uso más racional
de los recursos hídricos: el
agua potable es un recurso
renovable, pero finito! Por
tanto, monitorear y perfeccionar
la gestión son imprescindibles
para una garantía de acceso a un
porvenir próximo.
_La temática de la ecuación de
agua es tan relevante en cuanto
a la cuestión de los cuidados
con la tierra, la colaboración
del clima y la articulación
entre trabajo e instrumentos de
trabajo. En este sentido,
configura y muda el paisaje de
los “verdes campos”, trazando
los horizontes de la expresión
de la riqueza de una región o de
una nación.
_Algunos aspectos quedan por
investigarse, teniendo entre
ellos los cambios climáticos y
sus efectos y relaciones entre
lo local y lo global, bien como
la forma de las cuestiones
locales y las globales están
conectadas en la agenda de los
movimientos sociales.
_ Las incertidumbres inherentes
al desarrollo de la sociedad de
consumo, la figura de nuevos
riesgos a la vida humana y las
alteraciones periódicas en el
paisaje pueden ser el origen
para propuestas por las cuales
agricultores vengan a
usufructuar otras fuentes de
acceso y calificar el agua para
un uso más racional: dedicación
de atención a la mata ciliar, no
polución, curvas de nivel,
productos químicos, agro
ecología, entre otros aspectos.
Los conflictos socio
ambientales, aunque no tengan un
lugar destacado en las ciencias
sociales, son capaces de
enunciar un alerta: si las voces
de los bienes naturales
fundamentales a la vida no son
oídas por la presente
generación, si las prácticas
sociales antropocéntricas no son
modificadas, esos clamores
podrán desaparecer con mayor
rapidez de lo que imaginamos.
Los ciudadanos optimistas podrán
declinar de la suerte consumista
y de la sed infinita de deseos,
bien como la historia puede dar
razón a los pesimistas que
anuncian la catástrofe
ambiental. Lo que está de hecho
en juego en el conflicto que
envuelve el agua como un líquido
finito y necesario, o la moneda
del futuro, va más allá del
futuro político, económico,
cultural de una nación o del
desarrollo regional. Se trata de
escoger juntar el silencio del
agua que crecientemente se ve
contaminada, silenciosa,
degradada y aparentemente
desesperanzadamente con la
osadía de forjar estrategias
eficientes de políticas
públicas. En la crisis del agua
potable se sintetiza la palabra
de aquellos ambientalistas y
otros sectores sociales que
poseen la conciencia de la
urgencia de cambios que
necesitan ser emprendidas a
favor del agua y de la
naturaleza sedienta de afecto y
de cuidados.
Gentileza: Melina Alfaro [
melina_alfaro2000@yahoo.es ]
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