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La expedición a Taiwán de 1874
Por Nishida Masaru
La
reconciliación después de 130
años
La primera guerra del Japón
moderno en Asia no fue La Guerra
Chino-Japonesa de 1894-1895.
Apenas seis años después de la
restauración Meiji, en mayo de
1874, el gobierno imperial envió
un cuerpo expedicionario a
Taiwán. Los líderes del gobierno
justificaron tales medidas como
"represalias" con el fin de
"garantizar la seguridad
marítima", pero el envío de
aproximadamente 3600 soldados
Kumamoto y Samurai tenía como
verdadero objetivo la captura
del poder en Taiwán.
El pretexto utilizado para
justificar la intervención
militar tenía sus raíces en los
acontecimientos de tres años
antes: 54 pescadores oriundos de
las islas de Ryukyu fueron
matados por indígenas taiwaneses
tras un naufragio en la punta
sur de la isla. Como respuesta,
oficiales japoneses enviaron una
petición de protesta a la
dinastía Qing, pero fue
rechazada con la explicación de
que la civilización china "no se
extendía a la región." Poco
satisfechos con la respuesta,
los líderes japoneses optaron
por utilizar la matanza como
motivo para un ataque.
Las represalias llevadas a cabo
por el ejército japonés tuvieron
más éxito que el intento de
ocupar Taiwán. Tras unas
escaramuzas violentas, el cuerpo
expedicionario consiguió
capturar varios caciques de la
tribu culpable y fueron
ejecutados. Las esperanzas de
conquistar Taiwán se abandonaron
al intervenir el Reino Unido y
los EE.UU, quienes promovieron
la negociación, aunque la
decision de autorizar la
expedición se debía en parte a
la influencia de un asesor
estadounidense del gobierno
Meiji. Además, la compra de
barcos suministrados por los dos
países posibilitó la misión. No
obstante, los soldados japoneses
perdieron la voluntad de seguir
luchando tras la pérdida de más
de la mitad de su contingente
debido a enfermedades
contagiadas en el campo de
batalla, que al final mataron a
la sexta parte del personal. Sin
embargo, el gobierno japonés
consiguió celebrar algunas
"victorias", la más importante
de las cuales era el
reconocimiento de la soberanía
nipona sobre las islas Ryukyu
por parte de la dinastia Qing.
Hasta aquellos momentos las
islas habían rendido tributo a
los dos países.
Romper
las cadenas de malicia que atan
a las naciones
En Taiwán, la expedición se
conoce simplemente por "el
incidente Mudán". Fui invitado a
presentar un discurso en un
simposio internacional llevado a
cabo los días 24-25 de noviembre
del año pasado en la aldea
sureña de Mudán en Taiwán, lugar
de la matanza y la posterior
invasión. A pesar de ser el
primer despliegue en el
extranjero del ejército japonés
de la época Meiji, actualmente
son pocos los japoneses que
saben algo acerca de lo
ocurrido. Por este motivo deseo
informar sobre el simposio.
Quizá lo mas interesante es el
hecho de que los organizadores
eran miembros de la tribu mudán
cuyos antepasados eran los
agresores, y también las
víctimas durante los sucesos.
El primer día empezó con un
programa en el ayuntamiento. A
cada participante, los
organizadores regalaron una
camisa con el blasón del tribu
Mudán y colocaron una rama de
flores en la cabeza de cada uno.
Tras un discurso de bienvenida
del alcalde, rezaron dos
chamanes maravillosamente
vestidos. A continuación gozamos
de unas canciones y danzas
realizadas por un grupo de
alumnos de primaria, luciendo
los vestidos llenos de color de
su etnia, y una pieza de música
tradicional interpretada por un
grupo de adolescentes. Terminado
este espectáculo, Matayoshi
Mochikiyo, catedrático de la
Universidad de Okinawa discursó
acerca de varios documentos que
ha reunido a lo largo de sus
años de investigación del
incidente.
Luego, acompañados por los
vecinos, los participantes
salieron para realizar un
trabajo de campo. Subimos a un
autobus que nos llevó a la
localidad de la matanza de los
54 pescadores de Ryukyu, a la
playa donde desembarcó el
ejército japones y estableció su
sede de comando, y luego a
Shimen, donde tuvo lugar la
batalla decisiva.
El segundo día se dedicó a
exposiciones y debates acerca
del incidente.
En su discurso inaugural
titulado "El Japón moderno y el
incidente taiwanés," el
Catedrático Matayoshi argumentó
que el incidente tenía una doble
importancia histórica: en primer
lugar tuvo como resultado "la
conclusión de que las islas
Ryukyu pertenecían al Japón," y
en segundo lugar actuó como
"pasarela hacia la posterior
ocupación y colonización de
Taiwán." También señaló que el
incidente había proporcionado a
Japón una experiencia
inestimable que aprovecharía
durante el "Avance del Sur."
El discurso del catedrático
Matayoshi impresionó en otro
sentido. Calificándose de
"Representante del Japón,"
inició sus comentarios pidiendo
disculpas por el sufrimiento
experimentado por el pueblo
mudán, que empezó con la llegada
del cuerpo expedicionario, y
culminó en la colonización de
Taiwán. A su vez la delegación
Mudán, como "representantes de
su pueblo," lamentó las acciones
de sus antepasados, que no
llegaron a superar los
obstáculos de la lengua y la
cultura, y que mataron a los
pescadores de Ryukyu. De este
modo se obtuvo la reconciliación
130 años después de los sucesos.
Quizá tales discursos parezcan
banales, pero creo que el acto
de romper las cadenas de malicia
que atan a las naciones sirve
como un ejemplo que los demás
deben seguir, si esperamos que
la paz y seguridad mundiales se
concreten algún día.
Entre los conferenciantes se
contaban cinco investigadores
japoneses, seis académicos
taiwaneses, y un grupo de siete
investigadores y profesores
Mudán. El lugar de reunión para
el segundo día era un
impresionante palacio de
congresos con un panorama que
incluía un proyecto de
construcción de un embalse. Más
de 80 personas, oriundos tanto
de dentro como de fuera del
concejo, asistieron a la
conferencia.
Yo presenté un artículo titulado
"Cómo se debatía la 'Expedicion
a Taiwan' en la prensa japonesa
de la época." Por aquellos
tiempos, el gobierno japonés aún
no se había dado cuenta del
poder de los medios de
comunicación y apenas un diario,
el Tokio Nichinichi Shinbun,
envió un corresponsal no oficial
a Taiwán. El gobierno no intentó
controlar los artículos que
trataron del incidente, como
haría a partir de la guerra
Chino-Japonesa, y quizá por eso
los reportajes demuestran una
franqueza sobresaliente al
describir el deseo japonés de
adquirir territorio en Taiwán y
China.
La prensa nipona detalló la
valentía del ejército japonés,
la resistencia inquebrantable de
los mudán, el saqueo de
comestibles locales tales como
castaños, batatas, cerdos,
pollos y bebidas alcohólicas, el
sufrimiento de la mayoría de la
tropa japonesa provocado por
enfermedades endémicas como el
paludismo, y también la
preocupación por las posibles
represalias de los ejércitos de
la dinastía Qing.
Escuchamos dos discursos muy
estimulantes. En su discurso "La
expedición a Taiwán y el
establecimiento del imperio
japonés," el catedrático de la
Universidad Yamaguchi, Koketsu
Atsumi, interpretó el incidente
como un acontecimiento que puso
fin al sistema chino de
guerreros-colonizadores, y abrió
el camino hacia un orden fundado
en el derecho internacional. Una
joven investigadora Mudán, cuya
investigación se centraba en las
historias contadas por los
ancianos del tribu, sugirió que
la motivación por la matanza de
los pescadores no fue el odio,
sino el malentendido provocado
por diferencias lingüisticas y
culturales.
Semejanzas con la situación de
los soldados enviados a Irak
La conferencia me dejó con la
sensación de que la importancia
de la Expedición a Taiwán no se
limita a los acontecimientos de
130 años atrás.
Quizá vale la pena comparar esta
expedición a la guerra actual de
EE.UU en Irak. Este conflicto,
tal como la Expedición a Taiwán,
se basa en transparentes
pretextos y ha tenido como
resultado la ocupación por parte
de un ejército extranjero, un
gran número de muertos y la
destrucción de propriedad. En
ambos casos, tanto los que matan
como los que mueren en este
"triste infierno" son la gente
común y los pobres. En el caso
de la expedición, los soldados
japoneses o eran hijos menores
de campesinos pobres, o
ex-guerreros Samurai oriundos de
Satsuma que habían perdido la
profesión tradicional.
Nishida Masaru es Director de la
Sociedad para la Investigación
de la Paz y representante de la
Sociedad para la Investigacion
de la Literatura Colonial. Este
artículo fue publicado en Shukan
Kinyobi, el 11 de febrero 2005.
Traducido por Aaron Skabelund
(ahs39@columbia.edu), socio de
Japan Focus, investigador
pos-doctoral de la Universidad
de Hokkaido, y autor de "Can the
Subaltern Bark? Imperialism,
Civilization, and Canine
Cultures in Nineteenth-Century
Japan," en JAPANimals: History
and Culture in Japan's Animal
Life, ed. Gregory M. Pflugfelder
and Brett L. Walker (Ann Arbor:
University of Michigan Press,
2005).
Gentileza: Melina Alfaro [
melina_alfaro2000@yahoo.es ]
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