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¿Poesía mapuche o gran poesía?
Hay tanta buena poesía en esta
recopilación antológica, editada
por Jaime Luis Huenún y
traducida por Víctor Cifuentes,
que ir dando vueltas las páginas
del libro es como adentrarse en
un espacio de senderos
múltiples, que apuntan en todas
las direcciones, con claros
recónditos, extensiones
sorprendentes, pliegues y más
pliegues. Es poesía mapuche, es
cierto, y como tal vehículo
fidedigno de una cosmovisión más
o menos precisa y con un
lenguaje que lo es igualmente.
Pero limitarse a destacar en
ella solo ese aspecto sería
reducirla, arrinconarla,
recortarla de mala manera.
Quiero decir que, además de
haber en este libro poesía
mapuche y muy buena (llámesela
como se la llame, "poesía
etnocultural", "oralitura" o
cualquier otro de los membretes
que circulan al respecto), hay
sobre todo estupenda poesía. Uno
lee, por ejemplo, en el trabajo
de César Cabello Salazar la
complejísima trama de sus
poemas, que cruzan inspiraciones
mapuches con otras de origen
bíblico o en general religioso,
y sencillamente no puede
limitarse a decir que la suya es
poesía mapuche y nada más. Es
poesía excelente, aquí y en la
quebrada del ají, y no darse
cuenta de ello es perder la
partida crítica miserablemente.
Y lo mismo sucede con las
producciones más conocidas y de
altísimo vuelo de Leonel Lienlaf,
Graciela Huinao o el propio
Jaime Huenún, por dar sólo tres
nombres, ya que podría mencionar
muchos otros, Colipán,
Huirimilla Oyarzo, Maribel Mora
y un largo etcétera.
No sería raro que la poesía
mapuche constituyese, en efecto,
el sector más rico en el campo
de la poesía chilena reciente.
Digo esto porque hay en ella
espacio, mundo, experiencia,
memoria y conflicto, y por
cierto hay también estilo y
lenguaje. Los y las poetas de La
memoria iluminada... no andan
buscando qué decir ni cómo
decirlo, porque lo que dicen y
el cómo lo dicen es lo que ellos
y ellas son, y eso les depara de
por sí una plétora. Poseen
ancestros y territorio
ancestral, poseen una historia
moderna (atroz en su mayor
parte), tienen campo y ciudad,
tienen bosque, montaña, mar y
cordillera, y también las
barriadas de la "mapurbe" de que
habla un título de David Añiñir
Güilitraro. En estos cantos hay
política, como dijo Rubén Darío
hace cien años, no pocas veces
política dura, reivindicativa y
de enfrentamiento sin
concesiones (Huirimilla: "La
palabra Castilla o chileno nada
puede expresar"), pero también
hay autocuestionamientos, dudas,
reflexión identitaria,
nostalgia, anhelo de regreso,
desfallecimiento elegíaco (el
libro se abre con uno: "Cerro
que da al mar del mundo", de
Lorenzo Aillapán, al que motiva
la muerte de la machi Juana
Maria Namunkura Millarayen),
cuestiones de género, amor, sexo
y mucho más. Que un poeta como
Añiñir, hable de "María Juana la
mapunky de la Pintana" (así se
llama el poema), "loca del
barrio", en el mismo texto en
que también le recuerda a esa
persona que "Eres tierra y
barro,/ eres mapuche sangre roja
como la del apuñalado", no debe
extrañarnos. En la antología de
Huenún hay poetas rurales,
ancestrales y sacralizadores,
como Lienlaf (echo de menos, en
esta misma cuerda, a Elicura
Chihuailaf), pero también están
los otros, los mapurbanos, como
el mencionado Añiñir. En un
poema de Huenún, que es una
reescritura irónica de una
ranchera mexicana, Juan, el
protagonista mapuche cae
acribillado por sus
perseguidores cantando:
"Grítenme montes y valles,/
háblenme piedras del campo".
Incluso, si se nos antoja
centrarnos en la poesía de
mujeres, podemos constituir un
arco que va desde la bellamente
conversadora Liliana Ancalao
("Yo al frío lo aprendí de niña
en guardapolvo"), a la recia
Graciela Huinao ("Abuelo/ hoy
sé/ nunca fuiste Williche/ tu
origen Chono o Kawascar/ no
subió al bote/ el día que
robaron tu tierra/ y tu raíz") a
la delicada y algo panteística
María Isabel Lara Millapán ("Me
refugiaré entre los árboles más
antiguos/ Y hablaré con la
neblina") a la dramática
Faumelisa Manquepillán Calfuleo
("¿Qué bandera me abraza o me
atrapa?/ Yo no tengo ninguna
entre mis manos") y hasta llegar
a la voz mistraliana, rigurosa
pero no por eso menos fuerte de
Maribel Mora Curriao
("Acércate,/ pero no profanes,/
ni una nota de susurro/ en mis
abismos has de tocar").
Esta antología, publicada en
España, sigue la ruta de una
anterior de Huenún y Cifuentes,
que publicó LOM en Santiago en
el 2003; la sigue y la expande,
poniendo de manifiesto la
existencia plena de una
tradición poderosa y que ya se
ganó un lugar en la historia de
la literatura chilena, aunque
por supuesto que en la historia
de la otra literatura chilena,
esa que todavía no se ha escrito
y simplemente porque todavía no
hemos construido un país chileno
que le haga collera. Huenún hace
un esfuerzo para esbozar en el
prólogo una síntesis del archivo
mapuche en este sentido y lo
mismo intenta Luis E. Cárcamo-Huechante
en el "postfacio". Son primeros
aprontes. Muchos más habrá que
añadir en el futuro.
Gentileza: Anahi Benegas Arias [
anahi_20002002@yahoo.es ]
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